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Chronicle (2011) ("Poder sin límites")

Por el Cine/TV

Chronicle (2011) (Poder sin límites)El género del "documental falso" deja a las niñas perturbadoras y brujas legendarias para adentrarse ahora en el relato de "origen" de poderes de tres muchachitos seminormales. Te contamos por qué es una candidata a película “revelación” del año (aunque no te quejes si te flota el teclado).

Chronicle (2011) (Poder sin límites)Lo confesé más de una vez abiertamente: no tengo superpoderes. No importa cuánto me exponga a picaduras de araña, que por lo general me dan comezón y nada más, o un sarpullido infeccioso. No interesa cuántos químicos ingiera (¿las bebidas alcohólicas cuentan para un “origen científico”, Stan? ¡Excelsior!), cuánto intente convencer al muchacho de la cédula que mi país de origen es Wakanda o Kandor, cuántas veces le pida a algún adulto mayor, “verticalmente desafiado” y azul por el frío del invierno polar uruguayo, que me de un anillo que lance luz verde sólida (por lo general esta escena termina en una comisaría, declarando que no estoy gagá y sacándome fotos como si de farándula argentina me tratase); el resultado es siempre el mismo: no tengo superpoderes.

Cuestión que me parte el alma, confieso con dolor.

Quizás lo más cerca de sentirme “super” que estuve en mi vida, ahora que lo recuerdo, fue en mi danza persuasiva de todos los lunes, hace un par de años atrás. Me explico: como sabrán, en Uruguay es prácticamente inconcebible que no te guste el fútbol. Si te aqueja este mal, seguro que te van a hacer sentir como si tu cédula dijese “Lugar de Nacimiento: Marte”. Unos años atrás, el portero del edificio en el que trabajaba, incapaz de procesar el hecho de que no me interesara ver a 22 tipos sudorosos detrás de una pelota ante la atenta mirada de otro hombretón con un pito en la boca (saquen sus propias conclusiones, muchachos), procedía con regularidad a bombardearme con los resultados del domingo. La sucesión velocística de vértigo de “1-0”, “2-1”, “0-0”, etc., tenía como efecto recurrente mi repetición desesperada del botón de “planta baja” del único ascensor del edificio.

Desesperado, un día me di cuenta que lo mejor era seguirle la corriente. Nada de “no se nada del tema, gracias”, “no me interesa el resultado de Surinam vs. Angola, te agradezco mucho, pero me influye el hecho de ‘tener una vida’ ©, muchas gracias”, sino una estrategia diferente.

Cada vez que me bombardeaban con trivia inútil sobre “fóbal”, mi contestación “fluía”, cual junco de sauce al borde de un arroyo una fría mañana de otoño, hacia la respuesta que quería el homínido en cuestión. De esta manera, los intercambios se sucedían de esta forma:

  • PORTERO: ¿Viste el resultado del domingo? (pasa trapo sucio por vidrio de puerta).
  • NICK (Seleccione una): Si, ni me cuentes / Claro, ¿sabés cómo quedé? / Ni me hables / Seh, venía pensando en eso. (Presiona botón 1 vez) (Pista: elegir la respuesta más conflictiva en función de la cara de indignación del primate parlanchín).
  • PORTERO (asintiendo, cara de complicidad, lleva con aire pensativo el trapo sucio a su boca y disfruta del sabor del Agua Jane realzado por la suciedad de fin de semana): “siiii, me agarré una calentura bárbara, el árbitro no puede hacernos blah, blah, blah…” (sonido de portero que habla en lenguas); (Pista: asentir vigorosamente, o negar en caso de que el cráneo hueco del individuo se mueva de este a oeste); (Pista: presionar el botón del ascensor reiteradas veces hasta que el pasaje del tiempo o la gravedad hagan su efecto y el ascensor salvador haga su aparición).


Chronicle (2011) (Poder sin límites)Muchas veces me hubiese gustado filmar este momento de “super-persuasión” o “super-ir-con-la-corriente”, que me ha permitido sobrevivir en este mundo hostil siendo un geek de clase Omega. No será algo como para que Xavier me reclute o el Capi me haga las “20 preguntas para ingresar a los Vengadores” (“¿si tuvieras que tener un uniforme, de qué color sería?”), pero que es útil en la vida en enseñanza secundaria, es innegable.

