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Guardians of the Galaxy: Hooked on a Feeling

Por el Cine/TV
Guardians of the Galaxy: Hooked on a Feeling

Nuestro amigo Nick fue uno de los afortunados beneficiados con dos entradas para el preestreno de esta esperada película (desde hoy, en varias salas). Finalizada la experiencia, decidió compartirla con todos nosotros en esta reseña spoiler free. Bienvenidos a la galaxia Marvel, pasen que hay lugar para todos.

'Guardians of the Galaxy' parecía ser un “bluff”1 de Marvel Studios, pero resultó ser una Escalera Real.

Para quienes no jueguen póker, o no quieran admitir en público a qué se juntan con amigos todos los jueves de noche después de laburar, la apuesta que Marvel realizó con una película basada en personajes “cósmicos” prácticamente desconocidos hasta para el público comiquero, resultaba muy arriesgada y casi incomprensible. Un grupo compuesto por la hija adoptiva de Thanos, un forajido terrícola abducido en su más tierna niñez, un mapache modificado genéticamente y un árbol parlante con corazón de oro, no es exactamente material que anticipe “¡¡¡ÉXITO DE TAQUILLA!!!” en forma inmediata. La elección podría provocar, con toda justicia, necesidad inmediata de preguntarle a Kevin Feige qué tipo de droga dura consume y dónde se consigue.

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Tampoco estimulaba, a la hora de anticipar qué podía salir de todo esto, la ausencia de figuras cinematográficas que permitiesen vislumbrar, por lo menos, algo de arrastre por la fuerza de su nombre. Si Peter Quill hubiese sido Colin Farrel (diosnoslibreynosguarde) o Tom Cruise (noquieroniimaginarmelasimplicaciones), era posible intuir algo de “marea” taquillera de rebote por la fuerza estelar (guiño) de los actores implicados. Sin embargo, las figuras más fuertes que tiene Guardians of the Galaxy en cuanto a peso cinematográfico son Glenn Close, que contará con cinco minutos de participación total, John C. Reilly, que creo que aparece menos, y la dupla de Vin Diesel y Bradley Cooper, antropomorfizados en un árbol y mapache, respectivamente.

Todo demasiado incomprensible para una persona en edad de controlarse la presión y comer sanito, como quien suscribe.

Los primeros indicios de que la cosa podía funcionar los tuvimos con los maravillosos trailers que anunciaban la película. Quien no admita haberse sorprendido ante el Ooga-Chaka que acompañaba las vistosas imágenes, miente o es muy pudoroso para abrir su corazoncito. En esta generación acostumbrada a los bombazos Zimmerianos en cada trailer desde TDK a esta parte (los que estimo en grado extremo, aclaro), la disonancia generaba desconcierto. “No todo tiene que ser oscuro ni todo tiene que ser alegre, en esta vida diversa y mutable hay espacio para todo”, parecía ser el mensaje.

(Como acabo de confesar, trato de encotrar mensajes ocultos en trailers cinematográficos. Estoy a un pasito de ponerme una sábana encima de la cabeza y empezar un culto escatológico de fin de los tiempos en una granja en Flores, bajo el nombre de “Nick, el Acusador”).

Los trailers entusiasmaban. Las reseñas, a medida que se acercaba la fecha, eran inusitadamente positivas. Todo parecía indicar que estábamos ante otra propuesta redondita de Marvel en el campo cinematográfico.

Pocas cosas alegran más que confirmar las mejores sospechas en cuanto a algo que anticipamos mucho. “Guardians of the Galaxy” es una excelente película que maneja efectivamente tiempos de comedia, acción y drama, en dosis exactas para asegurar una enorme sonrisa del espectador al dejar la sala.

“Guardians of the Galaxy” (de aquí en más GotG para evitar acalambramientos de quien escribe) relata la historia de origen, si podemos definirla de esa manera, del grupo homónimo. Peter Quill (Chris Pratt), también conocido (por pocos) como Star-Lord, es un joven terrícola que abandonó su planeta natal en circunstancias misteriosas y dolorosas. Sus poco-legales actividades, al hacerse de un artefacto buscado por las entidades más importantes y siniestras de la galaxia, lo llevan a cruzar caminos con un grupo variopinto y pintoresco de forajidos y descastados, compuesto por una asesina (Gamora, interpretada por Zoe Saldana), un psicópata con literalidad a la hora de la interpretación lingüística (Drax el Destructor, representado por Dave Bautista), así como un mapache de gatillo fácil (Rocket, con la voz de Bradley Cooper) y su fiel bonsai superdesarrollado y autogestionado (Groot, con el vozarrón de Vin Diesel).

