Home Cine/TV In Time (2011)

In Time (2011)

Por el Cine/TV

In Time (2011)De unos años a esta parte, el reinado del remake hace difícil encontrar películas “de género” originales. Precisamente, del “tiempo” y sus consecuencias trata “In Time”, reciente filme de ciencia ficción transhumanista y distópica de Andrew Niccol. ¿Funciona o es una pérdida de tiempo?.

In Time (2011)Barajar lo que queremos frente a lo que tenemos que hacer no es tarea fácil. Sea cual sea la necesidad que enfrentemos, externa o interna, impuesta o buscada, la ecuación generalmente se resume en la sensación de “ojalá tuviese más tiempo”. A veces parece que la vida se nos escurre como un puñado de arena en la mano y cuanto más apretamos, menos queda.  ¿Qué pasaría si tuviésemos todo el tiempo del mundo? ¿Qué ocurriría con la sociedad si se descubriese la forma de vivir para siempre, eternamente joven, sin temor a la vejez o a la enfermedad?.

En cierta medida, estas son las preguntas centrales que guían a la película “In Time”, la última película dirigida y escrita por Andrew Niccol, el neozelandés que escribió “The Truman Show”, “Gatacca” y “Simone” (estas últimas dos también dirigidas por él). Mucha gente, sobre todo el público femenino, recordará “In Time” como uno de las películas protagónicas del ex-boyband Justin Timberlake. Por mi lado, prefiero recordarla como una de las pocas propuestas de sci-fi originales del 2011.

La premisa de la película es muy interesante. En un futuro indeterminado (algunos elementos apuntan a la inmediatez pero otros a miles de años en el futuro, con una contrastante estética casi contemporánea para la vida cotidiana) la humanidad realiza un descubrimiento sorprendente: el secreto de la inmortalidad. A partir de este logro es posible dejar de envejecer a los 25 años y mantenerse indefinidamente en esa edad, siempre y cuando se pueda pagar el costo implicado (estos "dulces" siempre traen aparejado un precio alto).

In Time (2011)Como podría resultar predecible para cualquier sociedad humana, este descubrimiento genera al poco tiempo una brecha social enorme entre los que pueden “pagar” más años de vida y los que no. En este futuro imaginario habrá inmortalidad y falta de temor a las cuestiones que nos aterran día a día, pero siguen existiendo ricos vs. pobres en una dicotomía descarnada entre los que tienen (tiempo, en este caso) y los que no.

Todos los seres humanos de esta sociedad están diseñados genéticamente para dejar de envejecer ni bien alcanzan el cuarto de siglo, pero al cumplir 25 se les activa un reloj interno (unos números verdes preciosamente fluorescentes que se ven a través de la piel del  brazo izquierdo de los implicados) con una cuenta regresiva. Si no consiguen “fondos” extras, ganando un salario o generando alguna forma de sustento, sólo sobreviven un año más, falleciendo instantáneamente cuando el reloj alcanza el cero (a los 26 exactos).

¿Cómo se consiguen estos fondos? ¿Cómo se gana “dinero”? En una sociedad de esta naturaleza parece no haber necesidad por dinero, sino desesperación por más y más tiempo. Todo lo que se vende y compra se realiza en términos de transacciones de años, horas, minutos, segundos. ¿Trabajás en una fábrica? Capaz que te pagan una miseria de 10 horas por día. ¿Querés hacer una llamada? Te cuesta un minuto. ¿Comprás whiskey en el bar de la esquina? 30 minutos por medida, por favor.

In Time (2011)Cada individuo de este futuro distópico tiene un sensor de intercambio incrustado debajo de este reloj, para facilitar este intercambio (los apretones de manos tienen un significado totalmente distinto cuando te pueden afanar tres años si sos descuidado).

El entorno responde a estos cambios profundos en concepción de “humanidad” readaptándose al nuevo paradigma. Las caridades donan minutos a sus feligreses. Los ricos hacen apuestas “millonarias” en partidas de póker consistentes en cientos de meses o años. Los pobres viven en guettos, aislados del sector rico de la sociedad por barreras acordonadas y amuralladas. Hasta existe un Departamento especial de la Policía encargado de monitorear las transacciones de tiempo indebidas.

Todo cambia profundamente. Hasta llegar tarde al trabajo o levantarse tarde un domingo tiene consecuencias irreversibles o al menos interesantes. Todo es tiempo y el tiempo vuela (“tempus fugit”).

In Time (2011)En este panorama global diferente e intrigante asistimos a la historia de Will Salas (Justin Timberlake), un muchachito de clase baja que vive en medio de un guetto con su madre (Olivia Wilde, bellísima cincuentona según los parámetros de la película, que obligan a chistes fáciles del tipo “¡qué bien que se conserva!”) tratando de sobrevivir a esa cuenta regresiva de día a día y de contrarrestar el reloj para disfrutar (o al menos, perdurar) un día más. Como todo pobre, tiene una vida jorobada, laburando en una fábrica por unas míseras horas diarias de pago, corriendo de aquí para allá.

Cuando Will recibe un regalo inesperado de cientos de años, se ve envuelto en una trama socio-político cultural que lo lleva a entreverarse con los ricachones de más allá de las murallas, entre ellos la hermosísima Amanda Seyfried, que aquí interpreta a una niña mimada de familia opulenta que se encuentra demasiado desencantada con su vida eterna entre almohadones de plumas. Este choque lo expone a un complot que lo hará confrontar al sistema mismo desde su base constitutiva, en una lucha con potenciales consecuencias demoledoras para el mundo en el que vive.

In Time (2011)Niccol genera una premisa intrigante, refrescante en tanto ciencia ficción de corte más social, a medio camino entre el transhumanismo y la distopía, que agrada por ser original y diferente, en una época en la que las “remakes” o las premisas bombásticas con poquito contenido son la moneda corriente. Timberlake banca el protagónico con holgura y alguna patinada menor dispensable (cuestión que se difumina en el recuerdo de sus maravillosas participaciones en SNL, las que me hicieron revalorarlo como… bueno, como ser humano, después de su espantosa carrera como miembro de una bandita de niños lindos). Seyfried acompaña bien (visual y actoralmente), así como Olivia Wilde y Cillian “yo-fui-el-Scarecrow-en-Batman-Begins” Murphy como un agente de la policía del sector “temporal” particularmente obsesivo con el cumplimiento de su deber.

La película funciona en tanto cuenta con una premisa inteligente y actuaciones acordes. Hay tropezones y el ritmo es desparejo, así como se pueden percibir algunos agujeros, ingenuidades y/o obviedades argumentales que son tapados elegantemente (o no tanto) por una historia bastante frenética que experimenta un increscendo en la acción y resolución hasta un final un poco predecible pero interesante al fin. Faltó algo de pulso para mantener al conjunto con mayor coherencia, pero el resultado final es satisfactorio y engancha durante la duración de la película.

Analizando “In Time” en detalle, quizás lo más interesante que genera la reflexión de cómo a veces hacemos de cuenta de que somos inmortales que tienen todo el tiempo del mundo para hacer lo que quieran, postergando vivir de la forma en la que se nos ocurra para pasado mañana, cuando este mismo tiempo (construcción humana para darle sentido a la vida) juega en nuestra contra.

No tendremos números fluorescentes debajo de la piel, pero la cuenta regresiva avanza segundo a segundo.

Recomendada, con sus defectos e imprecisiones y todo.

Dense un tiempito para verla.

Columnas
next8
Up, up and away!
Valid HTML5 Valid CSS3