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El Último Exorcismo: Volvió el Manosanta

Por el Cine/TV

El Último Exorcismo: Volvió el ManosantaSufrimos este pseudo-documental de un exorcista evangélico para que no tengas que hacerlo (se aceptan donaciones de líquido anti-gastritis). Lo mejor de todo: el póster de Thor en el hall del cine. Lo peor: todo lo demás. Desglose y cabezas giradas de indignación a un click de distancia.

El Último Exorcismo: Volvió el Manosanta“El Último Exorcismo” parecía poder llegar a ser una propuesta distinta para una fórmula trillada que dio vida a la industria de la sopa de arvejas por generaciones. Lamentablemente, del vómito de Linda Blair al vómito que es esta película producida por Eli Roth, hay un larguísimo trecho (más o menos como desde 18 y Convención al Infierno, Tercer Anillo).

La película anunciaba en su trailer un intenso panorama de posesiones demoníacas y reverendos-exorcistas comprometidos con deportar al infierno a los malvivientes sobrenaturales encarnados en los cuerpos de adolescentes débiles de carácter. Si bien la trama se desarrolla de manera más o menos potable durante un tramo importante de la historia, el acto final es tan estúpido, pero TAN (ya que estamos) reverendamente estúpido, que cuando se prendieron las luces de la sala, los que necesitaban un exorcismo urgente eran mis ojos.

Vayamos por partes, comenzando por el principio. “El Último Exorcismo” está filmada con esta “moda” tan extendida entre las películas de terror, de Blair Witch Project a esta parte, de simular la filmación de un documental. Parecería ser que para que nos asustemos un poco más precisamos ver la acción a través del lente de la camarucha digital de un tipo que filma todo lo que ocurre, alguien que por lo general tiene sólidas posibilidades de ser un futuro ganador en el concurso “¿Quién quiere tener Enfermedad de Parkinson?”.

El Último Exorcismo: Volvió el ManosantaLa película, para situarte en ambiente de un cachetazo, arranca sin créditos ni anuncio previo, sin tan siquiera el clásico textito pseudo-documental introductorio para situarte en la acción, al estilo de “lo que van a ver a continuación fue filmado por la webcam del estudiante de enfermería Johnatan Gutiérrez, quien fue abducido por vacas extraterrestres en lo alto del Cuzco un 31 de diciembre mientras bailaba desnudo alrededor de una botella vacía de vodka con una foto enroscada de Flavia Palmiero; un agente de la Guardia Montada canadiense lo encontró en un retrete en Alaska y así lo compartimos”

El “documental” gira en torno al reverendo evangélico Cotton Marcus, pastor desde los diez años a fuerza de aliento (me imagino latigazos) de su padre. Marcus es un verdadero chanta y realmente cae poco simpático, por más que la idea es mostrarlo con cierta empatía como un hombre en medio de una crisis de fe importante. Cutton estafa a su congregación, entre otros, proclamando la gloria del Salvador cuando en realidad está hablando de recetas de pan de banana (ojalá esto fuese un chiste, pero es lo que ocurre en la película). Lo mejor de todo es que Marcus, no contento con llegar a fin de mes a fuerza de donación de ancianitas crédulas, tiene una pequeña empresa paralela en la que trabaja como “exorcista” a pedido (“who you gonna call?”). Marcus no cree en lo que hace y la idea del documental es precisamente mostrar al mundo la “mentira del exorcismo”, como una especie de expiación para sus bolsillos llenos con el dinero de sus feligreses. Cotton decide entonces abrir la proverbial olla de grillos y llevar al equipo de filmación del documental, la sonidista y productora Iris Reisen y el camarógrafo Daniel Moskowitz, a presenciar el primer exorcismo que le sea requerido.

Por supuesto, este pedido aparece inmediatamente (cosa de mandinga). La afectada es una muchachita de Louisiana, Nell, que vive con el bruto del padre y el brutazo del hermano, una familia realmente encantadora. Para que se hagan una idea, el padre de Nell, acongojado por la situación de su hija, por lo general tiende a querer usar su escopeta como forma definitiva de “ayudarla”. No hay duda que los exorcismos con escopeta son casi 100% efectivos, pero limpiar las paredes de sangre es generalmente más difícil que sacar manchas de sopa de arvejas de un camisón.

Nell tiene episodios de desvanecimiento en los que pierde el conocimiento y, cual posesa, sale a matar vacas y otros animales (nuevamente, ojalá fuese un chiste). De todas maneras, lo más perturbador de la muchachita es lo parecida que es a Michael Cera, o al menos así me dio la impresión a mí. Recuerden, o hacía algo para entretenerme o me arrancaba los ojos. Lamentablemente, la gente que estaba disfrutando (padeciendo) la película en esa misma función no tomó con humor mi chiste a viva voz explicando que “¡el demonio que la posee se llama George Michael!”. Por lo menos, no me expulsaron de la sala.

El Último Exorcismo: Volvió el Manosanta

(No, tachen eso: ojalá me hubiesen sacado de la sala a patadas; cualquier cosa hubiese sido mejor que ver esta abominación)

El querido reverendo Cutton, para ser un tipo con supuestos sentimientos nobles, es un reverendo jodido (juego de palabras intencional). Para “ayudar” a procesar lo que el asume son problemas psicológicos, no ve mejor forma que montar un show digno de Industrial Lights and Magic o Epcot Center: voces con parlantes ocultos, crucifijos con botones para que escupan fuego y humo, y hasta un par de anillos sagrados cableados a una batería para que al tomar a la muchacha de la frente, la misma se retuerza convincentemente.

