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13 Reasons Why

Por el Cine/TV

13 Reasons WhyUna serie original de Netflix causó polémica por su tratamiento del suicido adolescente en una era de ballenas azules y escenas terribles transmitidas por Facebook Live. Para hablar de la primera temporada, pero también de eso que se habla poco, recibimos a Amarillo, del podcast The Histéricas.

13 Reasons Why

13 Reasons Why es el relato en primera persona de Hannah Baker, una adolescente blanca de clase media estereotípicamente promedio, que cuenta trece motivos que la llevan a tomar la fatal decisión de suicidarse. Podríamos reparar en sus diálogos medio pelo o en lo plagado de problemáticas de gente blanca de buen estatus social, o podríamos bien centrarnos en lo que la misma nos deja y en lo que nos deja lo que le deja a otros. Elijo esta última puerta.

Mientras la temporada de trece episodios recorre el mundo con gran éxito, afloran los adeptos y los críticos de la misma. Como siempre, nada nuevo. El mensaje central de la serie se basa en una frase de uno de los protagonistas de la tira, Clay, quien reflexiona sobre cómo podríamos salvar vidas si cambiásemos la forma de tratarnos y mirarnos los unos a los otros. Sin embargo, no es suficiente. Ni para los detractores, ni para mí, que siento ver mucho más que una simple declaración de guerra al bullying y al acoso en términos generales.

Muchos profesionales en el área de la salud mental han opinado que la serie es peligrosa para quienes puedan llegar a interpretar que el suicidio es la romántica y única vía para ser escuchados y una opción real para solucionar sus problemas. Entonces es que me pregunto: ¿existen formas más sutiles para poner sobre la mesa el tema de la salud mental de los adolescentes y el acoso que éstas? Yo al menos, no lo creo.

Lamentablemente, funcionamos a fuerza de impacto, y, afortunadamente, en este caso se trata de una ficción. Ficción para mayores de 16 años de edad, ficción que posiblemente represente a la gran mayoría de adolescentes en muchas de sus situaciones cotidianas. Que nos interpela una y otra vez. No solo por su contenido, sino por los conceptos que nos obliga a desempolvar.

¿Está mal que una adolescente relate el suicidio como la solución romántica a todos sus problemas? ¿No es acaso como todas las adolescentes vivimos la vida en general? El romance era el lamentable condimento de nuestros días, la intensidad con la que sentíamos, fomentada a su vez por las novelas y contenidos generales para gente de esa edad. Es algo que, como adultos, decidimos olvidar y es allí que acabamos con cualquier ilusión de poder vincularnos con ellos, abrir puertas, escucharlos, ayudarlos. Y cuando hablo de ayudar, me refiero a ayuda real de la que necesitan, no de la que podemos y queremos dar.

Lo peligroso no es que la serie adorne con flores la depresión juvenil: todo está adornado con flores a esa edad, desde nuestras tristezas hasta nuestras alegrías. Todo es intenso. Todo es romántico. Lo peligroso es que no despierte una alarma en quienes ya dejamos de estar ahí, que nuestra respuesta una vez más sea ocultarlo, ponerle la etiqueta de "amenaza" y volver a guardar la problemática en el baúl junto a los diarios íntimos de aquella época que hablan de las cosas que nos ahogaban en tristeza, y que atesoramos para algún día leer riendo a carcajadas de quienes ya dejamos de ser.

Esa pérdida de sensibilidad es la que nos priva de salvar a Hannah, pero no debería privarnos de hablar del tema. Centrarnos en si fomenta o no conductas, cuando los jóvenes se enfrentan a contenidos incluso más fuertes y reales sobre la temática, todo el día, todos los días, es hacerse trampa en el solitario. Lo peligroso es que no veamos que SÍ es romántico, que SÍ resulta tentador, que ES una opción. Y eso es a lo que le tenemos que temer. Que si ellos ya saben de esto, si ya lo consumen, si es parte de sus agendas, entonces no es algo peligroso para ellos; es peligroso para nosotros, que tenemos que asumir nuestra cuota de responsabilidad en todo este tabú.

El personaje de Clay no es sencillamente el chico bonachón que toda madre querría para su hija, es la personificación de la pasividad responsable. Que cuando elegimos no hacer, también somos un poco culpables.

13 Reasons Why pasará con más pena que gloria, posiblemente en unas semanas ya nadie hable de ella, ni de la problemática, ni de los responsables. Solamente nos recuerda que nuestro nombre estuvo o está en algún cassette de alguna persona, que si no se suicidó, pensó en ello varias veces antes de irse a dormir con la mirada puesta en la nada y una lágrima silenciosa cayendo desde la nariz a la almohada. Y la serie acabará siendo lo que hiciste con ella después.

Amarillo.

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