Home Cine/TV House of Cards: segunda temporada

House of Cards: segunda temporada

Por el Cine/TV

House of Cards: segunda temporadaContinúan las andanzas de Francis Underwood, un tipo al que le truncaron el pase hace unos meses y desde entonces fue construyendo su propia escalada hacia el poder. El problema es que esa escalada es infalible, demasiado meticulosa y sin enemigos poderosos o con motivaciones más mezquinas que las suyas.

House of Cards: segunda temporada

House of Cards: segunda temporadaFrank Underwood era un político jodido, en un mundo en donde el pez grande se come al pez chico, o el pez chico consigue el apoyo de otros peces chicos y entre todos se comen al pez grande. Kevin Spacey se comió (todo es comida) la serie y volvió en una segunda tanda de episodios, continuación directa de la primera temporada.

Estos trece episodios fueron lanzados por Netflix de un solo cachón en febrero de este año. Y si bien el nivel de las actuaciones continúa en lo más alto, por momentos parece que Frank fuera el único sorete en un mundo de paparulos.

Es cierto que hay otros personajes que se mueven por intereses espurios, cambian de opinión por conveniencia y cometen unos cuantos pecadillos. Al lado de ellos, el protagonista (y en menor medida su esposa, de nuevo enorme Robin Wright) parece Damien, el Anticristo de la saga La Profecía.

Hasta el mismísimo presidente de los Estados Unidos parece ciego ante las puñaladas traperas ejecutadas por Underwood o alguno de sus títeres. Así transcurre esta temporada, en la que prácticamente todo lo que puede salirle bien al nuevo vicepresidente, le sale bien. Como si sólo se aplicara en él una ley de Antimurphy (Anticristo, Antimurphy... mucha casualidad).

Por momentos es tan buen ajedrecista que aburre, y eso es un pecado en esta clase de series. Cada vez que habla con algún coleguilla de Washington uno sabe que la suerte terminará de su lado y que si el otro no está de acuerdo con la opinión de Francis era porque Francis quería que el otro fuera, precisamente, en la dirección opuesta.

Sobre la segunda mitad de la temporada, las cosas cambian un poco. Por supuesto que habrá amigos y enemigos de los Underwood que sufrirán las consecuencias de acercarse a estos dos, pero nunca queda la impresión de que exista un bando enemigo, o al menos que la combinación de enemigos puedan costarle más de un dolor de cabeza a nuestro destructor favorito de la cuarta pared.

Van 26 episodios y seguimos sin encontrar a un rival de fuste para Spacey. Incluso cuando quiere mostrárselo "nervioso" y "preocupado", tiene más control sobre la situación que cualquiera de los demás personajes de la serie. Para peor, los obstáculos que le arroja su enemigo de medio pelo terminan ayudando a Francis a seguir por el camino ascendente.

El arco de simpatía de los Underwood, para todos aquellos televidentes que cuenten con un mínimo de amor por la especie humana, esta temporada es así: amás odiarlo, cada vez más, después hay un milisegundo en el que te da un poco de penita y después terminás sintiéndote culpable por ese milisegundo. Como una vez que tiré un papel de alfajor a la calle en 2007 y todavía no me lo perdono. No tengo madera de político.

Lo más parecido a un personaje para "hinchar", después de que los más humanos se borran con mayor o menor ruido, es el señor presidente (un muy humano Michel Gill), quién lo hubiera dicho. Claro que el combate no es sencillo, porque estamos hablando de una persona poderosa contra el Anticristo, y por lo que tengo entendido el presi no es portador de una de las dagas de Meggido. Dios lo libre y lo guarde.

House of Cards: segunda temporada

Columnas
next8
Up, up and away!
Valid HTML5 Valid CSS3