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Better Call Saul T3E5 - ''Chicanery''

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Better Call Saul T3E5 - ''Chicanery''Lo de Bob Odenkirk en el papel del abogado chanta de buen corazón es brillante y así se lo ha señalado en este espacio. Sin embargo, esta semana la historia (y los elogios) fueron para Michael McKean, en el papel del hermano relegado, recto y un poquito envidioso. Better Call Chuck.

Better Call Saul T3E5 - ''Chicanery''

¿Se acuerdan del "bingo" con el que cerraba el episodio anterior? Esa expresión que preveía un maléfico plan, una Máquina de Rube Goldberg cuyo último movimiento haría caer a Chuck McGill y salvar la reputación de nuestro Jimmy... ¿se acuerdan?

Bueno, el quinto episodio de la tercera temporada resolvió el misterio de las fotos y nos mostró la estrategia de Jimmy y Kim para zafar de la justicia. Lo malo es que como plan fue bastante choto, al menos para cómo se construyó todo el asunto. Lo buena es que presenciamos el show de Chuck.

El episodio fue suyo de punta a punta, ya que comenzó con un flashback a algún momento antes de que comenzara la serie. Allí lo vimos protagonizar un engaño. Elaborar una mentira gigante para reconquistar a su ex esposa Rebecca, a quien hemos visto en cuentagotas y (hasta ahora) siempre en el pasado de este pasado que es Better Call Saul.

La historia nos dio a entender de manera muy natural (gran uso del "show, don't tell"... o "tell, pero dejame reason un poquito a me") que la sensibilidad de Chuck al electromagnetismo se desarrolló luego de la separación y seguramente a raíz de ella. Avergonzado, el mayor de los McGill mintió un corte de luz para justificar una cena a la luz de las velas, que de paso le puso algo de romanticismo al asunto.

Con Jimmy de gancho y haciendo mutis por el foro en el momento justo, todo estaba dado para que el abogado y la violinista se dieran una segunda oportunidad. Hasta que un teléfono celular arruinó no solamente el clima sino la salud mental del dueño de casa. No pasaría una hora más de televisión hasta que semejante aparato volviera a cagarle la fruta, pero no me quiero adelantar.

Lo importante es que ni siquiera en ese momento dejó que Jimmy le dijera la verdad a esa pobre mujer, que no sabía si estaba presenciando una rabieta o un ACV.

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De regreso al presente, o al "menos pasado", tuvimos las últimas pieza del rompecabezas que resultaría ser más sencillito de lo que esperábamos. El veterinario del mal le consiguió a Jimmy un profesional del robo, que no necesariamente pudiera colarse en espacios pequeños. De esa forma recibimos a Huell (tuve que googlear su nombre), a quien recordaba de Breaking Bad por la rarísima forma de su cabeza.

Por segunda semana consecutiva tuvimos un elemento fresco que levantó el nivel de la trama y fue el capo de Howard, quien acompañó a su socio y le recordó que todo este quilombo empezó por tener los papeles de Mesa Verde en su domicilio de cavernícola. Después de un chequeo a la sala en donde se realizaría la audiencia, era solamente cuestión de esperar a que comenzara.

Y el primer testigo fue el rubio de oro. Gracias, Vince Gilligan. Impecablemente vestido y certero en sus afirmaciones, respondió las interrogantes de Kim y recordó que fue Chuck quien no dejó que su hermanito trabajara como abogado en el bufete que integraban. Como para estrujarnos un poquito el alma.

Ahora sí, prepárense porque viene el McGill grande a encargarse de que su hermano no vuelva a trabajar como abogado nunca más. Ahí está, ensayando sus respuestas. Yendo en automóvil hacia el juzgado. Subiendo las escaleras. Chocándose sospechosamente con un señor negro muy grandote.

De todos los secretos del programa, este fue el más tonto. No cabían dudas de que se trataba de un carterista, que pudo sustraerle algo a Chuck... o por el contrario, dejar algo que lo incriminara. Sin falsas modestias: desde un primer momento pensé que le había colocado un celular al alérgico, con lo cual parafrasearé a Homero Simpson mientras le tomaba la prueba de ciudadanía a Apu y me diré: crédito parcial.

Chuck fue interrogado por su propio hermano, y con serenidad repasó todo lo ocurrido con aquellas famosos papeles, el chico de la fotocopiadora y la trampa del grabador, urdida para que se hiciera justicia y el resbaloso no volviera a trabajar para ella. Para la justicia.

En ese momento llegó Rebecca, atraída hasta la ciudad por aquellas fotos que sacó Mike (¿se acuerdan de Mike? Quizás estuvo siendo un McGyver del misterio tan misterioso, que las cámaras no lo encontraron). Las fotografías también fueron presentadas como evidencia de que Chucky está un poco majareta... y la verdad es que el guion no logró darles una importancia tan fuerte como la que aparentaban cuando Kim armó el plan de mandar al viejo Ehrmantraut como "manitas".

Las preguntas siguieron por el lado del "problema físico" del McGill grande, que sufría una humillación por partida doble, ya que su ex se estaba enterando en ese momento de dicha condición. Sin embargo, sabía que con su testimonio más la cinta que habían escuchado los deliberantes, sería cuestión de tiempo hasta que le retiraran la licencia de conducir juicios al McGill chico.

Jimmy sugirió que lo de su hermano era psicológico, que se manifestó luego del divorcio, y el otro contraatacó diciendo que la medicina suele correr de atrás a las nuevas enfermedades. Así que el resbaladizo fue más picante y le pidió que describiera esas sensaciones extrañas y hasta que identificara la fuente de dolor más cercana en la habitación.

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En este punto cabe recordar que, al menos para mí, el misterio de cómo zafaría Jimmy ya no era tal (un celular en el saco) y el asuntillo de las fotos me había defraudado. ¿Cómo mantuvieron mi atención? Pues gracias al brillante Michael McKean, quien repartía un abanico de sensaciones, hasta ahora todas relacionadas con la confianza y el autocontrol.

Luego de la primera chicana (o chicanery) de Jimmy, que fue hacerle creer que su celular tenía la batería puesta, el abogaducho lo llevó derechito hasta la trampa y reveló que Huell le había colocado la batería faltante del teléfono en el bolsillito interior de su saco, derrumbando sus teorías acerca del maldito, maldito electromagnetismo.

Y Michael, en su papel de Chuck, hizo una nueva repartija de sensaciones, esta vez relacionadas con el descontrol, la ira y la locura. Precisamente lo que su hermano necesitaba para evitar la condena. Un detalle interesante es ver cómo la cámara se acerca y se aleja de su cara en medio de sus delirios, que (nosotros lo sabemos) no son tan delirantes. Nada de lo dicho era un invento, claro que también sabemos quién es el protagonista de la serie y de qué lado hay que estar.

No hay un McGill bueno y uno malo. Hay un hijo pródigo que regresa y vuelve a pecar una y otra vez, y que supo cuidar del otro incluso con el convencimiento de que su padecer era falso. Y hay un hermano que se dice recto, pero que envidia la facilidad del otro, no solamente para reinventarse, sino para encarar la vida sin esas presiones que terminan afectando en forma de falsos padecimientos.

Uno asume que está todo el pescado vendido. El del caso y el de la relación fraterna, que ya venía desintegrándose. Si el sexto episodio también navega por el mar de las obviedades, esperemos que las actuaciones sean el sello de distinción de una serie cuya tercera temporada sufre en comparación consigo misma, pero que le pasa el trapo a casi todo lo que puede verse en la actualidad.

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