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Gotham T1E8 - "The Mask"

Por el Cine/TV

Gotham T1E8 - The MaskUn loco con una máscara negra hace pelear a sus empleados entre sí, con mortales consecuencias. Mientras tanto, el Pingüino se reencuentra con Fish Mooney y Bruce Wayne (con ayuda de Alfred) soluciona un complicado caso de bullying escolar.

Gotham T1E8 - The Mask

La unidad de medida del éxito en cada episodio de Gotham es la cantidad de veces que uno agita los brazos en el aire, a veces seguido del grito "¡Uruguay nomá!". Yo lo hago, mi colega RinTinTin lo hace, y en ocasión de ver algún episodio juntos lo hemos hecho al mismo tiempo, cual pequeñísima tribuna.

Pues bien, el octavo episodio tuvo varios momentos de brazos al cielo, por lo que puedo concluir que estuvo muy bien. Dicho esto, repasemos un poco de lo que se vio por televisión.

Como siempre, las historias de Gotham se dividen en tres corrientes: el caso de la semana, el ascenso del Pingüino en el mundo de la mafia, y la vida de Bruce Wayne luego del asesinato de sus padres, caso que aún permanece sin resolverse.

El "caso de la semana" fue una combinación de Mad Men con El Club de la Pelea: un tal Richard Sionis, que gusta de utilizar una máscara negra, hace competir a sus oficinistas, mientras el resto los mira en un monitor mientras sacude fajos de billetes (comentario al margen: ¿cómo hacen esos que levantan apuestas en el aire, para acordarse de lo que dijo cada persona? Debe ser más jodido que ser mozo).

Gotham T1E8 - The Mask

Uno de estos aspirantes a yuppie cae muerto y genera la investigación policial de James Gordon y Harvey Bullock, cada vez más consolidados como dupla, pese a que Bullock vea con poca gracia que el resto de los policías le haga el vacío a su compañero. Cría fama de ser honesto y échate a dormir.

Los creadores de la serie están cada día más confiados en su historia, en su combinación de seriedad con toques Burtonianos (¡la madre del Pingüino!), y en sus desviaciones del "canon" del cómic. Si es que alguien realmente puede definir un "canon" en 75 años de historias. Lo concreto es que con esta confianza, ganamos todos.

Gracias a ello tenemos a un Edward Nygma trabajando dentro del Departamento de Policía, en pequeñas grageas muy disfrutables. O al enorme Oswald Cobblepot, quien (es de orden aclarar) basa gran parte de su éxito en la actuación de Robin Lord Taylor.

Saltando un ratito al lado mafioso del asunto, otro emparejamiento que dio sus frutos fue el de Fish Mooney (ya ni recuerdo la época en que Jada Pinkett me caía mal) y el Pingüino, en una reunión para limar asperezas, que termina con una de las manos de Oswald con orificio de entrada y salida.

Mientras que Fish continúa con su plan de destruir a Carmine Falcone con ayuda de su m(in)usa encubierta, Cobblepot descubrirá que algo trama su enemiga, tras sacarle la información al pobre diablo que heredó su puesto.

La investigación de Gordon y Bullock a Sionis y sus trabajadores, demasiados de ellos con piñas y machucones, reparará parte de la relación entre Jim y la yuta, en especial con la capitana Sarah Essen, quien lo dejara tirado la semana anterior cuando llegó Víctor Zsasz a la comisaría con el objetivo de hacer que Gordon cantara (brevemente) "Corazón con agujeritos".

Y hablando de Zsasz, el secuestro por parte de este loco dejó a Bárbara un poco trastornada. Parece que la joven se tomará los vientos, al menos de manera temporal, y esto es una buena noticia para todos. Si hay un personaje con el que los guionistas no han sabido qué hacer es ella, y quizás un tiempito afuera sirva para cambiar el panorama. O quizás la semana que viene dicen que se arrepintió y sigue siendo la "damisela en apuros" del caballeroso protagonista.

Para el final dejé a la historia de Bruce Wayne, la que tuvo más brazos al aire y la que por un rato (por suerte) lo sacó de la única habitación de la mansión en la que le gusta pasar el tiempo. El jovencito volvió a la escuela y allí se encontró con un matón, de nombre Tommy (primer chillido liceal al escucharlo) y apellido Elliot (segundo chillido liceal al escucharlo). Digamos que la historia entre Bruce y Tommy tiene mucha tela para cortar. Para cortar en tiras y vendarse el rostro.

Los golpes sufridos por el amo Bruce hicieron que Alfred Pennyworth lo ayudara a encontrar una solución y lo llevara hasta la casa de Tommy. Antes de tocar timbre, le entregó el carísimo reloj de su padre... el que utilizó a modo de piña americana para volarle la jeta al nene. Soy un convencido de que la violencia es el último recurso, pero qué bien estuvieron Alfred y Bruce en esa, por Dió.

Al final, ¿era Richard Sionis el mismo Black Mask del cómic, o será el padre/tío/primo de Roman Sionis? Poco importa, si el entretenimiento continúa a este nivel. Queremos más.

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