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Alien: Covenant

Por el Cine/TV

Alien: CovenantEl padre de la criatura se despacha con su segunda precuela, tan exigente para el público como la anterior, con grandes momentos de acción terrorífica, un villano de inteligencia inversamente proporcional a nuestros héroes, y altas cargas de midiclorianismo.

Alien: Covenant

Había una vez un bicho misterioso, que se metía adentro de una nave espacial y empezaba a matar a sus tripulantes, desde adentro y desde afuera. A diferencia de lo que ocurre en el Hollywood actual, esa película no fue pensada como una trilogía, ni como una saga, ni como un Alienverso. Su popularidad "engendró" secuelas de calidad variada, numerosos cómics y algunos videojuegos, hasta el día de hoy.

Unos años atrás, cuando la historia de los xenomorfos parecía estar en hibernación mientras sus productores viajaban de un planeta a otro, volvió el "padre de la criatura". O, al menos, el director de sus primeras correrías. Tranquilos, que nadie se acuerda quién era el guionista (Dan O'Bannon, por si a alguien le interesa el dato además de a mí).

Ridley Scott, el mencionado progenitor, regresó en 2012 para contar una historia anterior, acerca del primer encuentro de los humanos con una civilización extraterrestre, que resultaba ser la misma de aquel pobre piloto que se encontraban en la cinta original. Prometheus planteó preguntas sobre nuestro origen, nos hizo cuestionar el papel de los ingenieros (aquí te creo, aquí te mato) y nos demostró que la estupidez humana no tenía límites, incluso dentro de un destacado plantel de astronautas.

Un lustro más tarde, el talentoso señor Scott volvió con la secuela de la precuela. Una película que -al principio- parecía más independiente de lo que termina resultando, por lo que recomiendo que se hagan un ratito para ver Prometheus la antes de ir al cine a por Alien: Covenant. Véanla, no lean el resumen del plot de Wikipedia, porque van a terminar entendiendo menos que antes.

Alien: Covenant

Lo importante es que aquí la misión va de colonización, con miles de humanos durmiendo la mona en el depósito como si se tratara de los viajeros de Passengers. Aquí en lugar de un robot cantinero tenemos a un robot cuidador (Walter, un androide igualito al David de la anterior, de la mano del genial Michael Fassbender), que deberá despertar a la tripulación si la cosa se complica en el espacio exterior. Por supuesto que la cosa se complicará en el espacio exterior.

Así que nuestro grupo de humanos intercambiables y emparejados entre ellos (como para tener con quien compartir experiencias en el nuevo mundo) se verá enfrentado a una amenaza cada vez más parecida a la que le cagó la vida a Ellen Ripley y le salvó la carrera a Sigourney Weaver.

Si hay algo en lo que Ridley sigue siendo crá a sus 79 años es el manejo del suspenso y el terror. Sin restricciones de presupuesto, se las arregla para dejarnos al borde del asiento en más de una oportunidad, mientras los astronautas, que son tan estúpidos como los de la película anterior, meten la cabeza dentro de huevos gigantes como quien busca un premio el domingo de Pascua.

Habrá suficientes desgarramientos y muertes como para complacer a quienes van al cine a saciar su sed de sangre. Particularmente brillante es uno de los enfrentamientos en el pasto, que recuerda (salvando las distancias) al ataque de los velocirraptores en la segunda entrega de Jurassic Park.

Sin embargo (siempre hay un pero... o un sin embargo), cuando la historia se engancha con Prometheus es donde pierde parte de su efectividad. No porque conteste las preguntas planteadas cinco años atrás, sino por darnos respuestas a preguntas que no nos hacíamos y "licuar" el origen de los xenomorfos con demasiada ingerencia humana.

No es necesariamente un momento "midicloriano" (en referencia a cómo George Lucas nos explicó científicamente la Fuerza del universo de Star Wars). Pero hacer al hombre artífice de su propia destrucción es algo innecesario, ya que esa idea está detrás de la mayoría de las películas de la saga Alien. La malévola corporación terminaba arruinando las cosas por su codicia, permitiendo que los xenomorfos hicieran de las suyas dentro de naves espaciales mal iluminadas. No había necesidad de meternos en el mismísimo origen de la bestia.

De eso habrá bastante en la última parte de la película, con un malo malísimo, despiadado y calculador, que deja los planes secretos demasiado al alcance del resto pero que te hiela la sangre con sus discursos.

La acción siempre está presente y la atención del espectador se mantiene hasta el final, con una trama menos ambiciosa que Prometheus pero con el suficiente vuelo (¡y citas a los clásicos!) como para dejar tranquilos a algunos y enojar a otros. Eso sí, no esperen a una sucesora de Ripley porque el guion le da muy poquito para hacer a la pobre Katherine Waterston.

Más allá de los hermosos derramamientos de sangre, lo mejor y lo peor pasa por el villano. Lo mejor: su caracterización, fría y metódica, como el Ozymandias del cómic y con cita al poema de Shelley incluida (¡clásicos!). Lo peor: su mano dentro de la mitología que luego/antes nos traerá al octavo pasajero... y el final, que si no lo ves venir a 450 kilómetros de distancia y 10 minutos antes, es porque viste menos de cinco películas en tu vida.

Y aun así, tenés que verlo venir.

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