Si no, pregúntenle a mi dentadura, todavía completa.

“¿A qué vas con toda esta perorata inútil sobre los poderes y las filmaciones, Nick? ¿Qué tiene que ver esto con la película ‘Chronicle’?”, se preguntará el lector atento (o despierto, a esta altura).

La paciencia es otro poder, gente linda. O la capacidad de tolerar mi verborragia inútil, que merecería un poder de “super-agradecimiento por tolerar mis diatribas” en contraposición. O una mezcla de las dos cosas. Pero no nos adelantemos a los hechos y hagamos de cuenta que estamos yendo en orden, no de acuerdo a mi caótico desorden mental habitual.

Aquí dentro de mi testa, en el interior de esta cabecita, donde “somos legión” (diría el buen libro), las ideas están desorganizadas y así van saliendo. Por suerte, “Chronicle”, la película de Josh Trank sobre tres amigos que adquieren poderes de telequinesis y deciden retratar el proceso en un “mockumentary” editado posteriormente, presenta una secuencia incremental de adquisición de poder y sus consecuencias derivadas en forma perfectamente organizada. De hecho, podríamos decir sin super-persuasión que “Chronicle” califica para pelear su lugar de privilegio como “película revelación del año”, pero eso sería adelantarnos a los hechos.

Una especie de “precognición narrativa”, pero tampoco creo que el Profe Javi me diese un leotardo amarillo y azul por esa habilidad. Después de cuentas, nadie quiere saber que el asesino es Alfred al principio de la reseña.

Chronicle (2011) (Poder sin límites)Tratemos de referirnos a la trama de la película haciendo paralelos con un supuesto “mockumentary” multiversero, para contarles de qué va la historia sin arruinárselas demasiado. Imaginemos este escenario hipotético: los cuatro secuaces responsables por este espacio virtual – cibernético – digital (página y foro, bah) desarrollan, del día a la mañana, poderes increíbles.

En mi caso, podría ser algo como la posibilidad de enojarme increíblemente y rociar todo con bilis expulsada de mi boca, como si de napalm se tratase (algo que no está tan lejos de la realidad, para los que me conocen), que denominaremos “super gastritis piromaníaca”. El poder de RinTinTin no se discute, ya que iría por el lado de la capacidad de ciberconectarse con computadoras y ordenarles hacer lo que él quiera (en mi caso, a duras penas puedo persuadirlas de que prendan), que denominaremos “super-link cibernético”. El caso del Penitente podría ir por el lado de su increíble capacidad de coordinar los actos sociales  y encuentros de una cantidad absurda de personas (podríamos llamar a esta habilidad “super-RRPP”) y para el Hijo de Chuck Norris, que no creo que se quede contento con su “super-palidez de verano”, podríamos concederle tentativamente un “superconocimiento de cómics”.

El caso de “Chronicle” es mucho más sencillo, por suerte, ya que los tres amigos en cuestión, Andrew (Dane DeHaan), su primo Matt (Alex Russell) y su amigote del highschool, Steve (Michael B. Jordan), desarrollan versiones incrementalmente cada vez más poderosas de telequinesis (supongo que no tengo que aclarar que este es el poder de mover objetos con la mente, como tendría que hacer si le mencionase la película al portero del edificio).

Antes de proseguir, estimo conveniente aclarar que a pesar de menciones a “superpoderes” de mi parte para esta reseña, “Chronicle” no trata estas habilidades metahumanas, salvo en algún guiño más o menos explícito al género, como capacidades relativas a un comportamiento superheroico. La gracia del asunto va en el retrato más o menos fidedigno de las vivencias de estos personajes, a través de la verosimilitud artificialmente generada del “pseudo-documental cinematográfico”, técnica que saltó a la fama con “The Blair Witch Project” y que se usó para incontables películas, peliculitas y peliculotas de terror. A mi entender, este es el primer caso de uso de esta técnica fílmica para el género “gente-que-tiene-poderes”, pero puedo estar super-equivocado.

Chronicle (2011) (Poder sin límites)(Redoble de tambores).

