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Bojack Horseman, tercera temporada

Por el Cine/TV

Bojack Horseman, tercera temporadaUna de las mejores series de los últimos años está de regreso, para continuar su crudo análisis de la depresión y el vacío existencial, al tiempo que nos hace reír con humor físico y juegos de palabras con animales. Bojack es un reflejo de la vida y nosotros, a veces, somos un reflejo de él.

Bojack Horseman, tercera temporada

Lo difícil de escribir una reseña sobre Bojack Horseman es ese momento entre párrafos, cuando el cursor queda titilando sobre la hoja del Word y uno ve su rostro en el vidrio del monitor. Y entiende que no está tan lejos del miserable protagonista de una de las mejores series de esta década.

Bojack (Will Arnett) es un artista mediocre que la pegó en el pasado y desde entonces arrastra un vacío existencial, no solamente por no haber repetido el éxito sino porque en el fondo tiene clarísimo que ni siquiera aquellos momentos valieron la pena.

Desde entonces se ha dedicado a arruinarse la vida y boicotear cualquier posibilidad de felicidad. Hasta ahí, vaya y pase. El problema es que este caballo en un mundo que combina de manera hilarante a los humanos y a los animales antropomorfos tiene la capacidad de contaminar a todos aquellos que acuden en sus inútiles pedidos de ayuda.

Bojack Horseman, tercera temporada

Si en los superfluos años '90 Jerry Seinfeld nos traía una sitcom en la que sus personajes "no se abrazan y no aprenden", Raphael Bob-Waksberg nos abofetea con historias en las que el actor equino aprende y entiende perfectamente lo que debe hacer para salir del pozo, e inmediatamente después continúa cavando en dirección al centro de la Tierra.

Esta tercera temporada no es la excepción, y la forma en que está construida la serie desde su primer minuto conspira para que los golpes se sientan cada vez más fuerte. El "elenco" viene creciendo en tridimensionalidad desde que desembarcó en Netflix en 2014, así que cada momento de incertidumbre de Princess Carolyn duele un poquito más. Hasta seríamos capaces de descubrir cuál es su verdadero trabajo soñado, si estamos atentos. Y, ¿saben qué? No lo obtiene. Al menos en esta temporada.

De nuevo hay humor, no solamente en los juegos de palabras y las referencias animales, sino en varios gags de humor físico que perfectamente podrían haber estado en un buen corto de los Looney Tunes. O un episodio entero en donde los problemas de comunicación de Bojack son tan evidentes, que carece casi por completo de diálogo. Son lujos que un equipo que anda tan bien se puede (y riesgos que un equipo que anda tan bien se debe) dar.

Bojack Horseman, tercera temporada

Este año la narración gira alrededor del esfuerzo de nuestro protagonista por ganar un premio de la Academia, luego de haber conseguido el papel de su vida en la película Secretariat. Mientras se suceden las entregas de premios y la demagogia por estar nominado, flota la pregunta más importante de todas. Después de ganar un Óscar, ¿qué? ¿Se llenará mágicamente el vacío interior? La respuesta no será contestada de la forma que uno esperaría y el resultado, como de costumbre, lo dejará a uno con el alma estrujada.

Al terminar de ver la temporada, que está hecha para el atracón, uno seguramente se sienta vapuleado, pero hay que rescatar lo positivo de este hecho: quizás el vernos reflejados en ese espejo podamos aprender la lección, modificar alguna conducta y ser un poquito menos tóxicos.

Un espejo que dice "Vos sos Secretariat".

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