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Hannibal T1E8

Por el Cine/TV

Hannibal T1E8Hannibal Lecter tiene su propio "Following", aunque bastante más pequeño que el del tarambana de la serie de Kevin Bacon. Esta semana, el caníbal debe lidiar con las consecuencias de estos groupies, uno de los cuales terminará a las ñapis con él.

Hannibal T1E8

El capítulo de esta semana de Hannibal, serie con la que Mads Mikkelsen se está ganando el premio de mejor Hannibal Lecter de la pantalla, fue diferente a todos los anteriores. El espectador tuvo claro casi desde el comienzo que esta no es otra ficción con el "caso de la semana" y quedó demostrado otra vez.

Es cierto que hubo asesinos que entraron y salieron (por lo general salieron con las patas para adelante), y es cierto que el doctor Lecter tuvo que ver con la captura o desaparición física de muchos de ellos, pero hasta el momento Bryan Fuller y los suyos no han coqueteado con la idea de Hannibal como antihéroe.

Hannibal es un sofisticado sobreviviente, que utiliza a los asesinos para su provecho (distraer a la policía de sus propios crímenes, por ejemplo), pero que no duda en eliminarlos, o ayudar a que los eliminen, por esos propios motivos egoístas. No hay cariño desde el televidente en un caníbal que mata malos... para poder seguir matando buenos.

Esto no quiere decir que uno no se maraville ante el personaje, quien muy lentamente va dejando salir algunos detalles de su complejísima mente. Menuda tarea tiene su psiquiatra, interpretada por Gillian Anderson, para tratar de entenderlo. Esta semana hizo importantes avances, sobre todo en lo que respecta a su relación con Will Graham.

Parece que Lecter lo considera su amigo, y si bien el doctor es capaz de esconder sus verdades bajo kilómetros de mentiras, alguna expresión en su rostro parece indicar que esto es verdad, o al menos que el propio Lecter se lo cree.

Will Graham es, por supuesto, el otro gran protagonista (sobre todo del octavo episodio), un investigador cuya capacidad de ponerse en el lugar de los asesinos es tan efectiva para la policía como nociva para él.

Las relaciones entre pares de personajes fueron los puntos más altos de un capítulo que flaqueó cuando tuvo que meterse en la acción, mostrando a un Lecter a las piñas contra su némesis, el tipo que hacía cuerdas para instrumentos musicales con tripas de fulanos.

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Pero volvamos a lo bueno, porque hubo grandes momentos. Uno de ellos fue el sorpresivo (en ese instante, no con respecto a lo que venimos viendo en la serie) beso entre Will y la doctora Alana Bloom. Las frases de Alana luego del ósculo, lejos de ser clichés, pasaron por la mente de este reseñador muchas veces en su existencia, así que la entiendo. Hay momentos en los que uno desearía pensar menos las cosas, para que funcionen mejor. Pero cuesta.

Esto no es una terapia personal (tengo seis libros para eso), así que es hora de regresar a la ficción. Ya repasamos esta dupla y la de Will con Lecter, resta hablar de Lecter y Tobías (el de las cuerdas).

Mientras el duelo fue dialéctico, la serie funcionó a la perfección y a toda velocidad. Queda claro que Hannibal es un ser que dentro de ese universo despierta pasiones. Si el tarambana de The Following tenía tipos que lo consideraban inteligente, Lecter perfectamente puede tener groupies.

Momento Kodak: después de cenar, Lecter le dice a Tobías que pensó en matarlo, pero que no lo envenenó. "No le haría eso a la comida".

Cuando queda claro que la ciudad es demasiado pequeña para los dos, y que uno de los asesinos tiene que morir en manos del otro, la cosa se resuelve de manera demasiado... ordinaria. Está bien, es interesante ver cómo una persona que siempre está en control de la situación, como Hannibal, se enfrenta a alguien que de buenas a primeras lo quiere matar. Pero fue larga, o mal coreografiada. Igual es una crítica menor.

Si apartamos la ensalada, el resto del plato está de rechupete.

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