Volvamos al ejemplo paralelo de entrecasa. Supongamos el siguiente escenario: de un día para otro, a partir de mi vida miserable, decido que la mejor forma de retratar mi dolor es comprarme una cámara como la de Julio Alonso para filmar todo lo que hago (Andrew hace algo de esto, con las consabidas subidas de calzoncillos espirituales y físicas reales que el adminículo en cuestión provoca en la gente que lo percibe como un friki). Andrew, el muchachito que lidera al (excelente) grupo de personajes de "Chronicle", utiliza la cámara para distanciarse de una realidad complicada, abusiva, con una madre moribunda, un padre alcohólico y la ya mencionada falta de popularidad en el liceo. En mi caso, mi mayor problemática iría por la falta de dulce de leche en la heladera o el atraso en la publicación de un cómic esperado, pero mantengamos el paralelo y supongamos que la huelga de productores de leche me provoca tal angustia que decido retratar cada momento miserable de mi existencia con una cámara digital.

Un día específico, poco después de salir de una de esas fiestas multitudinarias llenas de mujeres despampanantes a la que asistimos regularmente a los cuatro responsables de este portal (de aquí en más, “Los 4R”), encontramos una cueva con… algo… que pulsa y nos da poderes que no entendemos (confrontar más arriba el listado de los mismos). Sin dudarlo, nuestra primera reacción sería juntarnos y poner en común nuestros descubrimientos (a saber, el Penitente nos convocaría, HdCN hablaría de cómics, RinTinTin registraría todo en computadora y quien les habla escupiría bilis dialéctica hipertensionante… ahora que lo pienso, este encuentro hipotético no se distancia tanto de nuestras reuniones habituales).

En ‘Chronicle’ pasa exactamente esto: la capacidad telequinética incipiente del trío, que se incrementa con su uso y práctica, queda registrada en sucesivas filmaciones de Andrew, Matt y alguno más, editadas postreramente. Las mismas muestran que la muchachada neomutante disfruta con gastar bromas pesadas a la gente que los rodea (muchachitas en el supermercado, señoras en el super, etc.; lo clásico que haría un adolescente embobecido con un cóctel explosivo de hormonas en ebullición y poderes asombrosos... pero nunca tan increíbles como mi super-escupitajo de napalm).

Chronicle (2011) (Poder sin límites)El caso de los 4R no sería demasiado filmable, si quieren que les sea sincero. Después de todo, hay una cantidad limitada de gargajos inflamables que podés lanzar en tu vida y un número finito de formas en las que le podés pegar a la “Casa de las Ideas”. En “Chronicle”, el desarrollo de las habilidades de los protagonistas está excelentemente tratado por el guión de Max Landis (Masters of Horror, Fear Itself), que recién me entero que es hijo de John Landis, y la dirección de Josh Trank, un director joven al que habrá que seguirle la carrera (por lo que espero que el “superconocimiento de cómics” del Hijo de Chuck Norris sea útil para alguna cosa más). La telequinesis de los muchachotes les concede invulnerabilidad nominal ante ataques físicos, la capacidad de volar (cuestión que hasta alguno podría usar para explicar el vuelo de Superman; chupate esa, Stan) y demás cuestiones vistosas que son “diversión y juegos” al principio, pero que se tornan en un arma peligrosa al profundizarse el drama personal de los protagonistas.

Efectivamente, el tema se complica ya que los protagonistas de “Chronicle” hacen gala de una mezcla de irresponsabilidad adolescente con los dramas propios de sus vidas privadas, que se conjugan para que cada uno tome distintos caminos y posturas morales en la utilización de estos poderes.

Tres personalidades en conflicto, fracturadas, sólo pueden conducir a desenlaces desastrosos. Por supuesto, esto nada tiene que ver con el ejemplo de los 4R, grupo caracterizado por el eminente equilibrio y estabilidad de sus integrantes.

(Recojo el saco y me retiro, muchachos; me pasan la cuenta a la salida).

Si filmase nuestro ascenso al pod… ehem, “desarrollo de poderes”, estoy seguro de que mis grabaciones se ganarían el epíteto halagüeño habitual que generalmente se les asigna (“espantosas”, creo que era la palabra): soy la única persona en 20 cuadras a la redonda con una filmación de 1 hora 24 minutos de una pared blanca, fuera de foco, en un videocasete intitulado “Cumpleaños de mi Novia”. El caso de “Chronicle” y Trank, por suerte, es mucho más digno.

