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American Gods T1E3 - ''Head Full of Snow''

Por el Cine/TV

American Gods T1E3 - ''Head Full of Snow''Aquella canción de Ricky Martin que decía "Fuego de noche, nieve de día" podría describir al tercer episodio, que nos mostró el día nevado en el que Miércoles y Luna cometieron travesuras, y la noche fogosa en la que el genio de la lámpara también las cometió.

American Gods T1E3 - ''Head Full of Snow''

Con todos los grandes momentos (la cagada a flechazos, por ejemplo), los grandes parlamentos (casi todos de Mr. Wednesday) y la atmósfera típica del Bryan Fuller más antropófago, todavía me estaba faltando un tic en la temporada de American Gods: la emoción más lacrimal.

Gracias a Dios(es), de eso tuvo muchísimo el comienzo del tercer episodio, que sirvió de introducción para Anubis, el dios de la muerte del Antiguo Egipto. Luego de un comienzo que recordó a Six Feet Under, nos encontramos con una de las encarnaciones de la Parca llegando con mucha naturalidad a llevarse a alguien que la acaba de quedar.

Será que con los años uno es cada vez más consciente de su propia mortalidad. Será el gran papel de veterana inmigrante que muere sin que nadie pruebe su plato. Aunque sospecho que el ingrediente principal fue esa Muerte que tanto recordó a la que Neil Gaiman (autor de la novela que esta serie adapta) creó en el recomendabilísimo cómic The Sandman.

Con esa sensibilidad gaimaniana vimos a los dos personajes subir unas escaleras eternas, hacer la famosa comparación del corazón y la pluma en una balanza y finalmente elegir una puerta para la Eternidad. Ninguno de esos momentos superó al de la mujer triste porque nadie probaría lo que estaba cocinando. ¡Lloren, mierdas!

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La trama de Shadow Moon y su misterioso empleador levantó, en especial porque los rusos solamente aparecieron un rato, el suficiente como para presentarnos a la tercera hermana Zorya y que le bajara la luna, y para presenciar la revancha del partido de damas que había terminado con Moon ofreciendo su frentecita para el marronazo.

Las aventuras del morocho en el mundo de lo desconocido tuvieron sus altas y sus bajas. Por un lado, quedó más que claro su actitud "si me muero me chupa un huevo", que me recordó al villano Deadshot (del Escuadrón Suicida, sobre todo el del cómic de John Ostrander), aunque sigo pensando que esa "motivación" no estuvo tan bien construida por el guion.

El punto flaco de su caracterización pasa por estar enfrentándose a monedas mágicas, criaturas imposibles y ambientes paranormales, y seguir escéptico a todo lo que ocurre a su alrededor. Está claro que en parte está "haciéndose el boludo" ante lo imposible, en medio de esa apatía generalizada. Y estuvo linda la comparación de su creencia en el amor antes de haber conocido a su esposa. Pero se hace repetitivo eso de "¿fui yo el que hizo nevar?". Boludo, nevar es lo menos raro que hiciste en los últimos veinte días.

Vamos a lo importante, que es la guerra que se avecina. Si bien los Nuevos Dioses (perdón Kirby) no tuvieron mucho que hacer esta semana, los Viejos continuaron complotando y preparando una reunión. Que incluiría al Leprechaun, si es que logra recuperar su suerte.

Después de ser levantado en la ruta por un integrante de Kids in the Hall (y parte de los "Tres Chiflados" de Hannibal), sufrió un accidente digno de Final Destination y allí se dio cuenta de que la moneda de oro que le dio al señor Moon era justo la que controlaba su fortuna, como el primer centavo ganado por Rico McPato en los cómics y las Patoaventuras.

Lástima que esa moneda quedó en la tumba de la pobre señora Moon, si es que no quedó directamente dentro de su cráneo. Es imposible saberlo, ya que se la ve bastante entera para estar muerta.

Buena parte del episodio se la llevó una simpática (si es que podemos simpatizar con el delito) estratagema de don Miércoles para hacerse de unos cuantos billetes. Con la ayuda de carteles, tarjetas personales y un teléfono público, logró embaucar a las personas que intentaban hacer depósitos en un cajero automático. Todo en medio de esa nevada que su ayudante había iniciado con el solo hecho de pensar en ella.

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Miércoles estuvo más canchero y menos te-tiro-una-frase-matadora, y el episodio se vio beneficiado por eso. Además de que estafando a la gente se lo veía contentísimo. Igual hubo tiempo para algún discursete, en especial el de los diferentes "Jesuses" que llegaron a Estados Unidos, incluyendo el Jesús mexicano, que entró de ilegal por la frontera.

Hubo tiempo para una segunda introducción, ésta mucho más literal que la primera. Un pobre vendedor que esperó todo el día en una oficina a que lo atendieran (y no lo hicieron) se tomó un taxi para regresar a su habitación de hotel y descubrió que el chofer era un djinn, un ifrit. Un "genio de la lámpara", pero en su variedad menos celeste y sin la voz de Robin Williams.

Lejos de asustarse, tuvo una conexión con este ser mágico y poderoso, que terminó con una relación sexual bastante jugada para lo que suele verse en televisión cuando el intercambio carnal es entre dos hombres. Fuller y Michael Green, coguionista y co-showrunner, aprovechan que los tiempos han cambiado y nos muestran lo que hasta hace algunos años hubiera sido impensado (el primer beso entre dos hombres en el "primetime" fue en Dawson's Creek, en el cercano año 2000).

La escena tuvo pasión y tuvo un intercambio de energía vital, ya que ese fuego que al tachero le salía por los ojos terminó llenando a su pasajero, como si le pasara su genialidad. Al otro día, el genio ya no estaba allí y el hombre se puso los lentes negros y se subió al taxi a cumplir con su trabajo. Quedan preguntas por contestar, por supuesto, pero no seremos tan impacientes. Aunque tampoco tan apáticos como nuestro amigo Moon.

Esperando el siguiente episodio con bastante más interés que la semana pasada, me despido hasta la próxima.

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