De vuelta: ojalá fuese un chiste.

El Último Exorcismo: Volvió el ManosantaSegún Cutton, que el poseído y la familia pasen por esta sucesión de asfixia, golpes y picana ayuda al endemoniado a procesar todo potencial problema psiquiátrico que tenga (además de proporcionarle al reverendo unos cuantos morlacos). La idea de consultar a un psicólogo y/o psiquiatra queda así completamente descartada, ya que por lo que transmite el pastor evangélico, cualquiera en esta situación puede “arreglarse” con un divertido electroshock casero, con las consiguientes risotadas alegres post-sanación, entre abrazos y al son de “soy un pavote, perdoná si te vomité todo el manto sagrado; mal yo”.

Lo patético del proceso es que se supone que Cutton debería inspirar simpatía con su crisis de fe, pero lo único que sentí a lo largo de la película fueron ganas de que le cayera parte de la mampostería en la cabeza. Durante la totalidad de la hora y media que duró esta tortura, recé a Belcebú para que cualquier demonio potencial ficticio que anduviese en la vuelta pasara un ratito por Luisiana para llevarse al charlatán de paseo al infierno.

“El Último Exorcismo” tiene todos los clichés de las películas del estilo, hasta los símbolos “demoníacos” necesarios para asustar al espectador. Cuando un demonio se manifiesta, lo primero que hace son dos cosas: 1) dibujar un pentáculo en la pared y 2) anotar 666 debajo (supongo que será la característica telefónica del infierno o el precio del pasaje al mundo terrenal). Además, todo símbolo pseudo-arcano existente parece deber ser usado, no sea cosa que nos estemos comiendo de rebote algún glifo arcano maligno. Llegó un momento en que francamente esperaba que algún demonio dibujase una carita feliz, parte de la anatomía de un burro o un “me gusta” de Facebook en las paredes, dado que todo el resto de la simbología imaginable estaba presente reiteradas veces.

El Último Exorcismo: Volvió el ManosantaNo es difícil darse cuenta por dónde va la película con un título como “El Último Exorcismo”. Las cosas no son lo que parecen y Nell parece no estar fingiendo, sino que hay algo maligno dentro de ella (insisto que debe ser Michael Cera). El proceso es tan predecible que imaginen lo que imaginen sobre el proceso interno de Cutton, sus suposiciones van a ser acertadas. No todo es malo, ya que hay momentos hacia la mitad del documental en los que la tensión está bien lograda con pocos elementos explícitos, pero lejos de seguir por este camino, la trama busca dar un par de vueltas soprendentes hacia su clímax, para terminar en uno de los finales más estúpidos que vi en una película de terror.

La resolución de la trama es, por falta de otros adjetivos, absolutamente abominable. No me gustaría arruinárselas por el simple hecho de que quizás algún masoquista que no se quiera mucho y ande con ganas de sufrir tenga intención de verla algún día. Por mi lado, con “El Último Exorcismo” tengo un nuevo “Sábado Gigante” con el que castigar potenciales hijos futuros que se porten mal (“¡si no tomás toda la sopa te vas para tu cuarto y mirás toda la tarde el ‘Show de Don Francisco’ hasta que yo te diga que pares!”). Por si quieren saber por donde va la cosa, sin spoilers, la idea es más o menos esta: tomen todo el progreso natural de la trama, denle una vuelta increíblemente idiota que dejaría a M. Night Shyamalan riéndose con desprecio, y ES ALGO PEOR. Realmente estúpido.

Por supuesto, para llegar a esta especie de clímax de la idiotez, tuvimos previamente un montón de actos estúpidos de los protagonistas, que lejos de ser hechos irónicamente autoreferenciales con respecto al cine de terror, son simplemente idioteces perpetuadas por personajes idiotas: “¿alguien grita en un bosque oscuro? ¡¡¡VAMOS A VER QUÉ ES, QUIÉN ES Y POR QUÉ SUENA A QUE LE ESTÁN ARRANCANDO LOS BRAZOS CON UN CEPILLO DE DIENTES!!!!”

¿A nadie nunca se le ocurrió que esto puede ocurrir precisamente PORQUE A ALGUIEN LE ESTÁN ARRANCANDO LOS BRAZOS CON UN CEPILLO DE DIENTES? (Es una lástima que no haya brazos arrancados con cepillos de dientes en “El Último Exorcismo”, ya que esto hubiese hecho a la película mucho más interesante)

En resumidas cuentas, la historia decepciona mucho. Una idea interesante, nuevamente vapuleada por una ejecución torpe y un guión francamente malo. A pesar de momentos de tensión aceptables, la película se desbarranca en su acto final, transformándose en algo casi incomprensiblemente tonto. Lo más terrorífico de todo el proceso fue que al final de la proyección, cuando las luces se encendieron, había una persona aplaudiendo.

(… aunque pensándolo mejor, lo más aterrador fue que pagué para ver esta “película”)

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