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Justice League (Liga de la Justicia)

Por el Cine/TV

Justice League (Liga de la Justicia)Se habló tanto de esta película antes de su estreno, que esta reseña va a hablar de unas cuantas cosas, empezando por la revolución de Marvel en los sesenta, hasta llegar al volantazo de DC y una película que tiene suficientes elementos positivos como para ser un tomate fresco.

Justice League (Liga de la Justicia)

Cuando comenzaba la década del sesenta, Marvel Comics pisó fuerte en el mercado de las historietas de superhéroes con una cantidad de personajes creados (principalmente) por Stan Lee y Jack Kirby, que se diferenciaban de los íconos de DC Comics por un tono más realista dentro de lo fantasioso, desde las problemáticas de sus protagonistas hasta las ciudades en las que se desarrollaban las historias. Batman era aliado de la policía de la ficticia Gotham City, mientras que Spider-Man era tildado de amenaza por la prensa neoyorquina.

Como quedó de manifiesto en la muy recomendable historia JLA/Avengers, de Kurt Busiek y George Pérez, hasta la reacción del "ciudadano de a pie" de cada universo es muy distinta. Quicksilver y Scarlet Witch, integrantes de los Vengadores (pero también mutantes, una clase perseguida) se sorprendían de lo bien que eran tratados los héroes de DC. "¡Tienen un museo dedicado a un supervelocista! ¡Un museo!". "Esa gente adora a sus héroes...". "Sí. En casa eso no es muy habitual".

Dentro de los universos cinematográficos, que también fueron construidos en forma opuesta, estos roles se invirtieron: hasta bastante crecidito el UCM, sus héroes recibían alabanzas públicas, mientras que el UCDC comenzó con una historia de "primer contacto" (la llegada de kriptonianos a la Tierra) y luego mostró la desconfianza que generaba el hombre murciélago, merecida o no.

También se diferenciaron el tono, no solamente cromático sino que mientras Marvel inyectó toques de humor (al principio faltos de timing, en mi humilde opinión) y héroes que no se tomaban en serio, DC fue "oscuuuuro", aunque al menos careció de cinismo y se atrevió a que sus protagonistas no se avergonzaran de la capa y las mallitas.

El público y la crítica abrazaron a la primera opción y cuestionaron por demás a la segunda, pidiéndole que copiara sus herramientas como si fuera la única forma de lograr el éxito. Si Justice League funcionaba o no, no dependería de que cada miembro del grupo hubiera protagonizado su propia película con anticipación; dependería de la historia.

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Una historia que costó muchísimo llevar al cine, por varias razones. La principal fue el revés continuado en las críticas, que llevaron a taquillas importantes, pero no las esperadas por los estudios. La oscuridad del director Zack Snyder fue rechazada por la mayoría, en esa arma de doble filo que significa contar con los superhéróes más icónicos (a excepción de Spider-Man) jamás creados: todo el mundo tiene una opinión sobre ellos y una imagen creada en su mente, en muchos casos sin haber leído una sola página de historietas protagonizadas por la Trinidad (Superman, Batman, Wonder Woman). La fama te da y te quita y no hay persona que no opine acerca del traje de uno o el rulito del pelo de otro.

También es cierto que Snyder tomó grandes riesgos al elegir las historias que quería contar (algo que aprecié muchísimo tanto en Man of Steel como en Batman v Superman) y el riesgo no dio los resultados esperados. Su tercer acto ya estaba encaminado y los ejecutivos decidieron dar un volantazo, o varios microvolantazos, más allá de que el director asegurara que Justice League sería su oportunidad para mostrarnos el lado esperanzador de los Super Amigos.

Quizás nunca sepamos cómo hubiera sido esta película sin la presión de hacerla más pasteurizada. Porque además, trágicas circunstancias familiares hicieron que Snyder se retirara del último tramo de filmaciones y en su lugar llegara Joss Whedon, figura identificada con el "chistecito para descomprimir", que tantos guionistas de Marvel quisieron copiar, sin éxito.

El resultado, en la mente de los espectadores antes de entrar a la sala de cine, era un monstruo de Frankenstein con demasiadas manos en el plato. Golpeado por ese lado, pero con la esperanza puesta en la esperanza (valga el juego de palabras), desembarcaba el filme en las salas de cine.

