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Bloodline

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BloodlineEn todas las familias hay un integrante al que miran raro en las reuniones. Pero basta de hablar de mí. "Bloodline" cuenta la historia del hijo pródigo de los Rayburn en su enésimo regreso. La serie gira en torno a Danny, y Danny merece ganarse todos los premios de actuación en TV.

Bloodline

Después de devorar (dos veces) la fantabulosa Unbreakable Kimmy Schmidt, me acostumbré a querer ver alguna serie de Netflix a la hora de comer. Es así como nos consquistan, ¡malditos! Modificando nuestras conductas.

La aparición de una nueva "serie original" del servicio de streaming me llamó la atención y ver el primer episodio solamente me costó un clic. Y la mensualidad, claro, pero no la pagué justo en ese preciso momento.

Si Bloodline es un éxito (para mí lo es), se debe a dos factores: el primero es el equipo de guionistas y el segundo es el encargado de hacer el casting. Y no en ese orden.

La historia de la familia Rayburn se apoya en las actuaciones delcarajenses de todos los miembros del elenco principal, incluyendo a los veteranos Sam Shepard y Sissy Spacek, las caras conocidas de Kyle Chandler y Linda Cardellini, y Norbert Leo Butz, un gusto, encantado.

Sin embargo, quien saca la pelota del parque es Ben Mendelsohn, quien nos deja una actuación digna de todos los galardones. Por suerte, ya que la serie gira (a una velocidad lenta pero segura) en torno a su personaje.

Los Rayburn viven en los Cayos de la Florida y tienen un coqueto resort en donde las parejitas o las familias van a bucear y pasar un buen rato escuchando al viejo Robert tocar el ukulele. Todo parece funcionar a la perfección, con tres hijos y sus parejas disfrutando de la vida en ese paradisíaco lugar. Hasta la llegada de Danny, la oveja negra de la familia.

Danny (Mendelsohn, por si todavía no unieron los puntos) es el hermano impredecible, tanto que en el primer episodio se va y viene de ese lugar tantas veces que es posible perder la cuenta. En presencia o en ausencia, su nombre es el catalizador de los defectos de cada uno de los integrantes de la familia, además de ser el protagonista de una historia secreta.

Pese a que al comienzo haya un pequeñísimo parecido con Lost (John Rayburn es nuestro Jack, corriendo entre la alta vegetación), lo importante de Bloodline no es el misterio. Existe y será revelado con mucha calidad a lo largo de las entregas, pero se trata simplemente de un enorme recordatorio de aquella frase de abuela de "en todos lados se cuecen habas", que por tratarse de una serie televisiva, serán habas un poquito más dramáticas que las tuyas o las mías (y hasta por ahí).

Incluso, si me pongo exquisito, el secreto va teniendo cada vez más "partes móviles" y termina siendo la casualidad más grande de una ficción bien anclada en nuestro mundo real.

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Volvamos a Danny, porque siempre hay que volver a Danny. Su personaje es el hallazgo más grande de la serie, mostrando cada vez más imperfecciones al tiempo que conquista una y otra vez a quienes lo rodean y al espectador.

Danny siempre se metió en problemas y protagonizó la Parábola del Hijo Pródigo demasiadas veces. ¿Cuántas oportunidades debe dársele a un ser querido que sigue cometiendo errores? Es una de las preguntas de Bloodline, aunque la respuesta deberá encontrarla cada uno del otro lado del monitor o Smart TV.

Hay dos elementos que me gustaría mencionar, porque rondan la serie en todo momento y uno debería prestarles especial atención. El primero son los silencios, que suelen decir mucho más que la mayoría de los diálogos. Esto solamente sucede cuando los actores están a la altura de las circunstancias, pero es que aquí no hay uno que no desaparezca por completo en su rol, sea más extenso o más limitado.

El segundo es el alcohol. Pese a que nunca se discute el tema, salvo algún exceso muy puntual, el alcohol está siempre presente en la familia Rayburn, incluso como elemento de máxima unión. Está claro que Danny sabe del consumo problemático de más de una sustancia, por eso suena raro que su familia lo reciba de botellas abiertas, sin importar lo felices (o fingidamente felices) que estén al verlo. Sin embargo, seguirá estando siempre ahí, el líquido elemento. Y lo dejo por acá porque van a creer que soy prohibicionista.

Los trece episodios, que tendrán segunda temporada aunque son bastante autoconclusivos, pusieron bien en el centro de mi radar a Ben Mendelsohn, quien fue John Daggett en The Dark Knight Rises y se rumorea que estará en el primer spin-off de Star Wars. Después de Bloodline dejará de ser un actor más (ni siquiera lo recordaba de la trilogía de Batman) para pasar a ser alguien reconocible al instante.

Si disfrutan de los dramas familiares, es un ejemplo perfecto. Si les pareció que Cabo de Miedo era demasiado corta o se encariñaron con el malo, no saben lo que les espera.

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