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Da Vinci's Demons T1E4

Por el Cine/TV

Da Vinci's Demons T1E4Da Vinci's Demons es la creación de David S. Goyer, un tipo que estuvo detrás de las películas de Blade, de Batman y de la próxima de Superman. Sin embargo, el éxito de su pluma no logra plasmarse en una serie que no innova y que por momentos se hace lenta.

Da Vinci's Demons T1E4

Lo primero que debo mencionar, como siempre, es que debería no estar mirando Da Vinci's Demons. La grilla televisiva ofrece suficientes series como para entretenerse. Sin embargo, el pedigree comiquero de DVD (presente y futuro) y la promesa de una temporada corta me hicieron "engancharme", con ciertas dificultades.

Leonardo Da Vinci es presentado como un genio maravilloso, descubierto a temprana edad por su padre y vendido a una especie de taller de arte. Sin embargo, la mayoría de las loas al protagonista vienen de otros y no de lo que el propio Leo pueda hacer.

Esta semana, por ejemplo, se pasa tres cuartas partes de un episodio jodiendo con granadas (la fruta) hasta que inventa algo parecido a la granada (el arma de destrucción). Eso y una ballesta gigante de atrezzo son sus grandes contribuciones al mundo. Está bien que Lorenzo de Medici lo festeje, porque le salvó el pellejo, pero no me lo vendas como el maravilloso inventor cuando en realidad es un timador con clase.

Ni siquiera puede defenderse con su pintura, ya que hace tres capítulos que está pintando un cuadrito de la amante de Lorenzo, aunque cabe aclarar que a cada ratito se distrae, sea por la estatuilla que remite al misterio de la serie o a las carnes de la muchacha, que remiten a la cachondez de la serie.

Que esta semana tuvo su desnudo frontal masculino a menos de diez segundos de haber comenzado. Todo un récord.

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A esta altura me parece más digno lo que hace Lorenzo de Medici, quien busca alternativas para no perder Florencia a manos de Roma e incluso amenaza con entregarse, con tal de evitar una masacre. Mientras tanto, Leonardo se empeda en los bares y construye armas que parecen sacadas de un cómic de Batman dibujado por Dick Sprang.

También mejoró Giuliano de Medici, enfrentado a su pariente por el supuesto traidor que se pudre en la cárcel, y que se terminará de pudrir por dentro antes del final del episodio.

El premio a lo peor del capítulo se lo llevó la pinta del nefario Riario, quien parece un hipster con su sombrerito, la gabardina oscura y los lentes negros. Llamaron de la Tienda de Anacronismos y dicen que te estás por agotar.

Lo único bueno que hace en el episodio es inventar la volanteada. En serio.

Leonardo tiene un momento de redención, cuando se cansa (un poco) de construir cañones que matan gente, y en su lugar construye una granada que parece que mata gente pero en realidad no tanto. Para eso construía un cañón gigante de cartón y se dejaba de joder.

Para el final del episodio quedaron un par de cosas de esas que te dejan enganchado (podrían repartirlas en la hora que dura). Una de ellas es, una vez más, el posible viaje al Nuevo Mundo. La segunda es la llegada de la policía, que detiene al pintor por un delito de sodomía.

Si la serie durara la mitad del tiempo, podrían condensarse muchas de estas ideas y ahorrarse conversaciones que no son precisamente como las de Varys y Littlefinger en Juego de Tronos.

Que Leo invente un compresor de tiempo desaprovechado de series y se haga millonario.

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