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El Guerrero de la Carretera: La Trilogía Mad Max

Por el Cine/TV

El Guerrero de la Carretera: La Trilogía Mad MaxCon motivo del estreno de Mad Max: Fury Road, nuestro colaborador Kenny decidió calzarse los pantalones y la campera de cuero y salir a la ruta para traernos un repaso de la trilogía del guerrero de la carretera. Rugen los motores, señal que está por arrancar esta nota.

Creo que la última vez que había visto alguna película de la trilogía de Mad Max había sido hace más de veinte años y lo que me había quedado presente de forma muy borrosa era el desierto, los autos, Tina Turner y no mucho más. Entonces con la excusa del estreno de Mad Max: Fury Road, se me ocurrió volver a verlas, sin ningún tipo de lectura  o información auxiliar, sólo con la ayuda de una fila de doce panchos y cuatro litros de Coca Cola me enfrenté por cuatro horas y media al guerrero de la carretera.

El Guerrero de la Carretera: La Trilogía Mad MaxPuede llegar a doler pero no hay desierto en Mad Max (1979). Más o menos esperaba que se llenara la pantalla de arena pero lo que se puede ver son paisajes suburbanos, pueblos arruinados unidos por carreteras, cafeterías y oficinas sucias, o sea, un futuro en decadencia pero más próximo a cualquier presente. Gracias a que la estética vintage está de moda y se puede ver en algunas películas y series, a nivel visual Mad Max mantiene cierta actualidad, el vestuario, la cartelería de la calle, los autos, visto desde hoy no deja de ser bastante cool.

No hay mucho que decir acerca de la trama, Max Rockatansky (Mel Gibson) forma parte de una patrulla de vigilantes que cuida los caminos en pantalones de cuero negro hasta que aparece una pandilla de motociclistas, luego surgen enfrentamientos, más complicaciones, etc., lo que se puedan imaginar. El argumento es básico y funcional pero aunque por esto quizás la película pierda cierta vigencia, al no tener un poquito más de elaboración los personajes y la propia historia, las escenas de persecución, las vistas panorámicas, los movimientos de cámara y algunos detalles estéticos más (que prácticamente son los que se conocen como cine), hacen que esta sencillez  en parte se pueda olvidar.

La película empieza con una persecución que dura casi doce minutos, entre los miembros de la patrulla y uno de los pandilleros. Sólo en el final aparece en acción Max. Mientras tanto lo presentan de a poco, una parte de su auto, el reflejo de sus lentes en el espejo, cómo se acomoda los guantes, hasta que acelera y comienza a perseguirlo; cuando el pandillero se da cuenta de que quien es el que lo persigue se pone a llorar como un niño -acá ya tenemos un detalle no menor-, finalmente explota todo y Max se baja del auto, se saca los lentes y mira la explosión con cara de sorprendido, corte, aparece en la casa, sentado en la mesa, tomando una cerveza con el hijo bebé al lado y escuchando a su mujer tocar el saxo. Así perfilan al personaje, supuestamente violento pero delicado y cariñoso con su familia. En toda la película apenas habla, más que un guerrero de la carretera, todo esto hace que visto desde hoy recuerde bastante al personaje de Ryan Gosling en Drive (2011).

El Guerrero de la Carretera: La Trilogía Mad Max

Respecto a la violencia en la película, la pandilla no está muy lejos de parecerse a la de A Clockwork Orange (1971). La violencia física, fuera de las explosiones, accidentes y persecuciones, es bastante teatral y satírica, los miembros de la pandilla son como niños desquiciados pero sus líderes hablan lento, bajito, tienen un estilo de villano tradicional. Al principio es difícil darle una justificación a su comportamiento pero se sugiere con apenas un par de diálogos que la propia carretera puede volver loco a cualquiera, y esto es precisamente lo que Max quiere evitar. La distancia entre ser un patrullero violento o un desquiciado en una pandilla puede ser mínima, y esta es una idea bastante sugerente que luego cobra fuerza, sobre todo en el desarrollo de las próximas películas.

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En definitiva, la película tiene bastantes puntos como para verla por primera vez o de nuevo. No creo que sea la que marque el universo Mad Max pero los pantalones de cuero negro de Max, el detalle de los ojos saltones de los personajes antes de morir en los choques de autos (hay que detener la imagen para verlo claro) y muchas cosas más, hacen que se pasen bastante bien y rápido los noventa minutos que dura.

El Guerrero de la Carretera: La Trilogía Mad MaxSi en la primera entrega se presentaba un mundo precario y decadente que iba rumbo al caos pero que todavía se intentaba contener, en Mad Max 2: The Road Warrior (1981), ya se encuentra todo eso establecido. Hay un salto en la continuidad, la locura de la carretera ya ganó y Mad es uno más. Desaparecieron las ciudades y cualquier presencia de autoridad. Lo que queda es la lucha por el combustible y por sobrevivir.

Apenas algunos minutos después de que comenzó la película, me fue difícil no preguntarme en dónde estuvo George Miller todo este tiempo y por qué no dirigió ninguna Star Wars. Es que con un ómnibus de Cutcsa, una antena de Directv clavada en la tierra y unas bolsas del Disco de vestuario, crea todo un universo, se supone que es la tierra pero por la presentación y el modo en que lo filma, se podría aceptar que es cualquier otro planeta.

