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Bendígame, padre, porque he mordido

Por el Cine/TV

Bendígame, padre, porque he mordido‘Priest’ debería haberme causado paroxismos de disfrute con sus monjes karatecas, vampiros monstruosos, western post-apocalíptico y futurismo distópico. La combinación funciona en parte, pero deja un simple “me entretuvo” al finalizar. A continuación, analizamos (o estacamos) la película.

Bendígame, padre, porque he mordidoPaul Bettany me cae simpático. El inglés tiene un carisma innegable y ayuda en mi cariño el hecho de que últimamente se decanta por papeles de “género” (su película anterior, “Legion”, en la que hacía de ángel renegado, no me pareció ni la mitad de lo abominable de lo que se la acusó ser; del montón, sip, abominable, nop). En “Priest”, película recientemente estrenada en nuestras tierras, Bettany encarna a un Sacerdote, la última línea de defensa de una humanidad enfrentada a una raza de vampiros bestiales, luego de un conflicto que transformó a la Tierra en un precioso páramo desierto donde abundan las ciudades-fortaleza y los pueblitos al estilo Viejo Oeste. La película entretiene, sin mucho lucimiento de guión o actuaciones, con un producto final que parece absolutamente concebido como inicio de una saga y que deja la idea de “promedio” estacada en el recuerdo.

Vayamos por partes: la película está basada (parece que con libertades varias, aunque no estoy familiarizado con el original) en un manhwa coreano de Hyung Min-woo. La premisa central en la que se basa la película remite a unas cuantas décadas (¿siglos?) en el futuro, en un planeta Tierra devastado por el conflicto milenario entre humanos y vampiros. Vale hacer la aclaración que los vampiros de Priest no son los rumanos amantes de la seda y los acentos forzados a los que estamos acostumbrados, sino un tipo de bestia pesadillesca que parece mucho más haber salido de uno de los “Resident Evil” que de un cuento de Bram Stoker.

Bendígame, padre, porque he mordidoA punto de ser erradicada del planeta, la humanidad encontró en los Sacerdotes, una rama militante de la Iglesia católica diseñada para despachar a los chupasangre con movimientos de kung-fu y crucifijos-shuriken, su último bastión de defensa. De hecho, como muestran las escenas iniciales de Priest, los Sacerdotes dieron vuelta la guerra, vencieron a los vampiros y se encargaron, a pedido del Clero, de que los mismos fuesen encerrados en “reservas” para asegurar su control. Por cierto, nadie explica convincentemente por qué los Altos Mandos de la Iglesia (los Monseñores) decidieron encerrar a las bestias y no… ehem… sacrificarlas. Acusen mi línea de pensamiento de “barbárica”, si gustan, pero no entiendo cuál es la idea de encerrar a los chobis en prisiones, cuando no hay ristra de ajo que aleje a los monstruitos cuando deciden transformarte en su desayuno.

El conflicto tuvo dos consecuencias palpables: la tierra perdió toda fertilidad (vaya a saber uno cómo) y la humanidad prefirió encerrarse, de ahí en más, en ciudades al estilo arcología, con la mirada benevolente (not) y obsesiva de la Iglesia. Los Sacerdotes, una vez controlada la amenaza, fueron “liberados de sus deberes” (léase “rajen de acá, mugrientos, que ahora no hay trabajo para ustedes”). Los otros focos de civilización remanentes son pueblitos perdidos en medio de los páramos, donde los seres humanos, seguramente después de ver mucho Firefly y/o Bonanza, decideron retomar la vida campirana del Viejo Oeste.

Bendígame, padre, porque he mordidoEn este contexto es que conocemos al Sacerdote, Paul Bettanny, en su recorrida sin rumbo por las calles de una ciudad bladerunneriana con un crucifijo en la mano y un despropósito absoluto en el corazón. Cuando su sobrina , que vive en las afueras de la ciudad en una especie de “familia Ingalls” post apocalíptica, es raptada por los mismos vampiros que supuestamente están dentro de las reservas, el Sacerdote decide romper sus votos, darle la espalda a la Iglesia (que acusa de “alarmista” a todo el que le venga con cuentos de vampiros sueltos chupando sangre a diestra y siniestra) y buscarla para salvarla, con la ayuda de un absolutamente inútil y gratuito sheriff enamorado de la muchachita en cuestión.

“Priest” se ve bien, sin duda, con una estética inspirada en una mezcla de estilos que es la mayor fortaleza de la película. Las ciudades y sus masas moviéndose bajo el ojo amenazante de la Iglesia, los pueblitos al estilo western, los vampiros y sus locaciones monstruosas y reminiscentes de construcciones de insectos… todo esto funciona y seduce con holgura al ojo. Las actuaciones no son malas, aunque sí promedio, con un Bettany convenientemente circunspecto para el papel, un Karl Urban un poquito sobreactuado en su rol de malo-malísimo de la película y una Maggie “Nikita-en-la-CW” Q bastante interesante en su papel de Sacerdote entre dos mundos.

Bendígame, padre, porque he mordidoLas escenas de acción están bien logradas y son bastante vistosas, con varias luchas de kung-fu entre Sacerdotes y Mosquitos Superalimentados. Sin embargo, la película genera una extraña desconexión con el espectador (por lo menos, conmigo). El apartado estético no alcanza, ya que el guión en realidad no muestra demasiado refinamiento en una historia bastante plagada de clichés que se ven venir como una ciudad-fortaleza a la distancia. No estamos hablando de un guión malo, simplemente de un argumento previsible y demasiado cargado de lugares comunes. Las ideas interesantes de la película (las cabinas de confesión, la reticencia de la Iglesia a alterar el status quo, la “sociedad” de los vampiros y sus familiares, etc.) no son desarrolladas con el tiempo o interés suficiente para que queden algo más que pantallazos de una historia que podría ser mucho más interesante.

Un aspecto que juega en contra de la película es su duración: francamente, a una propuesta por debajo de la hora y media de duración le va a costar ahondar demasiado en sus tramas y subtramas, sobre todo si está obsesionada con meter montones de escenarios deslumbrantes en tan poco tiempo.

“Priest” es recomendable como pasatiempo pasajero, nada más. Si bien es una película de acción y no busca ser otra cosa, queda la frustración de saber que con un poco más de atención a elementos que terminan siendo anecdóticos, la propuesta final hubiese sido mucho más sólida. “Priest” entretiene y resulta agradable de ver a nivel estético, poco más, poco menos.

Bendígame, padre, porque he mordido

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