El grupo, inicialmente hostil y desconfiado, encuentra un enemigo común en un Kree fundamentalista y genocida empecinado en una gesta de venganza contra mundos enteros, apadrinado por cierto titán azul enamorado de la muerte, con la voz de Josh Brolin. Por ahí aparecen miembros de los Nova Corps (Glenn Close y John C. Reilly), así como cazadores de recompensas (Michael Rooker como Yondu) y coleccionistas de rarezas en general (Benicio del Toro, quien repite su papel rococó como “El Coleccionista”).

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La trama, en la que no ahondaremos para no quemar nada demasiado importante, no tiene mayores vericuetos: grupo-desconfiado-encuentra-McGuffin-y-enfrenta-amenaza-cósmica, etc. Lo interesante es el encare que el director, James Gunn, le da a la película, centrándose en el viaje de cada personaje para encontrarse a sí mismo y el uno al otro. GotG brinda instancias de calidez y humanidad sumamente efectivas, con un enorme corazón para retratar a los cinco “perdedores” que componen el conjunto principal de personajes. La historia de Peter Quill, excelentemente representada por un muy efectivo Chris Pratt, llega en particular, apoyándose en un actor que se mueve con comodidad entre la comedia y el drama, para volver siempre a la carcajada bien lograda.

Los villanos de la película están muy bien retratados, con un Ronan representado con contundencia por un Lee Pace irreconocible que aporta gravedad y locura a un papel muy bien logrado. Parece que haberse dejado de “empujar margaritas” hizo maravillas con la carrera de este talentoso hombre. La ex-Dr Who, Karen Gillian, aparece despojada de su hermosa cabellera pelirroja habitual, para dar vida a una asesina inquietante (y calva). No es difícil anticipar que las consecuencias de las acciones emprendidas por estos indeseables, así como la posible reacción posterior del empleador y/o padre adoptivo de los malosos, van a sentirse hasta en la tercera fase de películas Marvel.

Sin embargo, los que se roban la película por destrozo son el mapache y el árbol. Cooper encarna a la perfección un personaje pendenciero, traumatizado, con momentos soprendentemente conmovedores (lo que lloraron dos chiquitas de unos cinco años que tenía sentadas atrás, no tiene nombre; lo que se rieron, tampoco). Groot, encarnado perefectamente por la animación implicada y la voz de Vin Diesel (de pie, señores), presenta una gama interesantísima de emociones apoyada en un rango de vocabulario limitado a cuatro palabras (guiño guiño). Un personaje fenomenal que arranca las emociones mejor logradas, con intervenciones perfectas. Fantástico, de verdad.

(Estimada Kristen Stewart: si un árbol logra más expresividad con cuatro palabras de lo que lograste en toda tu carrera, te invito amablemente a dedicarte al corte y confección. Sinceramente, Nick.).

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La banda sonora ochentosa, como anticipa el trailer, acompaña y enriquece enormemente a GotG. Los efectos especiales son de primer nivel y realmente permiten sumergirse en el universo visionado por Gunn y compañía. Las referencias a la cinematografía más cienciaficcionesca están a la orden del día, y si no encuentran ecos de Star Wars, Firefly y demás íconos del género, no están prestando atención.

En conjunto, una película redondita, enormemente disfrutable de punta a punta, que arranca carcajadas y alguna lágrima traicionera en dosis justas para asegurar el deleite de quien se expone a un espectáculo efectivo y afianzado en momentos de un corazón enorme. Cuenta el director Gunn que, en charla con Joss Whedon después de un screening muy preliminar, Whedon le sugería agregar “más James Gunn” a GotG. El resultado final es bien personal, con un énfasis muy fuerte en acompañar el camino de los personajes, más que en su destino final. Sin dudas, este trayecto es enormemente disfrutable.

De lo mejor del año, por varias, varias cabezas. Ya hay segunda parte asegurada y, si el público acompaña a una propuesta de ciencia ficción superheroica magnífica, ojalá estemos ante la primera apuesta de este estilo, de muchas comparables que se den en el futuro.

Hay escena post-créditos, o quizás dos: una inmediatamente al finalizar la película, que cimienta la sonrisa del que sale de la sala, y una final absolutamente prescindible, a gusto de quien suscribe. Inesperada, eso sí. Como todo lo relacionado a “Guardians of the Galaxy”.

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1 Quien utiliza “farol” en lugar de este término arderá en los fuegos de nueve infiernos por el resto de la eternidad. He dicho.

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