Y el resultado, ahora sí, es bueno, aunque al menos a título personal no es mucho más que eso. Claro que soy la misma persona que tiene a Batman v Superman como su película preferida del UCDC, como se encargan de repetirme cada vez que doy alguna opinión sobre cine superheroico.

Justice League es una película entretenida que tiene muchos puntos altos, empezando por la interacción entre los cinco (+1) protagonistas. Ben Affleck sigue interpretando a un Batman que parece levantado de alguno de los cómics que más he disfrutado, mientras que Gal Gadot "es" Wonder Woman y nadie la baja de ese pedestal, pese a tener menos minutos que en una historia en solitario (algo bastante obvio).

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Las tres nuevas incorporaciones funcionan y logran una dinámica de equipo que tiene tintes de los guiones de un Mark Waid o Joe Kelly al mando de la JLA. Los padres veteranos adoptan a tres niños: uno fanfarrón y compadrito (Jason Momoa devolviéndole toda la chapa a Aquaman), otro emo con todas las razones para serlo (Ray Fisher como Cyborg, en el menor de los cinco papeles) y el pibe hiperactivo que no para de tirar chistes (Ezra Miller enorme en su papel de Flash primerizo, aunque se parezca muchísimo más al Flash de Wally West que al de Barry Allen).

El humor me resultó muy efectivo, al nivel de las últimas producciones de ambos universos (Wonder Woman, Spider-Man: Homecoming, Thor: Ragnarok), dejando a algunos personajes con la mayoría de los remates, para descomprimir las acciones solamente cuando es orgánico a quien tira los chistes. Poco me importó el traje de Miller cuando lo divertido era escucharlo interactuar con Bruce Wayne.

Un ingrediente necesario en esta clase de blockbusters es la acción y no faltó. Sin alcanzar el nivel de los últimos minutos de la primera Avengers, le pelea el puesto a las demás y supera a la famosa escena del aeropuerto de Civil War en todo menos en nombres en pantalla al mismo tiempo.

El Frankenstein tonal se nota, pero no es un impedimento para el disfrute. Uno podría arriesgar que una o dos escenas fueron incorporaciones escritas y dirigidas por Whedon, mientras que la secuencia de créditos es lo más Snyder de las dos horas. Y, coincidentemente, el único momento en el que realmente me emocioné como espectador.

Lo más flojo es la historia, que mirada de lejos recuerda a la segunda película de las Tortugas Ninja de Michael Bay (oops) en cuanto a la búsqueda de un montón de McGuffins para armar un McGuffin final. Un villano olvidable desde las motivaciones, pero que funciona como excusa perfecta para dar rienda suelta a la hora de las tortas (si se me permite robarle el término a Ben Grimm, de la competencia).

El primer acto es el más rescatable por la fragmentada pero divertida formación del equipo, que tiene su bautismo de fuego con lógica derrota y debe rearmarse para lograr la victoria final. Nada de lo que estoy diciendo debería sorprender a alguien que haya visto más de cinco películas de acción en su vida.

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En medio de todo eso, y evitaré dar detalles específicos de la trama, se encuentra el anunciado regreso de Superman. Anunciado desde los pósters, no se pongan loquitos. En mi opinión, que es la principal herramienta a la hora de escribir estas reseñas, no logró plasmar la importancia dentro de la trama ni el entusiasmo fuera de la pantalla. Aunque quizás esto crezca en mí en un segundo visionado, como lo hicieron otras obras de Snyder y compañía.

Si decepciona Justice League, es por el potencial que tenía una primera aparición de tantos supertipos, que además tienen un lugar muy especial dentro de mi corazón y mi imaginación. Parecería ser bastante mejor que las últimas películas de la saga Transformers, que no vi porque no hay un nada de ellas que me dé ganas de ir al cine.

Sin embargo, hay suficientes elementos como para pensar que en que el espectador pase un buen momento, siempre y cuando no espere un producto ajustado a la medida de Avengers (la primera, repito) o no haya decidido odiarla desde el momento en que se confirmó que Snyder estaría en el sillón del director.

Me hubiera gustado más riesgos, pero el soberano pidió el cambio de rumbo y éste es el resultado. Veremos qué sucede con la próxima película que se produzca desde un primer momento teniendo el nuevo rumbo en la cabeza.

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