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Batman v Superman: Dawn of Justice

Por el Cine/TV

Batman v Superman: Dawn of JusticeLos dos personajes más famosos de los cómics de superhéroes se encuentran por primera vez en la pantalla grande. La cita fue organizada por Zack Snyder así que saben que la cosa será oscura y seria. ¿Puede haber entretenimiento oscuro y serio? Vamos a averiguarlo.

Batman v Superman: Dawn of Justice

El Universo Cinematográfico de DC nació, casi sin saberlo, con Man of Steel (2013). El director Zack Snyder nos presentó una versión de Superman diferente a las que habíamos visto en la pantalla grande, trayendo unas muy necesitadas escenas de acción, sumadas a cierta "oscuridad" que asustó a quienes todavía tenían a Superman (1978) como versión definitiva del personaje.

La crítica estuvo dividida pero Warner decidió confiar en Snyder para una siguiente aventura fílmica del último hijo de Kriptón. Quizás, como se aventuraba en los últimos minutos de la primera, llegaría el Kal-El más alegre y experimentado. Hasta que Batman se metió en la ecuación y todo fue "Darkness! No Parents!".

Bienvenidos a Batman v Superman: Dawn of Justice, una película que no hará que un solo miembro del Club Odiemos a Snyder rompa su carné y llore en el cine, mientras que alguno que esté considerando el ingreso podría acelerar el trámite. También (claro que sí) están y estamos los que salimos satisfechos del cine, pese a no estar frente a un The Dark Knight.

Batman v Superman: Dawn of Justice

Sí, la cosa es oscura. Mucho más si llegan a tener puestos los lentes 3D. Pero si logramos aceptar que esta versión es tan sólo una de las decenas que Superman y Batman tuvieron desde 1938 y 1939, respectivamente, descubriremos una historia interesante y ambiciosa.

Por momentos la ambición le juega en contra: en lugar de la típica historia del origen del superhéroe o la del superhéroe consagrado que se enfrenta al villano, los guionistas Chris Terrio y David S. Goyer hacen malabares con un montón de bolas y por momentos alguna pega un rebotecito.

Pasaron dieciocho meses desde la batalla final entre Superman y Zod, que destruyó parte de Metropolis y costó centenares de vidas humanas. Desde entonces el "gran público" aprendió a querer al hombre de acero, aunque no disfrutaremos de eso, ya que la acción comienza cuando una sucesión de hechos debilitan la confianza puesta en Kal-El.

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Como si fuera poco, Bruce Wayne guardaba rencor por algunas muertes ocurridas durante la batalla de Metropolis, así que este nuevo movimiento en contra del superhéroe extraterrestre será la excusa perfecta para que Batman se encargue directamente del asunto.

Batman siempre tuvo una ventaja superlativa con respecto a Superman: ese personaje oscuro, sin poderes especiales y envuelto en historias detectivescas, siempre fue menos complicado de escribir. Es muy difícil equivocarse con Batman, a menos que le pongas tetillas al traje y le pongas enfrente a dos gorilas rosados (niños, esto ocurrió en 1997). Y acá no hay errores.

¿Utiliza algún arma de poder letal? Quizás. Mal que me pese, con los años me he acostumbrado a que el hombre murciélago del cine sea un pelín más violento que el de los cómics. Acordate del Batman de Tim Burton girando el batimóvil y PRENDIENDO FUEGO A UN TIPO CON EL ESCAPE DEL AUTO.

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Tan bien está Ben Affleck en el papel de Batman, que la película en ocasiones se olvida de lo que viene después de la "v" del título. E irónicamente disfrutaremos de los mejores momentos, con un Alfred interpretado por Jeremy Irons que emboca un jonrón atrás del otro.

Mientras del lado Gotham de la vida la oscuridad es perfecta para estos personajes depresivos, los momentos Metropolis podrían ser menos pathosos. Henry Cavill (Clark Kent) y Amy Adams (Lois Lane) lo dejan todo en la pantalla, pero es la historia la que no les da más que pena y dolor.

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En medio de los dos protagonistas y en medio de la trama está Lex Luthor, tan alejado de mi interpretación favorita de las historietas como lo estuvieron Gene Hackman y Kevin Spacey (un Frank Underwood pelado hubiera sido delicioso, pero solamente tuvimos a un Gene Hackman de cabotaje).

Luthor es un genio odioso que ejecuta un preciso juego de ballet, aunque por momentos la historia no nos permita disfrutar de qué tan preciso es. Se nota que Jesse Eisenberg disfruta cada parlamento, incluso cuando su personaje se queda sin palabras. No voy a convencer a nadie de que empiece a quererlo, o deje de odiarlo, pero realmente vale la pena disfrutar de cada una de sus escenas.

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Las dos horas y media no se pasan volando, pero uno siente que está presenciando una historia más densa que el común de las narrativas superheroicas en el cine. Con el correr de los minutos la cosa se va simplificando y las conversaciones dejan paso a la acción, incluyendo el tan esperado duelo entre el día y la noche, Dios y el hombre.

El duelo debería hacer las delicias de quienes tengan ganas de disfrutarlo, más allá de que una buena parte del mismo se haya adelantado en los tráileres. Esto no debería achacársele a la película y sí a la maquinaria de promoción de la misma: no hay grandes sorpresas ni grandes caídas de mandíbula.

Las sorpresas llegarán por el lado del Universo Expandido, es decir, aquellas escenas y personajes que prometen apariciones en el futuro de las películas de DC. Sí, el camino que tomó para la construcción de una "continuidad" cinematográfica es diferente, pero el éxito o el fracaso relativo debería ser tomado en función del éxito o el fracaso de cada una de sus piezas y no de si convenía presentar las piezas exactamente del mismo modo que lo hizo la competencia.

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Una de las piezas es Wonder Woman (Gal Gadot), quien se hace sentir en menor medida que sus compañeros y por algo no está nombrada en el título. En pocos minutos alcanzará para salvar el examen y dejarnos esperanzados a la espera de su película en solitario. Entre los tres repartirán la mayoría de los roscazos en las últimas escenas.

El resultado final es, de nuevo, una película de Snyder. Con momentos más confusos y con diálogos y encontronazos para el recuerdo. Oscura desde todo punto de vista, pero que da el puntapié inicial (o el segundo) para que se ponga en juego un partido bastante más grande. Mientras tanto habrá que verla de nuevo y sospecho que, como sucedió en Man of Steel, una segunda lectura la haga subir algún puntito en mi tarjeta.

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