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American Gods T1E2 - ''The Secret of Spoons''

Por el Cine/TV

American Gods T1E2 - ''The Secret of Spoons''Las imágenes fuertes y las frases para enmarcar continúan estando a la orden del día. Claro que a veces la suma de individualidades no da como resultado un buen juego colectivo, y la serie sufre la falta de un guion que una en forma más apretada tantos momentazos.

American Gods T1E2 - ''The Secret of Spoons''

Si American Gods, la serie basada en el libro de Neil Gaiman y timoneada por el visionario Bryan Fuller, fuera un equipo de fútbol, actualmente estaría más cerca de ser uno de esos equipos que triunfan por sus individualidades, antes que por el juego de equipo que muestran en la cancha.

Tranquilos, que era la única metáfora deportiva. Lo que significa este comentario es que el segundo episodio, The Secret of Spoons, tuvo grandes momentos de los protagonistas, muy buenas apariciones especiales y una atmósfera atrapante. Sin embargo, por momentos falta la tensión de un guion que una todos esos elementos de manera más apretada.

Miremos el comienzo, por ejemplo. De nuevo tuvimos otra escena que muestra la llegada de los Viejos Dioses (y cada vez que lo digo pienso en Jack Kirby) al continente americano. En este caso se trata de Anansi, quien es convocado por un grupo de esclavos dentro de un barco holandés que se dirige al Nuevo Mundo.

Orlando Jones, una de esas "caras conocidas" para el público internacional, se manda un discurso durísimo sobre el presente y el futuro de esos negros encadenados en lo más recóndito de la embarcación. Con una música que recuerda a la primera Arma Mortal y un esclavo que (casualmente) recuerda a Danny Glover, somos testigos de una arenga al mejor estilo de Samuel L. Jackson en... cualquiera de sus películas, y para cuando dice "LET THE MOTHERFUCKER BURN" uno quiere prestarles combustible para que todo arda más rápido.

Esta escena, al igual que la de los vikingos la semana pasada, está virtualmente desconectada de la narrativa central, más allá de irnos introduciendo a este mundo más allá del nuestro. Podemos perdonarla, ya que se trata de un recurso que en su segunda presentación termina de instalarse como marca personal de la serie.

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Mientras esperamos más Orlando Jones, tendremos más Shadow Moon (Ricky Whittle) y Mr. Wednesday (Ian McShane). Si hay algo que levanta en este episodio, o al menos se consolida, es la relación entre estos dos. Whittle se muestra más efectivo en su papel de viudo reciente mientras revisa y empaca las pertenencias de su antiguo hogar. Y al menos en la forma en que utiliza las cajas y la cinta de embalar, es muy creíble su papel. Lo digo porque me mudé hace menos de un año y todavía recuerdo esa tarea. Ahora, no me creo ni en pedo que lo hizo en un solo día.

Shadow comete un error imperdonable para cualquier ser humano y es revisar el celular de su pareja, sin importar si en el momento se encuentra en el Más Acá o el Más Allá. Incluso si ignoramos la flagrante invasión de privacidad, uno siempre encontrará algo que va a molestarlo. En el caso del protagonista, será un bien iluminado y erecto pene. Bien American Gods por no temer a la presencia de un pene erecto en la televisión, mientras aparecen niños descuartizados, cerebros masacrados y políticos sonriendo.

Dejemos a los penes de lado y hablemos de la otra mitad de la pareja protagónica. Lo de McShane como tipo misterioso y "suave" (en su definición en inglés de "agradable") es casi hipnótico. El problema es que cada una de sus respuestas a Moon parece ser un discurso preparado para ser cortado y armado en un tráiler o "supercut". Ellos no tienen conversaciones; tienen preguntas seguidas de discursos. Que, por bonitos que sean, no permiten una correcta fluidez de la acción.

Si hubiera tenido ganas de poner pausa más seguido y anotar frases, llenaría párrafos enteros. Me quedo con una en la que dijo que en la magia se necesita personalidad y en mi mente solamente pude responder "personality goes a long way". Segunda mención a Samuel Ele en esta reseña.

El señor Miércoles tiene un plan y nos es muy difícil unir las piezas. Estas figuras sobrenaturales parecen dividirse en dos bandos y el enfrentamiento está a la vuelta de la esquina. Y el pobre de Shadow quedó en el medio, con una importancia que se demostró cuando otro de estos seres le llama la atención desde un televisor de supermercado.

¿Momento alto de la semana? Sin lugar a dudas. Gillian Anderson, quien bajo la batuta de Fuller fue la excitante doctora Bedelia Du Maurier (y si no vieron Hannibal sinceramente no sé qué mierda están esperando), se puso en la piel de Lucille Ball (la de Yo amo a Lucy) y trató de llevarse al morenazo para sus filas.

La temática gaimaniana de los dioses como creaciones humanas, alimentadas por la adoración, brilló en la frase "el tiempo y la atención son mejores que la sangre de cordero". La pantalla es uno de nuestros Nuevos Dioses, con un culto diario que suele superar las ocho horas.

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¿Momento bajo de la semana? Todavía no me convence (primera persona, título personal, todo eso) por qué Moon sigue con Wednesday, no solamente cuando rechazó una oferta más importante de Gillian Anderson (¡Gillian Anderson!) sino por las ganas que otro tendría de irse a la mierda. Es verdad que se trata de un ex convicto que no tiene nada a lo que regresar, pero la serie debería insistir más en este punto.

Lo más parecido que tuvimos fue un momento Morpheus, con Wednesday en el papel del veterano sabio que le da a su pupilo la opción de abrirse a un mundo que desconoce. "Me parece que tenés una opción... o el mundo está loco, o vos lo estás". Le ofreció las dos pastillitas y parece que Moon se tomó la del color de seguir adelante. No me hagan googlearlo.

Tuvimos una nueva aparición de la dizque Diosa de la Fertilidad, en un clip de varias personas cayendo en su insaciable cachucha. Puntos extra por una segunda escena de penes erectos, esta vez de cuerpo entero (la pobre víctima del episodio 1).

El resto del tiempo estuvo dedicado a las hermanas Zorya y Czernobog, interpretado por un Peter Stormare que, cuanto más ridículo su papel, mejor le sale. Ya fue el mismísimo Lucifer en Constantine, John Abruzzi en Prison Break, uno de los asesinos de Fargo, y hasta el Conde Vértigo en Arrow. Y créanme que tuve que dejar unas cuantas afuera. Acá es un tipo experto en matar vacas a martillazos, que se juega su presencia en la reunión de los Viejos Dioses a las damas, a cambio de la chance de darle un martillazo en la frente a Shadow Moon. Adivinen quién ganó la partida.

El cierre del episodio no fue tan "enganchante" como el primero, por dos sencillas razones. La primera es que, de nuevo, todo termina con el pobre Mooncito a punto de morir. Antes fue ahorcado y ahora será martillado.

La segunda es que la trama de las viejas rusas y la mar en coche fue la que me hizo desistir (temporalmente) de la lectura de American Gods hace algunos meses. Espero que la trama retome los mejores momentos del comienzo y, de paso, eso me impulse a retomar y terminar el libro cuando termine la temporada.

Sí, estaré aquí la semana que viene. Son ocho episodios y está Fuller detrás de todo esto. Se merece un mínimo de confianza.

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