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El Hobbit: La Desolación de Smaug

Por el Cine/TV

El Hobbit: La Desolación de SmaugDespués de un arrollador primer tercio, esta entrega de El Hobbit sufre los vicios de un clásico segundo acto, como la falta de comienzo y de resolución. Sin embargo, cuando sean vistas las tres películas juntas, esta será una pieza de un muy entretenido cuento de la Tierra Media.

El Hobbit: La Desolación de Smaug

El Hobbit: La Desolación de SmaugDisclaimer: me chupan un huevo los libros.

La primera parte de la adaptación de El Hobbit de Peter Jackson me gustó tanto, que osé compararla con los tercios de El Señor de los Anillos con esta última mirándolos (apenas) de arriba. Me entretuvo muchísimo y me dejó con ganas de más. Sólo hubo que esperar un año.

La Desolación de Smaug termina algunos escaloncitos por debajo de la anterior, por varios motivos. Uno es que arranca en medio de la acción y así te mantiene durante las dos horas y media. La anterior tenía el comienzo, con el maravilloso banquete en casa de Bilbo.

Además, por acumulación, uno se cansa de ver a los enanos capturados a cada rato. Por momentos parece que fuera escena de enanos caminando/ escena de enanos capturados/ escena de enanos caminando/ y todo así...

Por último, está el clásico problema de algunas segundas partes, y es que no sólo carece de un comienzo propiamente dicho, sino que carece de un final.

Dicho esto, se me pasó volando el larguísimo trecho de la película y la única escena que pareció de relleno (recordemos que Jackson pasó de dos a tres películas casi que al terminar de filmar) fue un pedorrillo intercambio entre el enano que se parece a Juanchi Hounie y la minita de Lost.

Gandalf aparece poco y aquellos que hayan leído el libro saben que se pega sus buenos faltazos. El viejo de arriba tiene su propia historia a un costado, en donde demostrará que si algo les gustaba a los arquitectos de antaño era tallar escaleras finitas al borde de las paredes.

Algunos momentos de acción vuelven a mostrar lo despegado que está el tío Peter para esta clase de filmaciones. La escena de los barriles, por ejemplo, arranca normalita hasta que empiezan a aparecer grandes pequeños momentos, como los movimientos fluidos de los Elfos a la hora de la batalla o el zafarrancho que arma el enano Obelix adentro de su barril.

Por supuesto que el gran final... de esta parte, es el enfrentamiento entre la Comunidad del Enano y el dragón gigante Smaug, con su propia escena de acrobacias, cadenas que suben y bajan y otras hazañas coreográficas del enano Balín y sus asombrosos amigos.

Sin embargo, lo que visualmente me gustó más no fue ni el barrilazo ni el dragonazo, sino la representación de la ciudad del lago. No solamente porque está comandada por un desaprovechado Stephen Fry (yo lo haría interpretar casi todos los papeles de la saga) sino porque me imaginé una adaptación de los juegos de Monkey Island en un entorno parecido, con esa clase de edificaciones y esa paleta de colores. Señores de Hollywood, no sé qué están esperando.

Es sabido que en los últimos años se habla mejor de la producción televisiva que de la cinematográfica, ya que la primera está contando mejores historias. Esto (en parte) se explica porque cuenta con más tiempo, y quizás Peter camufló la miniserie de nueve capítulos de El Hobbit en tres películas, a sabiendas de que la única forma de financiarlas era con estrenos en salas de cine.

La Desolación de Smaug no es más que los capítulos 4 a 6 de esta historia (El Bosque - La Ciudad del Lago - La Cueva de Smaug podrían ser los títulos) y el resultado final podrá verse dentro de un año, cuando se estrenen los últimos tres. En una cultura que vira hacia Netflix y aquellos que se miran una temporada en una tarde, no cuesta mucho mirarse un tercio de miniserie de un tirón. Sobre todo si tiene el sello de calidad de Jackson.

El Hobbit: La Desolación de Smaug

Apéndice: acerca del 3D HFR.

Casualidades del destino llevaron a que terminara viendo tres veces La Desolación de Smaug en el cine, dos de ellas con el sistema HFR, a 48 cuadros por segundo (en lugar de los tradicionales 24).

Antes que nada es importante señalar, porque estas cosas no ocurren a menudo, que en las repeticiones no se me hizo larga la película, pese a que en mi mente no podía dejar de calcular "ahora falta tal cosa y tal otra". Punto extra para míster Jackson.

Con respecto al sistema de proyección, me costó unos minutos acostumbrarme. El comienzo de la película, con la escena en el Pony Pisador, no solamente parece un estudio de grabación, parece un estudio de grabación en una escena de persecución de Benny Hill.

Pasado este cimbronazo (que me volvió a sacudir la segunda vez que la vi en HFR), uno se acostumbra y tiene la sensación de que la imagen tiene mayor resolución. Más o menos cuando se planta frente a uno de esos plasmas gigantes que pasan videos en HD en la vidriera de la tienda de electrodomésticos.

Dicho esto, el amargo tío Nacho continúa su campaña contra la tercera dimensión. Por suerte en esta película no molesta, que es lo mejor que puedo decir del 3D. Si quieren que me ponga generoso, hay UNA escena en la que Legolas dispara una flecha que da en un mostro que se encuentra en primer plano, que está buena. Pero si me cruzan por la calle negaré haberlo afirmado.

Si para ver una película en cine con esta calidad, la opción es calzarme los lentes 3D, seguiré optando por la versión bidimensional, como Dios lo quiso (muchos olvidan el onceavo mandamiento: "No codiciarás la estereoscopía en tus películas"). Ahora, si hubiera películas en 2D con 48 cuadros por segundo, no me molestaría que durante los primeros minutos en mi mente sonara el Yakety Sax.

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