Home Cine/TV Hotel Transylvania (2012)

Hotel Transylvania (2012)

Por el Cine/TV

Hotel Transylvania (2012)Tartakovsky, creador de Samurai Jack, el Laboratorio de Dexter y la primera versión animada de Clone Wars, llega a cines con su primera producción animada CGI, centrada en los esfuerzos de un conde vampiro por proteger a los monstruos de los humanos. ¿Diversión efectiva o humor sin dientes?

Hotel Transylvania (2012)Si hablamos de “Samurai Jack” o “Clone Wars” (y en menor medida para este redactor, ya sea por desconocimiento o falta de conexión, “El Laboratorio de Dexter”), dan ganas de pararse y aplaudir al ruso Genndy con entusiasmado tempo soviético. Tartakovsky demostró más de una vez tener una visión particularísima para la creación e interpretación de personajes animados, generando un corpus inmediatamente reconocible y disfrutable.

Hotel Transylvania” es la primera producción cinematográfica de animación CGI del ruso. Como ocurre cada vez más seguido en el mundo de la animación hoy en día, las propuestas son cada vez más variadas y, a juicio de quien suscribe, más “borroneadas” en cuanto a público objetivo que perseguía el rubro unos años atrás. Cuando antes se vislumbraba con claridad a una audiencia principalmente infantil como objetivo de películas como “Bambi” o “Dumbo” (para poner dos ejemplos bien obvios y de una palabra), producciones como a las que nos tiene acostumbrados en la actualidad Pixar o Dreamworks son mucho más difíciles de categorizar.

Bambi” era una película netamente infantil, más allá de algunos puntos lúgubres que obligaron a mi madre a convencerme de que los cazadores se habían llevado a la madre del bicho a “pasear” y no a engalanar una fuente marinada en escabeche con papas a la española.

Supongo que la tonalidad morada de mi cara con el llanto la habrá motivado a esta mentira piadosa.

Hotel Transylvania (2012)De manera similar, si uno piensa en “Up”, “Wall-E” o en la serie “Toy Story”, a pesar de un vehículo notoriamente infantilizado, las temáticas y narrativas pueden ser ampliamente disfrutadas por adultos y niños por igual. De hecho, los más grandes quizás se lleven los mejores momentos de guiones construidos en capas de decodificación con distintos niveles de profundidad, que muchas veces apuntan a miedos del mundo adulto, generalmente preocupado por condimentar la carne de ciervo. 

En el caso de “Hotel Transylvania”, la historia toma un tema extremadamente en boga (monstruos humanizados) para narrar una historia de paternidades obsesivas, con reflexiones sobre la necesidad de emancipación y el peligro de la categorización de un grupo de individuos a partir de un rasgo superficial o constitutivo. Por suerte no estamos hablando de un bodriazo que haría feliz a la directiva de algún registro cinematográfico uruguayo, sino de una película endemoniadamente entretenida, que muestra el sello Tartakovsky con orgullo.

Cuenta la leyenda (o más bien los primeros cinco minutos de película) que el Conde Dracula tuvo una hija. Una niña pequeña, preciosa, colmilluda y con adorables ojitos de murciélago-cachorro. Draculapapá es un ser tan atormentado por la pérdida de su esposa a partir de la intolerancia humana (léase “intolerancia” como “antorchas” y “azadas”), que decide construir un sancta sanctorum para monstruos, un hotel en el medio de la provincia rumana, donde los protagonistas de diferentes leyendas terroríficas puedan retirarse para descansar del asedio del “homo sapiens sapiens” durante un tiempo. En un mundo cada vez más intolerante, los monstruos (mayoritariamente inofensivos, si consideramos que el Conde toma la versión hemoglobínica del Aspartil, a fin de evitar la cantidad de “grasas saturadas” que tiene la sangre humana) son el objetivo de la persecución constante de los humanos.

Hotel Transylvania (2012)Por supuesto, con antorchas.

Y azadas, no olvidemos las azadas…

… o al menos esto es lo que cree un Dracula tan traumatizado como obsesivo en su cuidado paternal.

Cuando su hija cumple 118 años, la comunidad monstruil se une en festejo y gozo por tan magna fecha. El Hombre Lobo, Frankenstein, La Momia, el Hombre Invisible, todos con sus respectivas familias, concurren al establecimiento para pasar una temporada entre amigos, relajándose en un ambiente 100% “human-free”. El problema principal que afronta el Conde radica en la inquietud de Mavis, su hija, ante la evidente claustrofobia que genera vivir en un castillo por más de un siglo. El mundo es un lugar enorme, lleno de sorpresas y cosas que ofrecer a quien esté dispuesto a explorarlo. Un castillo, por más grande que sea, asfixia después de los primeros 50 años, calculo. Por supuesto, Dracula no se muestra tan entusiasta con las ideas de Mavis. El destripamiento de tu señora esposa por una turba iracunda frente a tus propios ojos tiende a tener ese efecto.

