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Indiana Jones: The Complete Adventures

Por el Cine/TV

Indiana Jones: The Complete AdventuresLa rebaja de un pack de las cuatro películas fue lo que precisé para adquirirlas. Tiempo fue lo que precisé para verlas. Cuando lo hice, descubrí que resisten con hidalguía el paso del tiempo... y que la cuarta es incluso más entretenida que la segunda.

Indiana Jones: The Complete Adventures

A las oportunidades hay que aprovecharlas. Ese es mi pensamiento cuando Amazon decide hacer uno de esos ofertones. "Ya habrá tiempo de ver/leer lo que acabo de comprar", me digo mientras el ítem es enviado al carrito (junto con algún elemento de mi lista de deseos, para justificar la compra).

En el mes de abril hubo una rebaja de la colección de cuatro películas de Indiana Jones en Blu-ray. Y desde este párrafo, voy a ser claro: son cuatro y ninguna de las entregas merece ser ignorada de la mitología de Henry Walton Jones Junior. Al menos en lo que refiere a este espectador subjetivo. Si no están de acuerdo, pueden manifestarlo en los comentarios. Eso sí, no crean que podrán hacerme cambiar de opinión.

Brevemente debo señalar la alta factura técnica en la elaboración de los discos, el disco extra con larguísimos documentales que todavía no vi (para eso sí se necesita tiempo), la calidad de imagen y sonido, y un largo etcétera. Un dato curioso que sí merece mencionarse es que las tres primeras vienen con dos canales de audio en español, con dos doblajes diferentes (el viejo y uno nuevo), para aquellos que quieran volver a escuchar "sólo el hombre penitente pasará". Por supuesto que recomiendo el audio original en inglés, pero sirve el dato.

Fue interesante repasar la saga con pocos días de diferencia, para descubrir semejanzas y diferencias entre las distintas entregas. Las ochenteras, por ejemplo, comienzan con una mini aventura al mejor estilo de James Bond, dejando alguna migaja para la historia principal, pero dándonos una historia redondita en pocos minutos.

Nada más redondo, icónico e imbatible que el comienzo de Radiers of the Lost Ark, con Indy demostrando por primera vez que es uno de los peores arqueólogos del mundo, destrozando su primer templo (le seguirían unos cuantos) para poder exhibir una reliquia en otro país. Y a cambio de dinero, como aclara el protagonista.

Indiana Jones: The Complete Adventures

Vamos a dejar de lado este dato, porque la saga no busca ser realista. No lo buscaba en 1981, mucho menos cuando llegaron la heladera y la bomba nuclear. Ya me estoy adelantando de nuevo.

La primera escena de la primera película, no en vano, es la más recordada y parodiada de todas. Nos presenta al héroe, su uniforme y su capacidad para resolver acertijos y sortear trampas. Porque si hay algo que sobra en los templos, son trampas. Parece lógico, dada la cantidad de gente que llega con intenciones de destrozarlos.

Chistes aparte, la de Indiana Jones es una búsqueda de importantes tesoros de la humanidad. Dos de ellos relacionados con la religión judeocristiana, otro con creencias hinduistas y el último con elementos de ciencia ficción. La credibilidad de cada uno de ellos irá de la mano de las creencias de cada uno de nosotros. Lo mejor, como siempre, es relajarse y gozar.

Es que el entretenimiento es el motor de las cuatro películas, sin avergonzarse por utilizar elementos del cine de matiné, como la violencia de "golpe y porrazo", que por momentos se acerca a Los Tres Chiflados, incluyendo algunos efectos de sonido que, vueltos a ver, dan un poquito de vergüenza (en especial dos o tres de Indiana Jones and the Temple of Doom).

Quizás sea ésta (primera en la cronología de Jones) la más floja de todas, pese a una divertida escena inicial en la que conocemos a Willie Scott y al infumable Short Round. Antes de volver a verlas tuve la esperanza de que sus diálogos fueran un poco menos molestos en inglés, pero no. Su presencia, más allá de la utilidad en la historia, puede llegar a distraer al espectador en el mal sentido.

El club nocturno Obi Wan no es lo único rescatable de la cinta, que tiene momentos de mucho humor, como la cena en el Palacio Pankot, con su menú absolutamente desagradable. También tiene bastante acción, como la recordada persecución en carrito por las vías de la mina. Pero algunos momentos bajo tierra se hacen largos, al menos comparados con el ritmo que tiene la saga en sus mejores instancias.

La primera y la tercera cinta tienen muchas semejanzas. En las dos tenemos a Indy corriendo detrás de los nazis para impedir que adquieran un artefacto bíblico que les daría una ventaja en las ansias expansionistas del Tercer Reich.

En Raiders... la búsqueda del Arca de la Alianza hará que cruce su camino con Marion Ravenwood, quien a la distancia se puede señalar como la única mujer que supo estar a la altura del protagonista. Regresaría un par de décadas más tarde, con menos bríos (Harrison Ford tampoco se hizo más joven) pero dando a los espectadores un necesario cierre. Estaba claro que eran el uno para el otro.

La otra reliquia era el Santo Grial, encontrado en Indiana Jones and the Last Crusade, quizás la mejor lograda de todas las aventuras, no solamente por la presencia de Sean Connery como el profesor Henry Jones, sino por mantener la acción de principio a fin, saltando con agilidad de una locación a otra y teniendo un cierre en el que, otra vez, la religión pagará caras las ambiciones de los malosos.

Restaba Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull, la única que había visto una sola vez. Tenía miedo antes de darle play pero con el correr de los minutos se fue disipando, e incluso llegué a querer al personaje de Mutt, interpretado por Shia LaBeouf. Ayudó que tenía fresco en mi memoria a Short Round. Cualquier sidekick es Dick Grayson al lado de Short Round.

La película recibió algún golpe al momento de ser estrenada, seguramente porque la larga espera hizo que el espectador de cine fuera con expectativas irreales y cinismo desbordante. Lo cierto es que es una entrega que vuelve a poner en juego los ingredientes clásicos de la franquicia.

Esta vez los malos son los rusos, como queda claro desde el comienzo bien cincuentero. Vuelven los viajes, los artefactos, los acertijos y los templos que se desmoronan luego de la visita de Jones. Sobra la acción, parte protagonizada por Ford y parte por LaBeouf, por obvias razones de edad.

¿Tiene momentos absurdos? Bueno, todos recuerdan a la heladera de la explosión nuclear y a Mutt colgado de las lianas. Espero que también recuerden al muñequito vudú de la segunda, el monito de la primera o el avión que rebasa a los Jones en el túnel en la tercera. Aunque  debo confesar que lo de las lianas estuvo en el límite.

Después de haber visto las cuatro películas, no quedan dudas del talento de George Lucas y Steven Spielberg para entretener a la audiencia, con un modelo que en aquel momento había caído en desuso y que (demostrando su éxito) fue copiado de ahí en más. Cualquiera de ellas merece múltiples visionados y no me molestaría que llegara una nueva entrega. Claro que por estos días el actor que las protagoniza está un poquito ocupado vistiendo chaleco negro sobre camisa blanca y conversando con un tipo peludo.

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