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Dawn of the Planet of the Apes

Por el Cine/TV

Dawn of the Planet of the ApesTerminó la película de Tim Burton y uno quedó arrodillado en el piso gritando: "¡lo arruinaron todo!", pero el Planeta de los Simios no estaba muerto. La nueva saga, que comenzó hace tres años, presenta un capítulo que combina una historia atrapante con efectos especiales del reverendo carajo.

Dawn of the Planet of the Apes

Dawn of the Planet of the ApesRise of the Planet of the Apes (2011) fue una grata sorpresa. No por la traducción de su título, uno de los más aberrantes de los últimos tiempos: El Planeta de los Simios: (R)Evolución, sino porque sus creadores lograron revitalizar la franquicia con uno de sus mejores episodios.

Todo comenzaba de nuevo y esta vez fue desde el origen. Fue así que presenciamos el nacimiento de los primeros monos con inteligencia y, de paso, el final de la civilización humana tal y como la conocemos. Por culpa nuestra.

En El Planeta de los Simios: Confrontación (también aberrante) transcurrieron diez años desde el final de la historia anterior, que sugería el comienzo de una epidemia global. La misma se concretó y fuimos reducidos a un grupito de sobrevivientes por aquí y otro por allá.

En los bosques de San Francisco, mientras tanto, la monada (la simiada) vive a sus anchas, utilizando sus cerebritos agrandados por la ciencia para armarse la mejor casita del árbol de toda la historia. Allí César gobierna a los suyos con justicia, enseñando el respeto hacia los humanos y todas esas cosas que hacía Charles Xavier en los X-Men.

Es que César es la versión peluda de Xavier. Perteneciente a una especie evolucionada que llegó para quedarse, su filosofía es la de la coexistencia pacífica. Koba, mientras tanto, es Magneto (¿Moneto?). Torturado desde su infancia, guarda un importante rencor hacia hombres y mujeres.

Un problema energético pondrá a humanos y simios frente a frente. A los primeros se les está terminando la nafta y precisan poner en funcionamiento una represa que está en pleno territorio macaco. Envían a un grupo variopinto, que incluye a la familia súper-comprensiva y al súper-gatillo-fácil, y se dará el primer contacto entre especies en mucho tiempo.

Luego se sucederán las traiciones, tanto de un bando al otro como dentro de las mismas filas. César es un jefe inteligente, que sabe cuándo realizar una demostración de poder (en una maravillosa escena, los monos cruzan el Golden Gate para decir "acá estamos"), aunque el miedo elevará las tensiones y Koba se aprovechará de la situación.

Del otro lado está un Gary Oldman en cuentagotas, aunque nos deje otro de sus "llantos Oldman" y con eso alcanza y sobra. Su liderazgo es menos comprensivo y su única preocupación es defender a los suyos a punta de ametralladora.

Durante las dos horas y poco se intercalarán escenas emotivas con otras de pura acción, en otro capítulo muy bien contado de esta saga. En cuanto a la factura técnica, es increíble el avance de los efectos especiales generados por computadora.

No hubo una sola toma que me hiciera pensar "eso es mentira". Desde los rostros de cada uno de los simios hasta los movimientos, ya fueran sutiles o en plena acción, todo bordea la perfección. Aclaro que la vi en 2D, desconozco cómo la tercera dimensión (que nunca debimos permitir que volviera al cine) afecta a la imaginería creada por el equipo del director Matt Reeves.

Ante la duda, vean la película anterior. Si la disfrutan, imaginen un segundo acto más ambicioso y que merece ser visto en la pantalla grande. Tienen unos cuantos días como para decidirse.

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