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House of Cards: cuarta temporada

Por el Cine/TV

House of Cards: cuarta temporadaFrank Underwood continúa siendo un hijo de puta invencible. Claire Underwood otra vez es la Reina de las Nieves que lo acompaña. Algunas cosas se mantienen, sin embargo surgen nuevos obstáculos. ¿Serán tan grandes como para que la serie siga teniendo gracia?

House of Cards: cuarta temporada

Pasó y se fue una de las series más atrapantes de la producción original de Netflix, la que puso a los servicios de streaming en la conversación y una de las que más justifica el binge watching o "atracón televisivo", debido a su compleja temática y el gran número de personajes que maneja.

La complejidad de House of Cards se ponía de manifiesto en los primeros episodios de la temporada debut, cuando conocíamos a Frank Underwood, el whip del Partido Demócrata (el partido gobernante). Su rol, básicamente, era el de apretar a los congresistas del partido para que acataran la disciplina partidaria y aprobaran las leyes.

Bicho político sin una gota de escrúpulos, es traicionado a poco de que lo conozcamos y eso comienza una serie de manipulaciones, traiciones, apretes y hasta (¡oh!) asesinatos que dispararon su carrera política primero hacia la vicepresidencia, luego la presidencia y actualmente lucha por la reelección.

Desde sus comienzos transita el mundo del poder de la mano de su esposa, Claire Underwood, quien por momentos fue su par (cuando convenía) y por momentos se convirtió en otro peón de sus jugadas maestras. Hacia el final de la tercera temporada, la impecable primera dama se hartó del lugar que estaba ocupando y decidió tomar su propio camino, abandonando al presidente en medio de la campaña electoral del partido.

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Así comenzaba esta nueva tanda de episodios, con el aparato oficial tapando los agujeros que dejaba la ausencia de Claire en los actos políticos, muy bien retratados por los creadores de la serie. Un primer "arco" de la temporada es esta "Guerra Civil" entre esposos que si se quieren es solamente porque se necesitan para seguir cerca del poder.

Esta vez será Claire quien ocupe un lugar central en la narrativa, tal vez porque Frank se ha vuelto demasiado irredimible (aunque uno agradece que hayan disminuido los homicidios). A través de la cámara, muchas veces en episodios dirigidos por Robin Wright, entendimos lo que pasaba por su cabeza, supimos de los familiares que le dijeron que no se fuera con aquel hombre y la vimos volver con toda la fuerza a consolidar su matrimonio. Porque eso era lo que se necesitaba para no irse de la Casa Blanca.

La historia de Claire es solitaria, incluso cuando está rodeada de personas. Sin embargo, se atreve a desarrollar su propio elenco. Primero está la asesora que interpreta Neve Campbell, lejos de la época gritona de la serie Scream. Su madre es quien le recuerda las decisiones que la acercaron a Frank (y la alejaron de ella). Y después está, de nuevo, el enorme Thomas Yates.

Yates es recordado como el escritor que se acercó a los Underwood con el objetivo de escribir un libro sobre el plan de generación de trabajos y ahora volvió en una posición mucha más cercana, escribiendo discursos y acompañando a Claire en varias maneras. Sí, incluso en esa, aunque en esta temporada el voltaje sexual estuvo alimentado por pilas AAA.

Lo más notable de este personaje, de nuevo, es que detrás de él está el actor Paul Sparks, recordado por ser el megapaparulo de Mickey Doyle en Boardwalk Empire y convertido casi en un galán de telenovelas (en el mejor sentido) en esta serie.

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Por aquí el Team Claire. ¿Qué pasaba con el Team Frank? Kevin Spacey limita sus roturas de la cuarta pared, al punto de hacerlas disfrutables y no agotarlas. A su lado está el eterno Doug, quien en la primera mitad de la temporada parece regresar a su nivel más frío y calculador, para desplomarse en la segunda con una nueva obsesión cuasi romántica. Frío o caliente, siempre dará gusto escuchar su tono de voz.

