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Fury

Por el Cine/TV

FuryEl futuro director del "Escuadrón Suicida" se despacha con una muy entretenida historia acerca de cinco personas que van en un tanque matando nazis, mientras uno de ellos aprende que la guerra es una cosa jodida, y de paso lo aprendemos nosotros también.

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FuryResulta que David Ayer fue elegido para escribir y dirigir la película del Escuadrón Suicida, una "propiedad intelectual" de DC Comics que consiste en supervillanos reclutados para realizar peligrosas misiones, con la promesa de una reducción de condena. Su estreno está previsto para 2016.

Por estos días, la cartelera de cine nos ofreció otra película escrita y dirigida por este muñeco: Fury, traducida al español como Corazones de Hierro. El resultado final, por lo menos, nos permite esperar a su siguiente obra con mucha tranquilidad.

Hollywood nos ha bombardeado (ji) con películas de la Segunda Guerra Mundial en la que muestran una y otra vez el desembarco en Normandía, las maquinaciones de Winston Churchill o los enfrentamientos multitudinarios por aire, tierra o mar. Esta vez, seremos testigos de la "pequeña" historia de un tanque, el que da nombre al filme (en su idioma original).

Fury tiene una "tripulación" de cinco personas y al momento de comenzar la película es necesario el relevo de uno de ellos. Allí llegará Norman, el típico novato que no sabe nada de la guerra y lo último que quiere hacer es meterse dentro de un tanque. Norman es, por si no queda claro, el representante del público dentro de la cinta. No es que te lo expliquen con letras luminosas, pero se hace bastante evidente.

Con su renovado plantel, Fury deberá cumplir algunas misiones, cada una de ellas con mayor dificultad, como si se tratara de niveles de un videojuego en el que comandamos un tanque de guerra. Recuerdo el Battle City, pero porque soy una persona que ha vivido demasiado :(

Decía que durante las dos horas y cuarto, que pasan a muy buen ritmo, la mira (ji) está puesta en esos cinco tipos, cada uno con su forma de encarar un conflicto armado, con sus cosas buenas y malas: el sargento recio, el mexicano chingón, el más malo que bueno, el religioso y el mencionado novato cagado hasta las patas.

Me voy a permitir un nuevo desliz geek. Fury se parece mucho a los clásicos cómics de guerra que tuvieron su auge en la década de los '50 y '60, cuando la Segunda Guerra Mundial todavía estaba fresquita. Entre sus protagonistas más recordados están Sgt. Rock, el Soldado Desconocido, The Losers y Sgt. Fury (luego simplemente Nick Fury), quien casualmente se apellida como el tanque en cuestión.

Aquellas historias estaban centradas en uno o unos pocos personajes, a quienes acompañábamos mes a mes (por la frecuencia de las revistas) en sus diversas campañas a lo largo del teatro europeo.

Algo así ocurre en esta historia, que tiene a algunos personajes secundarios que sirven para darle la misión a los del tanque, acompañar a los del tanque o ser eliminados por los del tanque. Queda claro quiénes son los importantes.

La principal diferencia con las aventuras del Sargento Rock es que Fury busca un realismo mayor, no por una reconstrucción de época sino por la reconstrucción de los sentimientos que pasaban por la cabeza de cada uno de los involucrados.

Durante la película habrá momentos para cuestionar las decisiones de cada uno de los protagonistas. En varias ocasiones se enfrentan a dilemas que cuestan entender desde la comodidad de una butaca de cine o un sofá de living en un país en donde mal o bien reina la paz.

Por un instante creí que Ayer nos estaba haciendo una trampa, y colaba argumentos a favor de tristes prácticas que ocurren en los enfrentamientos armados. Pero Fury no parece ser un filme de propaganda bélica.

Imaginemos que se trata de un libro de Elige tu Propia Aventura y nosotros somos Norman. En la primera página de la narración nos dicen que estamos en medio de una guerra. No tuvimos oportunidad de evitarla y lo único que queremos es salir vivos de allí. ¿Qué haríamos?

Las acciones que toman los integrantes del equipo del tanque, más o menos cuestionables, se aplican a cualquiera de los bandos de la Segunda Guerra Mundial. No hay una demonización explícita de los nazis (más allá de lo que el público carga al ir al cine): son el enemigo desde el momento en que nos quieren disparar. Y desde antes también.

Norman es nuestro "proxy" pero el sargento Don (Brad Pitt) es quien comanda las acciones. Es aquél que ya pasó por unas cuantas y le explica al novato que si quiere llegar al final del libro con vida, cuando deba elegir entre matar nazis (pasa a la pág. 6) o perdonarlos (pasa a la pág. 9), más le vale que elija la página 6.

Cada lección aprendida por él y nosotros está contada en gran manera, involucrando al espectador casi como si en efecto estuviéramos controlando al tanque en un videojuego. Los golpes se sentirán como propios y las pequeñas victorias (porque todo está a escala de cinco personas) serán disfrutadas.

Fury es ineludible para los fanáticos del cine bélico y debería dejar satisfechos a los demás. Incluso me imagino a un Mahatma Ghandi saliendo del cine descalzo y comentando a su acompañante: "¿viste cuando voló el tipo por los aires? Estuvo buenazo".

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