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Beauty and the Beast (2017)

Por el Cine/TV

Beauty and the Beast (2017)En la moda de remeiquear sus clásicos con actores de carne y hueso, Disney nos trajo de nuevo la fábula ancestral que conquistara al público hace un cuarto de siglo. Sin embargo, la falta de revisiones la transforma en un producto anacrónico que en casi nada supera al original.

Beauty and the Beast (2017)

Corría el año 1991 y Disney venía de renacer de las cenizas (una vez más) gracias a La Sirenita. Mientras Aladdin y El Rey León se encontraban en producción, fue estrenada otra cinta de "princesas" que contaba la antigua historia de la muchacha que rompe el hechizo del hombre transformado en bestia.

La Bella y la Bestia recaudó más de 15 veces su presupuesto, ganó el Globo de Oro en la categoría Comedia/Musical y fue la primera película animada en estar nominada al premio más importante de los Óscar de la Academia. Nada mal.

Pasó un cuarto de siglo y la compañía de Mickey Mouse está envuelta en un afán remeiqueador, que funcionó con Los 101 Dálmatas y que en los últimos años nos trajo a Cenicienta y El Libro de la Selva (además de reversiones y secuelas como la de Alicia o Maléfica). La historia no parece detenerse, con proyectos para Mulan, La Sirenita, Aladdin y Dumbo, pero hoy nos concentraremos en la película que protagonizan Emma Watson y Dan Stevens.

Seguiremos las aventuras de Bella, una joven demasiado despierta para la tranquila vida provincial, que termina prisionera en un castillo poblado de objetos animados y comandado por una extraña Bestia que protege con celos una rosa que marca la cuenta regresiva hasta que el hechizo de fealdad se vuelva irreversible. Si les suena, es porque la trama es exactamente igual a la animada.

El principal problema de Beauty and the Beast es que no logra justificar su existencia (más allá de que los 350 millones de dólares que recaudó en el mundo el primer fin de semana demuestran que había gente con ganas de verla). Por supuesto que adiciones en la historia, pero son menores; parecería que el atractivo es ver cómo serían Bestia, Lumiere o Dindón con los nuevos efectos visuales.

Beauty and the Beast (2017)

Y la verdad es que no colman las expectativas, dicho esto (y todo lo demás también) a título personal. La dirección de arte de la película de Bill Condon no me gustó desde que difundieron las primeras imágenes. Sus nobles de carne y hueso son demasiado recargados y oscuros, mientras que el mobiliario viviente palidece en comparación de los hermosos diseños de 1991. Pude entender cómo se sienten muchos con las películas de Zack Snyder, aunque obviamente no comparta el sentimiento.

Casi todos los elementos de la película actual pierden por goleada con su antecesora, algo que no sucedía con The Jungle Book, que sorprendía en lo visual y le daba una profundidad a la historia (quizás porque la animación de 1967 tenía un guion menos elaborado). Hay intentos por introducir una subtrama materna y agregar detallecitos, pero el tronco del guion es igual.

Esto plantea otro problema: en una era en la que Disney ha evolucionado en sus películas de princesas, incorporando una cuota mayor de humor (Tangled), una moral modernizada (Frozen) y hasta desapareciendo al interés romántico (Moana), aquí queda en evidencia que su "tale as old as time" tiene mucho de old.

No importa qué tan avanzada se muestre la muchacha que interpreta Watson. Su personaje no logra tener la profundidad de las nuevas princesas desde Tiana (La Princesa y el Sapo, 2009), sin mencionar el conversadísimo tema del Síndrome de Estocolmo de la dama que termina desarrollando sentimientos por su captor. El tema está presente, aunque sin la peligrosidad de Passengers.

En el aspecto musical la nueva empata, ya que las canciones son las mismas (salvo una balada nueva) y en los temas grupales Condon hace buen uso de las coreografías masivas. Y Luke Evans es tan perfecto en su papel de Gastón, que uno desearía muchas más canciones para él.

Beauty and the Beast (2017)

Sin embargo, cuando llega el momento emotivo del baile y la canción principal de la película, las comparaciones se vuelven odiosas. Aquel baile animado del siglo pasado, que incorporaba elementos digitales, es mucho mejor que la nueva versión, a la que parece faltarle un poco de sopa.

Y si mencioné al antagonista principal debo nombrar a LeFou, su fiel y enamorado ayudante, interpretado de manera inmejorable por Josh Gad. LeFou es el responsable de varios momentos de comicidad en los que, vale la pena decirlo, la nueva parece derrotar a la otra.

¿Fue entretenida? Sí, y la verdad es que las dos horas se pasaron a buen ritmo. Claro que la sensación al irme del cine fue "tengo ganas de ver de nuevo la original" y no de "tengo ganas de ver ésta de nuevo". ¿Cuál? Ésta. No sean infantiles.

Formen su propia opinión y, si pueden, véanla en su idioma original. El único problema es que las canciones no están traducidas sino que los subtítulos riman en español, así que vuestros cerebritos estarán confundidos pensando por qué lo escrito no coincide con lo cantado. Están advertidas, mis bellas bestias.

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