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Divergent

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DivergentEn un futuro post apocalíptico, una joven deberá entrenarse para la lucha y de paso terminar con la separación que tanto daño le está haciendo a la sociedad. El resultado es una aventura entretenida, pero no estamos acá para hablar de "Los Juegos del Hambre" sino de este bodrio.

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DivergentEn el futuro, hubo (o habrá, pero no empecemos con eso) una guerra que obligó a la humanidad a reorganizarse. Aquellos sobrevivientes de la barbarie dijeron: "¿qué podemos hacer para evitar futuros conflictos? ¡Ya lo tengo! Separemos a la civilización en castas, eso suele funcionar".

Fue así que la clase media quedó dividida en cinco grupos: por un lado están los sabiondos, que son los que poseen el conocimiento y básicamente son unos pelotudos. Después tenés a los veganos, que se encargan de las cosechas, que están del otro lado de un muro que aísla a la ciudad, y que parecen unos pelotudos, aunque no se los ve mucho. Los bocaflojas dicen siempre la verdad y por eso todos piensan que son unos pelotudos. Los santitos son los pelotudos que se visten de gris y ayudan a los pobres, que no pertenecen a ninguno de estos grupos.

Y después están los bicivoladores, que siempre andan corriendo para todos lados, porque en el futuro se extinguieron las bicicletas, pero ellos siguen conservando el espíritu de los bicivoladores. Su principal característica es correr y saltar de trenes en movimiento, porque es un grupo tan pero tan cool que no tienen tiempo de decirle al guarda "me bajo en esta, ¿no bajás la velocidad un cachito?". ¡No hay tiempo que perder, salten!

Los bicivoladores son megapelotudos. Así está el futuro, amigos.

La protagonista de Divergente, película que busca subirse al carro de Los Juegos del Hambre adaptando una novela que buscó subirse al carro de Los Juegos del Hambre, se llama Beatriz y es una santita solamente porque sus padres lo son. En realidad quiere ser bicivoladora y saltar de los trenes. ¿Quién no?

Al llegar a determinada edad (o edades, porque su hermano pasa por lo mismo) debe someterse a un test que le indica a qué grupo pertenece. Al igual que sucede con la simpatía política, manifestarse de un grupo diferente al de los padres está mal visto, pero siempre hubo y habrá rebeldes.

Beatriz se encuentra tomando el test, que no consiste en ponerse un sombrero parlanchín que lee tu mente, sino algo mucho más ridículo. Tenés que tener el Diccionario de Símbolos a mano para saber si sos un Griffyndor, un Ravenclaw o un Bicivolador.

Aquellos que hayan visto el tráiler, o quieran hacerlo al final de esta reseña, no tienen por qué seguir leyendo. La historia de amor está telegrafiada en esas escenas, así como casi todo lo que sucede en la película. Yo trataré de contarlo igual, porque soy rebelde y me gusta saltar de trenes en movimiento.

Algo impensado, increíble, sucede cuando a Beatriz la hacen pasar por el test. El resultado no es concluyente. ¿Saben lo que eso significa? Que ella es un ser peligroso, porque puede elegir lo que quiere ser... como todos los que toman el maldito test, de acuerdo a lo que explica la voz en off de Beatriz o el personaje de Kate Winslet. Pido perdón por no recordar quién fue, entre las dos explican tanta mitología que se me confunden.

Beatriz es divergente. Es diferente. El mundo le teme. Basta, no estamos en los sesenta, no digo que un adolescente (público objetivo del producto) no siga sintiéndose un bicho raro, pero ya está. Era original cuando lo hacían los X-Men, e incluso el iletrado de Stan Lee lograba que la metáfora funcionara mejor.

Después del contenedor lleno de información que nos cae al comienzo de la película, tenemos escenas que funcionan. Quizás las que más se parecen a Los Juegos del Hambre. Los bicivoladores son como los campeones y tienen sus sesiones de entrenamiento, sus eliminaciones mortales y todo ese chuco que, al menos, entretiene.

Mientras tanto, Beatriz pasa a ser Tris y se va enamorando del primo lejano de James Franco, como muestra el tráiler.

Para el final tendremos control mental masivo, muertes cercanas y (como no podía ser de otra manera) el Poder del Amor servirá para salvar el día. Lo que ni el Poder del Amor ni los poderes reunidos de los Planetarios pueden hacer es salvar a esta película, que peca de todo menos de sutil y tiene algunas escenas interesantes dentro de una historia que salta de un lugar común a otro sin detenerse.

En definitiva, una historia bicivoladora.

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