Hotel Transylvania (2012)Un elemento que complejiza aún más la ecuación es la llegada por primera vez de un humano, Jonathan, al Hotel Transylvania. Con la inconsciencia típica de la juventud, el muchachito llega guiado a través de una mezcla de GPS, indicaciones y advertencias, no creyendo en la naturaleza siniestra de la comunidad hotelera. Todos hemos estado en algún hotelucho de mala muerte donde la pulga más chica pagaba patente y la mancha de humedad más discreta aportaba contribución inmobiliaria (confiesen, confiesen). ¿Qué tan malo puede ser un lugar pintoresco en medio de la Wallachia con renombre folclórico?

Para la salud mental y emocional del mentado mochilero, bastante.

Hotel Transylvania (2012)“Hotel Transylvania” presenta un desarrollo argumental medianamente predecible para una producción de esta naturaleza. La historia, sin embargo, es ligeramente atípica en tanto no presenta, como es cuestión regular en este tipo de películas, un villano específico. Las fuerzas antagónicas a los protagonistas no están tan encarnadas en un algo-alguien externo que lo amenace u obligue a superarse, sino en sus propios miedos, fobias, temores y obsesiones. La narrativa, sin embargo, se desarrolla en una sucesión de gags a veces predecibles, generalmente brillantes, que le da un aire ligero y disfrutable a los noventa minutos y cambio chico que dura su desarrollo. De las últimas producciones animadas que han llegado a nuestras pantallas, “Hotel Transylvania” fue la que más sonrisas y risas me provocó, aunque recomiendo no ver el tráiler, de ser posible, para no autoarruinarse los momentos más graciosos. Los momentos más graciosos alternan con momentos introspectivos donde el lenguaje corporal de los implicados generalmente añade, al mejor estilo del ruso, muchísimo a la narración.

Hotel Transylvania (2012)De manera atípica para nuestro medio, donde “dibujo” u “animación” se asocia inmediatamente con “infante que no quiere leer”, la película se está proyectando en este momento en contadas salas en su idioma original. Rara ocasión tenemos, entonces, para evitar escuchar los doblajes espantosos latinos que generalmente utilizan terminología típica del Caribe o vaya a saber uno dónde, con la subsecuente comezón de testa analizando diccionarios internos de español. Adam Sandler, quien también produce la película, encarna a un Dracula hilarante, por más que el acento rumano fingido por momentos provoca un ligero limado de las muelas posteriores por lo cansino. Sandler dejó de ser gracioso hace cosa de diez años, lo triste es que nadie le avisó. De todas maneras, banco al tipo que tanto me hizo reír con su guitarra en SNL. Mavis está encarnada correctamente por Selena Gómez, quien me informa la muchachada es una señorita relativamente popular en estos días. Andy Samberg, el mostro de SNL y The Lonely Island (¿sienten ese chirrido agudo, señores?; son los dientes de HdCN rechinando ante esta afirmación), encarna a un convincente Jonathan, con una dosis de juventud y tontera adecuadas. Hay elecciones hilarantes al estilo de contar con Fran Drescher (La Niñera) como una esposa de Frankenstein de voz absolutamente irritante, o Steve Buscemi como un Hombre Lobo desesperado por camadas de cachorros hiperactivos que exceden la veintena.

Hotel Transylvania (2012)“Hotel Transylvania” es una propuesta ligera, visualmente atrapante, con una historia que, a través de importantes dosis de humor, trata socavadamente el tema de las fobias, la intolerancia y el miedo a lo que es distinto e inusual. La idea de “crecer”, de dejar el nido (de murciélago) y largarse a un mundo que puede resultar intimidante pero que paga con creces el salto de fe, permea una trama desarrollada con gran habilidad por Genndy Tartakovsky.

Gracias a un palito adicional a “Twilight” hacia el final, la película suma puntos en la tarjeta de recomendación de este redactor. Al fin y al cabo, hasta “Hotel Transylvania” tiene mejores vampiros, lo que sabemos que no quiere decir mucho. Hay más de uno al que le faltaría una temporada en un hotel siniestro para revalorizar nuestros miedos mitológicos. En este sentido, “Hotel Transylvania”, más allá de hacer uso de lugares comunes de nuestros días, revaloriza el lugar y la importancia de los monstruecos que tanto nos asustaron durante nuestra infancia, cuando matar un ciervo te llenaba los ojos de lágrimas y ver bailar a los demonios en el Monte Caspio te provocaba un despertar húmedo la noche siguiente (no es una historia real, para nada).

Muy recomendable, o como diría el Conde, “blah, blah, blah”.

Hotel Transylvania (2012)

Columnas
next8
Up, up and away!
Valid HTML5 Valid CSS3