En esta ocasión, Max después de unas complicaciones termina por ayudar a un pequeño poblado a enfrentarse a una pandilla que quiere robarle el combustible. En esta segunda parte, también se proyecta un tipo de personaje que se explica a través de la acción, con apenas algunos diálogos en toda la película. También el abanico de personajes es un poco más amplio y hay un cambio estético notorio en comparación con la primera película. En la pandilla rival predomina el vestuario a lo Mortal Kombat-Mohawk-punk, el pueblo que ayuda viste de colores claros y lisos, el Capitán Gyro, responsable de que la trama comience, viste de amarillo y violeta; resalta la presencia de un niño salvaje con un boomerang que parece anunciar la importancia de los niños en la película siguiente y la gran pareja de villanos en motocicleta, Wez con su mohawk y su chico rubio.

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Está claro que todo el protagonismo se encuentra en las secuencias de acción, en la manera en que las distintas persecuciones avanzan y se presentan, siempre aportando algún enfoque distinto hasta llegar finalmente a la demencia de los treinta minutos finales, donde Miller nos regala un ejemplo de planificación a la hora de mostrar a Max tratando de escapar en su camión-diligencia de la pandilla rival, por medio de secuencias perfectamente armadas vemos como se llena la pantalla de acrobacias, velocidad y ritmo.

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El final se puede ver fácilmente sin problemas dos veces seguidas y en un momento la locura de Mad Max traspasó mi pantalla. Mientras pasaban los créditos finales, me encontraba con todo los dedos llenos de mostaza y sin servilletas a mano y en un acto de torpeza había tirado Coca Cola al piso pero no me había importado, decidí poner play  de nuevo y ensucié todo el teclado al hacerlo y mientras la Coca cola se secaba en el piso volví a ver de nuevo esos magistrales treinta minutos, porque valía la pena hacerlo y aún hoy, si estuviera comiendo un pollo al spiedo y una paella al mismo tiempo con todas la manos sucias, volvería apretar de nuevo play y a ensuciar el teclado, porque vale la pena hacerlo.

El Guerrero de la Carretera: La Trilogía Mad MaxCuesta un poco al principio ubicar Mad Max Beyond Thunderdome (1985) en relación a las dos películas previas pero, una vez que comienza, no se necesita mucho esfuerzo para entender que es una película de aventura para niños, entendido esto en el mejor sentido posible. Funciona como una gran aventura que supongo que se debería comparar con todo el cine característico del mismo tipo protagonizado por niños y adolescentes que se desarrolló en la década de los ochenta, desde esta perspectiva y dejando de lado la cuestión de cierta falta de continuidad con las anteriores, es una gran película, dan ganas de tener un hermano menor o con problemas para llevarlo al cine y obligarlo a verla.

El personaje de Max finalmente pierde casi toda ambigüedad en sus motivos y se decide ayudar a unos niños que antes lo habían rescatado, es casi por algunos momentos como el Peter Pan de Hook (1991) de Spielberg. La aventura que emprende con estos, más la presencia de algunos otros personajes muy similares, también recuerda al ambiente de aventuras de The Goonies (1985), estrenada el mismo año.

En lo que refiere a la parte visual, se amplía bastante el universo, si la anterior daba la sensación que se estaba viviendo los restos finales de una civilización, acá en cambio se suma el intento de nacimiento y estabilidad de otra. De todas formas los paisajes mantienen la presencia de una huella del pasado, un avión enterrado en el medio del desierto que funciona como ejemplo de esperanza para los niños, un recurso que se muestra de forma opuesta a como se usa, por ejemplo, en Planet of the Apes (1968).

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También hay una ciudad con muchos más personajes, donde se puede destacar al gran Master Blaster y al espacio de la cúpula donde tiene lugar una muy buena escena de acción y lucha al grito de "Two men enter, one man leaves". Lo que resalta en general es que la dinámica de aventuras marca escenarios muchos menos uniformes y más diferenciados entre sí. Lo mismo con las escenas de acción, que se desarrollan en el desierto, en la ciudad, en contraste de día y de noche, en una planta subterránea, también se puede ver mayor variedad de medios de transporte, están presente casi todos, autos, aviones, trenes, y en todos los casos se muestra la misma precisión para desarrollar secuencias interesantes con un ritmo dinámico.

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Finalmente para destacar, la presencia de Tina Turner: cuando apareció su personaje, Aunty Entity,  fue casi como un alivio, era el recuerdo que tenía más claro y por un momento había pensado que me había equivocado de película. Tina tiene un look que parece que comparte vestuarista con He-Man. Debido a la naturaleza de la película y la forma cómo se trata la violencia, quizás más física pero no tan explícita, su personaje termina siendo bastante amable en comparación con los villanos anteriores  y los que se pueden ver en la última entrega.

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Si George Miller dirigió chanchitos y pingüinos, por suerte, ahora volvió a su universo madmaxeano, con una película actualmente en cartelera. Ojalá que haya muchas más para ensuciarse las manos con comida como un ordinario y no tener miedo de apretar play de nuevo y enchastrar de forma grosera el teclado, sólo para ver a nuestro querido Max, que es medio autista como Messi pero es un gran guerrero al fin.

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