Chronicle (2011) (Poder sin límites)Si no les gusta el formato, la película probablemente les dé náuseas, no por mala, sino porque sé que ocurre esto con los formatos “a mano alzada” con alguna gente, por todo el tema del movimiento constante de la filmación. A mi entender, en “Chronicle” esta técnica realza las ideas de la trama y les da una perspectiva única. Hay algo visceral y particularmente verosímil en una filmación “casera” de tres tipos aprendiendo a volar, haciendo levitar objetos o enfrentándose en momentos de enojo absoluto con todo tipo de objetos voladores. La interposición de filmaciones caseras de transeúntes pasmados de asombro añade el punto de vista del ser humano “de jardín” a la secuencia, cuestión que permite por momentos ponerse en la piel, a la “Marvels”, del tipo que cumple 8 horas en una oficina y sale a comerse un refuerzo a la plaza para terminar filmando con el celular a un adolescente volando.

En “Chronicle”, la reflexión parece ir por el lado de lo que provocan estas habilidades super-humanas (entendidas en sentido estricto) en la psique de distintos individuos con diferentes trasfondos de vida. Trank retrata el camino hacia la perdición o salvación de estos tres muchachos, que de la noche a la mañana se encuentran haciendo cosas que antes podían leer en cómics o ver alguna película. Esto mismo seguimos haciendo los 4R al día de hoy, como todo el mundo sabe, aunque no es difícil suponer quién tendría mayores posibilidades de caer en el camino de la “super villanía” si consiguiese desarrollar las mutaciones mencionadas.

Si me están mirando en este momento, me ofendo. Sobre todo porque tienen razón.

Como podrán prever, la “Crónica 4R” sería una película bastante aburrida, con momentos completamente detestables u olvidables (las discusiones por la última hamburguesa del asado o sobre quién corre más rápido, Flash o Quicksilver, llevarían unos 30’ de edición final). En el caso de “Chronicle”, el resultado final es extremadamente atrayente, con un formato que realmente aporta a la historia, excelentes actuaciones, un guión sólido y perlado con sutiles referencias al mundo de los cómics y buena dirección de un director nuevo al que habrá que seguir con ojo atento.

Chronicle (2011) (Poder sin límites)Puntos extra para los tituladores de la distribuidora local: “Poder sin Límites”, precisamente en este caso, parece ir más o menos en contra de la premisa central de la película. Gracias a Kal, estamos acostumbrados a esta altura a las super-interpretaciones de las super-luminarias de nuestra super-región. “Crónica”, por lo visto, podría confundirse fácilmente con un canal argentino que se especializa en entrevistar gente que perdió miembros en el accidente de turno, mientras los parmédicos buscan los miembros en cuestión.

Muy recomendada, sin lugar a dudas. RinTinTin concuerda conmigo mientras juega al Tetris con una mano, al Sir Fred con la otra, y al Dynamite Dan con la otra (no pregunten). HdCN está preparando un informe de 140 páginas con apuntes sobre las referencias comiqueriles de la película. El Penitente está organizando la presentación de dicha ponencia en el Estadio Centenario, como acto soporte de cierto señor muy mayor británico que tocaría prontamente canciones sobre el Alzhaimer (si los problemas de ayer le parecen tan lejanos, es hora de consultar a un geriatra).

Chronicle (2011) (Poder sin límites)¿Mi caso?

En mi caso escupo bilis incendiaria, como es habitual a esta hora de la noche (es el efecto de la cena cuantiosa antes de acostarse). No verán mi teclado en este momento, pero está prendido fuego. Vuelen a ver “Chronicle” antes de que la saquen de cartel y queden lanzando ladrillos a las puertas del cine, por el método tradicional, nomás (acción, impulso, propulsión).

Si alguien llega a desarrollar algún superpoder, no se olviden en avisarme, que en este momento estoy perdiendo tiempo filmando a una bolsa flotando, que resultó, después de todo, NO ser lo más hermoso del mundo.

(Canté supervillano, eso sí).

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