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House of Cards: tercera temporada

Por el Cine/TV

House of Cards: tercera temporadaDespués de una segunda temporada en donde la maldad de los Underwood fue llevada hasta lo grotesco, la pareja adicta al poder vuelve a mostrarnos un poquito de humanidad, gracias al frágil lugar en el que se encuentran y a antagonistas con bastante más peso que antes.

House of Cards: tercera temporada

House of Cards: tercera temporadaLa segunda temporada de House of Cards nos presentó a un Francis "Frank" Underwood mezcla de Damien en las películas de La Profecía y el Satanás que interpretaba Al Pacino en El abogado del Diablo.

Durante 13 episodios fuimos testigos de una carrera de obstáculos sin obstáculos, con el vicepresidente de los Estados Unidos sudando muy poquito para pasar de ser el #2 de su país a ser el #1.

Si habrá sido fácil, que su principal oponente fue un palurdo que nadie se explica cómo hizo para llegar hasta la Casa Blanca en primer lugar, si es verdad que la política estadounidense es una maraña de víboras atacándose todo el tiempo (casi el leitmotiv de la serie).

Con todos estos reparos me enfrenté a la tercera tanda de episodios, que no llegaron al alto nivel del debut, pero que corrigieron la mayoría de los errores del año anterior, empezando por la brutal falta de antagonistas de peso.

Alcanza con nombrar al archienemigo perfecto de cualquier presidente de Estados Unidos: el presidente de Rusia. Si bien no apareció en la mayoría de los episodios, la presencia de Petrov se hizo sentir durante toda esta temporada, en gran parte gracias a la brillante/austera interpretación de Lars Mikkelsen, el hermano de Mads (Hannibal Lecter). Sospecho que la familia Mikkelsen ponía en el tazón de cereales de los nenes un ingrediente secreto que mezclaba calidad y maldad.

Gracias al ruso y a una oposición (en particular dentro del Partido Demócrata) más competente que en otras ocasiones, Frank y Claire Underwood tuvieron las cosas más difíciles y por momentos generaron la simpatía del espectador, que esperaba que cumplieran sus objetivos, algo impensado en la temporada anterior.

House of Cards: tercera temporada

Ayudó que tanto Kevin Spacey como Robin Wright estuvieron más medidos y menos supervillanos. Apenas si hubo un momento en el que la historia se fue al carajete, protagonizado por Frank y el flaco Jesú, en el que sólo faltó un cura que atravesara al presidente con una daga de Megiddo, de esas que matan Anticristos.

El resto del elenco, con más o menos minutos de pantalla, estuvo en gran nivel, especialmente el atormentado Doug Stamper, el pragmático Remy Danton y Jackie Sharp, la verdadera belleza de la serie (que me perdone Robin).

Un capítulo aparte merece Thomas Yates, encargado de escribir la biografía de Frank. Paul Sparks lo interpreta en gran forma y es casi imposible encontrar detrás de esa barba desaliñada al tonto de Mickey Doyle, eterno zopenco de Boardwalk Empire. Lo de "capítulo aparte" fue porque a mí me gustaba muchísimo esa serie.

Los guionistas se habrán encontrado con un desafío al finalizar la segunda temporada. ¿Hacia dónde puede seguir subiendo un hombre que llegó hasta el techo? Ya lo acompañamos durante su ascenso y ahora lo veremos en la complicada tarea de mantener todo lo que consiguió. Perder el poder parece ser algo peor que no haberlo tenido nunca.

La primera mitad de la temporada se ocupará de esta idea, mientras que en la segunda empieza a colarse el cambio en la relación entre los Underwood. Todo esto desembocará en el más anticlimático de los tres finales de House of Cards que hemos tenido hasta ahora, el que menos cabos ata y que más nos deja con la necesidad (que no es lo mismo que dejarnos con las ganas) de ver cómo continúa la historia.

Por suerte esto se compensa con el mencionado regreso a los mejores momentos de la serie, los más humanos, incluso para este par de soretes.

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