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El ciudadano ilustre

Por el Cine/TV

El ciudadano ilustreEl primer argentino en ganar el Nobel de literatura regresa a su pueblo natal luego de cuarenta años. Algunos estarán orgullosos y otros no le perdonarán el haberse ido. De este "Infierno grande" hablará la historia comandada por un Oscar Martínez que la deja así chiquita.

El ciudadano ilustre

El ciudadano ilustreConfieso que tengo una complicada relación con el cine argentino. Será que nunca elijo bien a qué títulos del cine argentino exponerme, pero mis experiencias suelen ser de moderadas a leves, al menos en cuanto al disfrute en la sala de cine o frente al televisor.

Con esas mismas expectativas llegué a ver la última película de Gastón Duprat y Mariano Cohn, que para mí era la primera, porque recuerden que siempre elijo mal los títulos argentinos a los que me expongo.

No habían pasado 10 minutos de película cuando sabía que las cosas iban por buen camino, especialmente debido a la actuación de Oscar Martínez, perfecto en su papel de Daniel Mantovani, primer argentino que recibe el premio Nobel de literatura. Tanto me gustó lo de Martínez, que no me tiembla el párpado cada vez que tengo que escribir su nombre sin tilde en la "O". Te lo ganaste, Oscar.

Hubo alguna pequeña señal de alarma al comienzo, ya que el discurso de Mantovani frente a la Academia Sueca a la hora de recibir el galardón es tan cool que puede generar antipatía de quien apenas está conociendo al personaje. Y si bien Mantovani ES algo antipático, genera la empatía suficiente como para que nos interesemos por su periplo y deseemos que llegue (o que regrese) a buen puerto.

La verdadera acción comienza años después, cuando el escritor recibe una sencilla invitación de su pueblo natal, Salas, en la provincia de Buenos Aires. Mantovani huyó de allí en cuanto pudo, hace cuatro décadas, y jamás regresó. Dicen que las estadísticas están para romperse.

Para sorpresa de su manager en España y de sí mismo, decide volver a aquel rincón perdido del mundo, donde deberá enfrentar no solamente a algunas de sus fobias sociales, sino también a los fantasmas del pasado y al infierno un poco grande de un pueblo un poco chico.

El ciudadano ilustre

El guion de Andrés Duprat entrelaza varias historias y personajes de ese Salas que parece haber quedado detenido en el tiempo, y prácticamente todos ellos funcionan para que uno permanezca interesado durante las dos horas que dura la película.

Por suerte la calidad de Martínez está apoyada en las buenas actuaciones de quienes lo rodean, incluyendo al intendente de Salas (impecable Manuel Vicente), empleados de hotel, fanáticos y hasta detractores de su obra y de su sola presencia, por tratarse de alguien que tanto renegó de su lugar de origen.

Dos personajes distraen un poco, ya que entre tanto semiconocido aparecen Dady Brieva como Antonio y Andrea Frigerio como Irene, protagonistas de uno de los conflictos principales. No ayuda que Antonio cancheree igual que la versión mediática de Brieva, pero con un mínimo esfuerzo volveremos a meternos en la trama.

Más allá de alguna casualidad casi de comedia y de algún discurso que personalmente no me resultó tan orgánico como el resto de las acciones, esta fábula sobre el hijo pródigo que vuelve a enfrentarse con las consecuencias de su desaparición queda, por actuaciones, guion y dirección, entre lo más alto del cine argentino que he visto. Que no es tanto, pero igual.

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