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El cine de James Wan

Por el Cine/TV

El cine de James WanCon dos películas taquilleras en cartel y el anuncio de su primer blockbuster veraniego en camino (Fast and the Furious 7), el australiano James Wan es un director efectivo, cuya reducida pero efectiva obra es repasada en esta nota de nuestro Hank Scorpio.

El cine de James Wan
Saw (2004)

El primer largometraje de Wan que le abrió las puertas a Hollywood (y para muchos desencadenó la avalancha del sub-género conocido como torture porn a mediados de la década pasada) fue Saw, escrita por su socio y compañero de andanzas, Leigh Whannell. Conocido como "El juego del miedo" en estas latitudes, Saw fue un proyecto de bajo presupuesto que marcaría el resto de su carrera. Después de seis secuelas donde la mitología se vuelve cada vez más rebuscada y las trampas más sádicas y sangrientas, resulta interesante volver a ver con ojos frescos el film que dio inicio a una de las franquicias terroríficas más redituables del cine. A tal punto que en los Estados Unidos, cada nueva entrega de la serie se volvía una tradición ineludible alrededor de la Noche de Brujas. "If it’s Halloween, then it must be Saw", aseguraban los comerciales televisivos en octubre.

La historia es ingeniosa en su simpleza. Dos hombres, Adam (el propio Whannell) y el Dr. Gordon (Cary Elwes, el langa de Princess Bride y la versión paródica del Robin Hood de Mel Brooks), se despiertan encadenados sin explicación, en extremos opuestos de un baño mugriento, con un cadáver en el medio. Gradualmente irán surgiendo las pistas y los protagonistas se verán sumergidos involuntariamente en un sádico "juego" orquestado por Jigsaw, un enigmático asesino serial con toques del John Doe de Se7en. Mediante flashbacks e historias paralelas, la investigación policíaca (a cargo de un obsesivo Danny Glover) irá revelando detalles de Jigsaw y sus víctimas, hasta llegar al infame twist final.

En una entrevista a Wan y Whannell, los realizadores explicaban cómo el germen de la idea fue fruto de la falta de recursos y el presupuesto de poco más de un millón de dólares. Al igual que muchos largometrajes independientes, Saw cobró vida originalmente como un corto de diez minutos que sirvió como carta de presentación para crear interés en los estudios hollywoodenses.

Filmada en dieciocho días y sin ensayos, la versión larga de Saw aún conserva varios puntos de interés. Jigsaw en realidad no mata a nadie -sus propias víctimas hacen el trabajo sucio por él- y la vuelta de tuerca final no se ve venir. Las escasas víctimas que sobreviven aprenden su "lección" y, en su retorcida moralidad, lo terminan considerando como un "maestro" que cambia sus vidas y les enseña a apreciar lo que tienen. También se vuelven icónicas la representaciones físicas de Jigsaw, tanto el muñeco Billy, con su risita macabra y voz distorsionada (siempre trajeadito y andando en triciclo), como la figura con grotesca máscara de cerdo, pelo largo y bata negra que rapta a sus víctimas y escapa de la policía sin problema alguno.

Después de recaudar más de 55 millones de dólares en todo el mundo, las secuelas no se hicieron esperar. Whannell se encargó de escribir la segunda y tercera parte, expandiendo la mitología y haciendo hincapié, a pedido del estudio, en las morbosas y medievales trampas de Jigsaw y sus protegidos. Cabe recordar (o no) la montaña de jeringas virulentas y la escalera electrificada de Saw 2, la silla con ocho cuchillos apuntando a la cara de Saw 4, y el péndulo mortal de Saw 5, entre muchísimas razones para taparse los ojos. En realidad la versión original de Wan no es tan sangrienta como la gente recuerda (está más cerca de un thriller que de una película de terror) y fueron más bien las secuelas que le dieron mala fama. Esto no es casualidad, considerando la admiración que el australiano siente por el cine de David Lynch y Dario Argento, éste último considerado como el "Hitchcock italiano". En sus primeras obras, Argento fue uno de los principales exponentes del giallo, ese sub-género policial donde el misterioso asesino casi siempre viste de negro y es desenmascarado al final, al mejor estilo Scooby-Doo. De hecho Billy bien podría ser el primo gringo del macaco infame de Profondo Rosso (1975):

La tradición halloweenera de Saw parece haber sido retomada por las Paranormal Activity, otra efectiva película de miedo hecha por dos mangos que, con su quinta parte a estrenarse el año que viene, ya está dando muestras de agotamiento. Todo parece apuntar a que tanto Insidious como The Conjuring serán las próximas víctimas de la secuelitis propia del género.


