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Hannibal T2E5

Por el Cine/TV

Hannibal T2E5La combinación de hermosas imágenes, una música inquietante y personajes complejos, transforma cada semana a Hannibal en una rareza que merece extenderse en el tiempo. El capítulo de esta semana, con el regreso de Eddie Izzard, no fue la excepción.

Hannibal T2E5

Es difícil no sonar repetitivo en estas reseñas, pero es obligación señalar el alto nivel de Hannibal, serie que se atrevió a contar una gran historia que se arrastra desde la primera temporada, y que continúa gracias a una renovación que llegó en los descuentos (y que se festejó como un gol en los descuentos).

Desde que comenzó la serie, Hannibal Lecter fue bautizado de varias maneras por los investigadores del FBI. Se lo llamó el Destripador de Chesapeake, el Copión y hasta el Admirador. Sin embargo, tanto nos acostumbramos a creer que el doctorcito es el culpable de todos los males, que esta semana tuvimos una (des)agradable sorpresa.

Vayamos por partes. Todo comenzó con la confirmación del cierre del cuarto episodio, cuando Beverly Katz recorría el sótano de la casa de Lecter. Este personaje, que había logrado zafar de sus dos compañeros para transformarse en una interesante adición a la serie, se acercó demasiado al monstruo que da nombre a la ficción y pagó las consecuencias.

Fue así que el dueño de casa la congeló, la seccionó y la presentó en capas entre vidrios, como si se tratara de un espécimen para investigación. Otro duro golpe para Jack Crawford, quien ya perdió colegas en manos de este criminal, al tiempo que sufre por la inminente muerte de su esposa.

Qué ironía, Hannibal no sólo lo contiene sino que evitó el suicidio de la Sra. Crawford, pese a que ella le había manifestado que era su voluntad. "Creo que soy mejor amigo que terapeuta", le dice el doctor, y Jack se lo cree.

Pasó mucho en este episodio, repleto de conversaciones, cada una de ellas con momentos y frases que perfectamente podrían transformarse en memes si hubiera más gente mirando. El ida y vuelta entre la fisgona Freddie Lounds y Hannibal, por ejemplo, es solamente uno de los platos fuertes.

Antes de eso presenciamos cómo Will Graham realizó una excepcional salida de su celda, para revisar la escena del crimen de su amiga. Llegó hasta ahí de máscara y atado, en un nuevo guiño a la única película del doctor Lecter que tiene la aprobación unánime del público.

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Sabemos de la calidad interpretativa de Mads Mikkelsen y de Hugh Dancy, pero esta semana el que se recibió con honores fue Raúl Esparza como el doctor Frederick Chilton, el infame administrador del hospital psiquiátrico en el que está encerrado Will.

Chilton no solamente es un vanidoso con deseos de fama; es un manipulador, que se cree capaz de jugar con el doctor Lecter, sin tener en cuenta que ya perdió un riñón por meterse con un rival bastante menos inteligente.

Ese rival es Abel Gideon, a quien convenció de ser el Destripador de Chesapeake en la temporada anterior. Eddie Izzard volvió en este episodio, para disfrute de los espectadores, y protagonizó un idea y vuelta con Graham, de una jaulita a la otra.

Por último, cabe destacar a "la sopresa", el responsable de al menos uno de los crímenes que vimos esta temporada y que era fácil endilgarle a Lecter. Se trata de un enfermero espeluznante, cuya devoción por el superempático Graham fue aprovechada por éste, para enviarlo en una misión muy sencilla: matar a Hannibal.

El cierre del episodio nos mostró este nuevo intento por acabar con la vida del caníbal, que se salvó por información que corrió de boca a boca y que permitió salvarlo y de paso bajar un poco el nivel de sospechas sobre él. Al mismo tiempo, su sobrevivencia evitó que Will se convirtiera, efectivamente, en asesino (al menos como autor intelectual).

Hannibal sigue vivo. Pierde el mundo, ganamos nosotros. Siempre y cuando no nos crucemos con él.

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