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Better Call Saul T3E1 - ''Mabel''

Por el Cine/TV

Better Call Saul T3E1 - ''Mabel''Las expectativas eran altas luego de dos temporadas de oro puro, al menos en lo que a series de televisión se refiere. Quizás fue eso, quizás fue que algún vicio de Breaking Bad se coló en su precuela, pero al menos este segmento de la historia de Jimmy no pareció tan maravilloso como otros.

Better Call Saul T3E1 - ''Mabel''

Estamos en una era en la que incluso solamente dentro de Netflix hay suficiente material como para llenar nuestras horas destinadas al consumo televisivo, sin tener que conformarnos con series o películas de calidad cuestionable.

Lejos de alegrarnos, esto crea un problema gravísimo. Cada vez nos perdemos de más cosas. El tiempo del día no alcanza y uno debe aferrarse a la máxima moderna de SOLTAR y no generar ansiedad al ver cómo le pasan por al lado temporadas enteras de series que vienen bien recomendadas.

Sin embargo, incluso dentro de ese universo inabarcable, hay títulos ineludibles. Para este consumidor uno de ellos es Better Call Saul, la precuela de Breaking Bad, una serie que no entra en mi Top Five, ni Ten, ni Twenty ni Fifty. ¿Por qué interesarme en una serie protagonizada por dos personajes secundarios? Quizás porque Saul y Mike eran los únicos personajes cuyo destino me interesaba.

Con el correr de los episodios de esta nueva/vieja historia me fui enganchando, en especial con el ritmo en que estaba contada. Aprendí a querer todavía más al chanta de Jimmy McGill/Saul Goodman, su relación increíblemente realista con Kim, su relación increíblemente compleja con su hermano Chuck, además del metódico Mike, ambos metidos en las arenas movedizas de la trampa y el delito. Y saber lo que le ocurrirá tanto a Mike y a Jimmy lo hace aun más trágico.

La segunda temporada nos había dejado con un par de interrogantes. Los McGill habían tenido una charla en la que el resbaloso hermano menor cometió sincericidio para no arruinar la carrera del otro, sin saber que tender una trampa es algo que corre en las venas de la familia. El viejo ex policía, mientras tanto, quiso deshacerse de un problema a punta de rifle con mira telescópica y se encontró con una misteriosa carta. Casi un año después, comenzamos a conocer las respuestas.

Y... no quiero mentirles. El primer episodio me dejó gusto a poco. Quizás porque en lugar de ser un 301 fue un 211, una continuación perfecta de la segunda temporada, sin otra excusa para el corte que las ganas de presentar la historia en cómodos segmentos de diez episodios cada uno.

El comienzo fue prometedor. Como ocurrió en las dos premieres anteriores, disfrutamos de unos minutos de Jimmy/Saul/Gene en la actualidad, luego de los sucesos derivados de la enfermedad de Walter White. Preciosamente filmada (como de costumbre) y en el blanco y negro del presente, lo vimos en un día de trabajo y en corto pero contundente arranque de rebeldía en contra del sistema que le recordó que muy dentro sigue siendo un abogado con escrúpulos flexibles.

Volvamos al final de la temporada anterior, más un minuto (técnicamente hay una superposición temporal). Bob Odenkirk dejó que sus compañeros se lucieran esta semana. Más allá de un momento de bonding fraterno, los mejores momentos los tuvo Michael McKean como el veterano que, luego de engañar a su hermano, engañó al pobre de Ernesto para que vaya con el chisme, sabiendo que la grabación del sincericidio serviría de poco en una corte de justicia.

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Rhea Seehorn estuvo impecable como siempre en el papel de la abogada paciente, que continúa forjando su carrera al lado de alguien a quien ama, que al mismo tiempo es un facilitador y un obstáculo. Apenas si nuestro protagonista pudo lucirse en una discusión que también se arrastraba del año pasado sobre aquella grabación del comercial patriota.

¿Las piezas se movieron? Sí. Pero ninguna cambió de dirección.

Del lado de Mike la cosa no fue mucho mejor. Existe una máxima para toda clase de narrativa que involucra lo visual, que dice "show, don't tell". No me lo digas, mostrámelo. No hagas que un personaje cuente su drama, filmá una escena en la que se note lo que le está ocurriendo. Sin embargo, el director y guionista Vince Gilligan (quien en Breaking Bad fue encontrado varias veces culpable de talentear, al menos por mí) parece haber dado vuelta la maquinita.

Será que venía mal dormido, pero algunos "shows" del señor Ehrmantraut no me resultaron tan evidentes. Como la manía por revisar su automóvil y desarmarlo, cuyo objetivo era encontrar un rastreador. Y me resultó un poquito forzada la "epifanía" de darse cuenta de que estaba en la tapa del combustible.

El resto de la subtrama también se podría haber beneficiado de algún "tell". Incluso en el ritmo pausado de la serie, el cuidadoso plan de Mike se llevó demasiados minutos mostrando cómo escribía números de serie, cómo se encontraba con su dealer de artefactos, cómo agotaba las pilas del rastreador (en lugar de sacárselas, por alguna extraña razón) y cómo calculaba que quien le está siguiendo los pasos reemplazaría el artefacto en lugar de ponerle pilas nuevas en la tranquilidad de la noche.

Entre el exceso de continuismo y las trazas de BB en mi BCS, quedé un pelín insatisfecho. De todos modos, la semana que viene estaré prendido al televisor.

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