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Dead Silence (2007)

Tres años más tarde, Wan dirigiría la injustamente subvalorada Dead Silence, la historia de una afamada ventrílocua que atormenta la apacible comunidad de Raven's Fair desde la tumba. Intentando distanciarse lo más posible de la violencia excesiva y rebuscada de la serie Saw (que ya iba por su cuarta entrega), Wan logra una historia de terror clásica, con ecos de las películas británicas de la casa Hammer, y sostenida por el principio irrevocable de que los muñecos con vida propia son efectivamente fuleros. Como muestra, solo basta pensar en Chucky, el payaso de Poltergeist, el episodio de The Twilight Zone con “Talking Tina”, y el Krusty poseído que atormenta a Homero en el tercer especial de Halloween de Los Simpson:

No sé si Rockefeller, Monchito y Macario entran en esta categoría, pero uno nunca sabe…

Varias de las marcas de fábrica de Wan se dejan ver en Dead Silence, como su fascinación por los muñecos diabólicos (¿quién soy yo para culparlo?), los desenlaces sorpresivos aunque rebuscados, y el importantísimo rol de la parte sonora para crear y mantener el suspenso (el leit motiv de cajita de música y el estresante silencio anunciando la llegada de Mary Shaw). No faltan los clichés propios del género, como la vieja en estado catatónico que habla sola, acaricia un cuervo y sabe más sobre la maldición de Raven's Fair de lo que aparenta, el incrédulo detective encarnado por Donnie Wahlberg, el truculento cantito que se le enseña a los niños para que se porten bien*, y la injusta condena por parte de una muchedumbre supersticiosa a Shaw. Es que justamente lo que tiene Wan (y algo que se ve aún más claramente en la serie Insidious y The Conjuring) es la capacidad de darle vida nueva a todos estos lugares comunes con una atmósfera lograda y sin golpes bajos. Se destacan la tensa escena de los 101 (!) muñecos, la ambientación de la secuencia del espectáculo de Mary Shaw durante los años '40, y su apropiado modus operandi desde el más allá.

Dead Silence fue una grata sorpresa que descubrí después que toda la perorata de Saw había pasado de moda, perfecta para una noche de lluvia. Hasta la fecha es la única película de Wan que no llegó a recaudar su presupuesto. Por suerte esto no alcanzó para que se le cerraran las puertas a la que se convertiría en una de sus obras más sobresalientes y lucrativas.


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Insidious (2010); Insidious: Chapter 2 (2013)

Estrenada antes del aluvión de la temporada veraniega del 2010, Insidious se convirtió en uno de los éxitos sorpresivos del año. Traducida como La noche del demonio (¿y ahora cómo cuernos nos referimos a Night of the Demons?), la cinta sigue las desventuras de una típica pareja formada por Patrick Wilson y Rose Byrne, cuando su hijo mayor cae inexplicablemente en coma por más de tres meses. Simultáneamente, apariciones y fenómenos extraños empiezan a suceder en el hogar familiar. Cuando todo parece estar perdido, una médium poco convencional les revela que "no es la casa la que está poseída… es SU HIJO" (¡chan!).