Seth le pone un poco de pimienta al equipo con sus imperfecciones y la pobre secretaria de Estado Cathy Durant cabecea centros y se liga un par de pelotazos en la espalda, a veces en el mismo episodio. A veces en la misma escena. Y Meechum... cómo vamos a extrañar a Meechum.

Su deceso es parte del hecho que dispara (jo) el segundo "arco". Hablo del atentado contra el presidente, de parte del loquito de Lucas Goodwin, convencido de que Frank es tan sorete como todos nosotros lo sabemos.

Otra vez se dio uno de los puntos flacos de House of Cards: cómo de los peores momentos de los Underwood siempre terminan sacando el mayor rédito. ¿Cómo pensar que algo les puede salir mal, cuando de estar al borde de la muerte nuestro protagonista regresa renovado y con ventaja electoral?

Los episodios empiezan a agotarse (en pocos días) y volvemos al familiar juego de candidaturas, esta vez centrado en la posibilidad de que Claire sea la compañera de fórmula de Frank. ¿Por qué? Porque es la única forma de que el matrimonio termine las elecciones con más poder que con el que empezó. Cumplida esta meta, restaba la aparición de un nuevo antagonista, que le agregó algo de picante a la cosa.

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Will Conway es el anti-Frank. Es joven, apuesto, tiene una estrecha relación con su mujer (nada estrecha ella) y juntos tienen dos hijos. Es el candidato a la presidencia por el Partido Republicano y va primero en todas las encuestas. En los papeles, y se explicita en la serie, parece el perfecto candidato demócrata... pero en el mundo de House of Cards los partidos son solamente facciones que se disputan el Salón Oval.

En ambas campañas se utilizan recursos informáticos para descubrir lo que el público piensa y lo que el público quiere, aunque aquí también fallen los guionistas. Tal vez este uso de los algoritmos de Internet sea lo más "real" de todo lo que vemos en la serie, pero de la forma en que nos venden la idea, suena a paparruchada de Minority Report.

De cualquier manera, la llegada de Conway revitaliza la serie, que se prepara para el último gran arco de este año, centrado en la amenaza de un grupo islamista y de un par de estadounidenses que deciden ponerse del lado de aquellos que vienen siendo bombardeados por el ejército de su propio país. El extremismo que genera extremistas.

Que tres personas estén a punto de perder la vida no apaga las ansias electorales sino que las afina, y por momentos Frank y Will practican un ballet de dejar en evidencia los errores del otro al tiempo que buscan sacar provecho de la situación.

House of Cards: cuarta temporada

En medio de todo esto y aprovechando las defensas bajas, un periodista parecido a Pablo Aguirrezábal recopila información y testimonios que prueban lo que los espectadores ya sabemos: que los Underwood vienen cometiendo delitos desde que los estamos siguiendo. El regreso de personajes queridos como el morocho de las costillitas o personajes pelotudos como el ex presidente contribuye a darle una unidad a los cuatro años de la serie. Jackie Sharp y Remy Danton también tuvieron sus momentitos de gloria.

El cierre de la temporada, la última media hora del último capítulo, gana en dinamismo y en tensión, aunque se repitan las mismas fórmulas simplemente con mayor intensidad. Un Frank más Damien (La Profecía) que nunca aprovechará un hecho atroz para instalar el miedo en la sociedad y dar vuelta la elección nacional.

Durante los meses que restan para saber cómo continuará la historia, el Estados Unidos "de verdad" nos ofrecerá unas elecciones que por ahora traen elementos que parecen sacados de la ficción. Ojalá los guionistas estén atentos, porque por momentos de esta cuarta temporada, la realidad parecía superar a la ficción. Y no nos gusta cuando eso pasa.

Como siempre que termino de ver una película o serie que trata sobre las elecciones, no puedo hacer más que recomendar que lean Transmetropolitan. Seguiré insistiendo hasta que lo hagan. Ya me lo van a agradecer.

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