Insidious es una película divisiva, tanto en su estructura como en la respuesta del público. La primera mitad transcurre como una brillantemente orquestada historia de "casa embrujada", al mejor estilo Amityville o The Haunting. El suspenso se administra con cuentagotas y la angustia e impotencia de la madre es palpable. Pasada la primera hora, la peli da un giro más o menos brusco que puede hacer perder a parte del público. Es entonces cuando ingresa el escuadrón paranormal, encabezado por la carismática médium Elise (Lyn Shaye) y sus comic-relieferos cazafantasmas (de nuevo Leigh Whannell y Angus Sampson). Nos informan de un plano existencial paralelo conocido como The Further ("la Lejanía"), habitado por espíritus deambulantes y demonios que sólo quieren ingresar a nuestro mundo para causar el mal. ¿Se acuerdan cuando el Manosanta vagaba por el cosmos y Beatriz Salomón lo hacía aparecer con un chasquido de dedos y se materializaba haciendo lagartijas ("¡¡me afanaron a la mina!!" se lamentaba el Maestro)? Bueno, algo parecido…

Si uno es cómplice con lo de la Lejanía y el asunto de la proyeccion astral, Insidious rinde hasta el último segundo, con sustos bien administrados y entes fantasmales de lo más variopintos (un niño dickensiano, un Darth Maulesco demonio y una familia suburbana de sonrisas pétreas, entre otros). A la primera mitad no se le puede reprochar nada y a estas alturas Wan es un experto en convertir objetos mundanos aparentemente inofensivos (un monitor de bebés, una máscara de gas, un metrónomo, un visor de diapositivas modificado, la canción infantil Tiptoe Through the Tulips) en fuentes de terror puro. Esto recuerda un poco a otra joyita similar de 1980: The Changeling, con el gran George C. Scott. Ahí también el director de turno hacía maravillas con una pelota que bajaba las escaleras y una mecedora con vida propia (Nota del editor: hasta el día de hoy me pone los pelos de punta).

En realidad, Insidious es tres películas en una, combinando elementos de historias clásicas de casas embrujadas, posesiones demoníacas, y las menos transitadas experiencias extra-corporales. Contaba Whannell que como escritor se había autoimpuesto el reto de renunciar a los jump scares, o sea, esos sobresaltos y golpes de efecto gratuitos que tanto pululan en el género. En Insidious (al igual que en The Conjuring), todos y cada uno de los sustos están justificados -nada del gato negro que sale de la nada o la clásica mano en el hombro acompañada por un acorde disonante- y tienen que ver directamente con los espíritus diciendo "presente" en la casa de los Lambert. De hecho, los mayores aciertos de la cinta van en contra de los peores clichés. Cuando es obvio que la casa está embrujada, la familia se las toma para otra residencia, lo cual no pone fin a los sucesos paranormales. Estos hasta se acrecientan y suceden a plena luz del día (la escena del tocadiscos, brrrrr…). O cuando, desesperados por encontrar una explicación a la posesión de su hijo, los Lambert borran sin ningún tapujo al pobre cura de turno.

Las cifras de presupuesto-recaudación igualaron a las de Saw, por lo que la secuela recientemente estrenada se anunció casi enseguida. Wan la considera una continuación directa de la historia, no una película independiente. De hecho, en la noche del estreno en Estados Unidos, en muchos cines se las programó como una double feature. El segundo capítulo de la saga sorprende por lo ambicioso del enfoque. En vez de limitarse a reciclar lo que funciona de la primera parte (cosa que igual hacen y muy bien), Whannell y Wan se concentran en expandir considerablemente la mitología y las reglas de la Lejanía. Como en las mejores secuelas de Lucas y Coppola, se elabora sobre el universo establecido, se liberan experiencias reprimidas y se atan cabos con una seguridad que hasta parece que los dos guiones se hubiesen escrito al mismo tiempo. Los momentos que recuerdan a Back to the Future 2 hacen casi imprescindible repasar la primera parte antes de arrimarse al cine para apreciarla mejor. Hay una escena en la que, al revisitar un incidente clave de la primera parte visto desde otra perspectiva, Elise rompe la cuarta pared para coincidir con el público. "So THAT’S what that was all about!", exclama la psíquica que recuerda a la diminuta Tangina de Poltergeist. Hasta el toque Wan de elegir un actor para encarnar a la vieja de negro de la primera parte tiene su porqué...

Es posible que las justificaciones sean un poco rebuscadas, pero Whannell igual se las ingenia para darle a todos los personajes sus momentos sobresalientes (a esta altura varios de ellos son entrañables) y que cada uno juegue una parte importante en resolver el misterio del pasado de los Lambert. Si el primer capítulo es sobre salvar al hijo, esta segunda parte se trata de volver al pasado para salvar al padre. Los sustos puros de la primera parte se mantienen, en este caso con un andador infantil deambulante, un teléfono de latas y tanza y la reveladora secuencia en el hospital. Los elementos del cine tano se mantienen (mucho rojo y negro por todas partes) y, por lo menos a mí, Rose Byrne me hace acordar a Jessica Harper, la protagonista de Suspiria.


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The Conjuring (2013)

El Conjuro (¡bien esa traducción!) tuvo la particularidad de ser asignada la calificación "para mayores de 18 años" en los Estados Unidos, no por el grado de violencia (al igual que en Insidious, no se derrama una gota de sangre) sino por la intensidad de los sustos, según los test screenings previos a su estreno. Quizá su film mas logrado, la cinta está basada en los archivos de Ed y Lorraine Warren, un polémico matrimonio de investigadores paranormales que, entre cientos de casos, trataron la famosa maldición de Amityville. Acusados por muchos de charlatanería, los Warren en realidad se esforzaban en demostrarle a la gente que esos crujidos que provenían del altillo no eran más que el agua pasando por las tuberías, o los ruidos propios de una casa vieja. Pero una vez cada tanto, no alcanza con llamar al sanitario para que mamá deje de levitar y hablar en idiomas raros. La película se centra en uno de sus casos mas célebres, el de la familia Perron. Recién mudados a un caserón campestre en Rhode Island, los padres y sus cinco hijas se ven envueltos en una maldición que lleva ya ocho generaciones y se niega a desaparecer.

Una particularidad de los Warren era que, después de resuelto un caso, se llevaban consigo al espíritu problemático en algún "contenedor", para ser almacenado en una suerte de museo de objetos malditos en su residencia. Esto les viene como anillo al dedo a los realizadores, siempre dispuestos a regalarnos una cajita de musica o una muñeca sotreta que se mueve cuando no debe.

Como ya nos tiene acostumbrados Wan, las actuaciones, la ambientación y el suspenso están sumamente bien logrados. La presentación parece arrancada de los años '70, con referencias a The Exorcist y Rosemary’s Baby. También hay una historia humana bien llevada que eleva el material a algo más que una película de posesión hogareña. Se luce Vera Farmiga (Bates Motel) como Lorraine Warren, Patrick Wilson vuelve a prestar sus servicios al género, y Joseph Bishara regresa por partida doble como compositor y encarnando a uno de los demonios. Es realmente inquietante una escena nocturna en la que una de las hijas afirma ver una presencia delante de sus ojos, mientras que su hermana no, o ese juego de escondidillas que no termina nada bien ("clap, clap", para los entendidos…).

No creo que sea casualidad que el estudio, que siempre tiene "franquicia" en la cabeza, haya elegido llevar al cine las andanzas de los Warren. Hay muchos casos para elegir para nutrir las infaltables secuelas, varios de ellos documentados en su libro The Demonologist, casi un clásico para generaciones de jóvenes campamentistas malvavisqueros.

Al momento de escribir esto, Leigh Whannell fue contratado para escribir (y tal vez dirigir) el tercer capítulo de Insidious, después de que Chapter 2 recaudara ocho veces su magro presupuesto en tan sólo el fin de semana de su estreno. Por otra parte, James Wan anunció un descanso del género para volcarse a la sexta secuela de la serie Fast and the Furious. Esperemos que este alejamiento no sea permanente y vuelva con energías recargadas a hacer lo que le sale tan bien.


* El cantito de Dead Silence no tiene nada que envidiarle al “one, two, Freddy’s coming for you” de Pesadilla en lo profundo de la noche: “Beware the stare of Mary Shaw/ She had no children, only dolls/ And if you see her in your dreams/ Do not ever, ever scream”. Una versión levemente modificada y más morbosa se escucha al final del trailer.

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