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Kevin Smith 2.0

Por el Cine/TV

Kevin Smith 2.0Nuestro Hank Scorpio está de regreso con un concienzudo análisis sobre "Tusk", la última creación de Kevin Smith. En esta primera parte, descubriremos cómo el director transitó los últimos años de su carrera, entre algunos proyectos malogrados y un podcast bastante exitoso en comparación.

Kevin Smith volvió a las andadas. Hace unos meses, el cineasta (lo de "director" o "autor" quedará para la discusión más adelante) lanzó al mundo su último opus Tusk, una inesperada y bizarra midnight movie que, como casi todo lo de Smith, ha mantenido en bandos divididos a quienes la han visto. Visto que el proceso de gestación del film ha sido inusual y más que interesante, merece ser analizado para apreciar mejor el resultado final. Para algunos, Tusk es el producto de un realizador frustrado con el ambiente y el proceso creativo más mainstream, reinventándose tras más de 20 años de carrera en un medio bastante distinto al de sus inicios. Para otros, no es más que una idea mal parida llevada hasta sus extremos más ridículos, un capricho de un consumado y verborrágico stoner que nos hace cuestionar lo que acabamos de ver. Para este cronista, es todo esto y más.

El podcast como disparador de contenido: "You want a podcast, I got a SModcast"

El podcast humorístico y pseudo-periodístico, como una alternativa a la radio y convertido en una plataforma maleable, accesible y de difusión inmediata, comenzó a dar sus primeros aletazos en los últimos ocho años. Maestros de ceremonia como Ricky Gervais (The Ricky Gervais Show), Marc Maron (WTF), Jimmy Pardo (Never Not Funny), Doug Benson (Doug Loves Movies), Scott Aukerman (Comedy Bang Bang) y un rico etcétera nos proveen de innumerables horas de entretenimiento for free semana a semana cuando más lo necesitamos (léase yendo y viniendo del laburo o en el gimnasio), muchas veces con invitados de lujo. Después del típico boom inicial, hoy en día en los Estados Unidos el medio ha llegado a un verdadero nivel de saturación, con infinidad de títulos sobre los más diversos temas y un volumen inabarcable. Si antes los actos de los más ambiciosos comediantes de stand-up representaban la materia prima para longevas sitcoms (casos de Bill Cosby, Jerry Seinfeld, Paul Reiser, Drew Carey, Ray Romano y Tim Allen, por nombrar algunos), en la actualidad el podcast se ha convertido en uno de los principales semilleros de talento e ideas para programas de televisión, tours y talk shows. Y en eso Kevin Smith fue uno de los pioneros.

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En febrero del 2007, antes de sumergirse en la producción de Zack and Miri Make a Porno, Smith y su productor y mejor amigo Scott Mosier lanzaron al ciberespacio SModcast, el primer ladrillo fundacional de lo que hoy es un imperio de contenido oral gratuito. Ocho años más tarde, S.I.R. (SModcast Internet Radio) cuenta con una nutrida variedad de programas regenteados por Smith, y conducidos por amigos y colegas con mayor o menor carisma. De la maraña de títulos para recomendar y pasar el rato se destacan Hollywood Babble-On (un resumen semanal de noticias farandulescas), Fat-Man on Batman (entrevistas con los principales creadores del Murciélago en todos sus medios y el único en el que Smith deja hablar un poco a los demás) y SMoviemakers (largas charlas con colegas).

Volviendo a SModcast, el propósito original de los anfitriones era intentar reproducir y compartir con su leal fanbase el tipo de conversaciones espontáneas y disparadas por titulares de diarios que solían tener en sus ratos de ocio. Si bien los primeros episodios suenan un tanto forzados, de a poco el intercambio se volvió más informal y gracioso. A lo largo de las temporadas, ciertos temas se volvieron recurrentes, como la obsesión de Smith con historias verídicas sobre ataques de tiburones y arañas venenosas, Nazis, experimentos genéticos encubiertos y anécdotas de juventud. Otra de las constantes fue la fascinación de Kevin con las idiosincracias de Canadá, país donde conoció a Mosier durante su único año de estudios formales de cine. Para el común denominador de los estadounidenses, Canadá no es más que una estereotipada versión de perfil bajo y más educada, limpia y excéntrica de sus hermanos al sur. Lo cual tiene mucho de cierto. Si a esto le sumamos el amor formativo de "Kev" por SCTV (el Saturday Night Live canadiense), las rosquillas Tim Horton y la leyenda del hockey Wayne Gretzky, es casi cantado que los apetitos de Smith en su nueva etapa como realizador apunten al "Gran Norte Blanco".

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La gestación de la morsa

Después de una década bastante oscura tras los fracasos comerciales de Jersey Girl y Zack and Miri..., la calamitosa experiencia por encargo de Cop-Out, un escándalo público con Southwest Airlines y por si fuera poco una jihad contra los críticos, Smith decidió ahumar sus penas en el consumo diario de marihuana y proclamó su retiro temprano como director, citando que ya no tenía más nada para decir artísticamente. Fiel a su política del mínimo esfuerzo, el "Nuevo Kevin" ahora se sentía perfectamente a gusto generando podcast tras podcast con control creativo absoluto, sin tener que lidiar con los dictámenes de estudios, ejecutivos o estrellas difíciles como Bruce Willis.

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Todo cambió con la inesperada Red State (2011), primer intento serio de Smith por dejar de lado sus incursiones en el Askewniverse, ese mundillo poblado por slackers y dealers queribles e identificables obsesionados con Star Wars y los cómics. Basada en la despreciable y fundamentalista Iglesia Bautista de Westboro, famosa por piquetear sepelios de soldados caídos y todo lugar donde haya gays, Red State narra la historia de unos adolescentes hormonales que terminan sin saberlo en las garras de una secta intolerante hasta el extremo. Si tomamos en cuenta la preponderancia de iglesias en los Estados Unidos basadas cada vez más en el castigo que en el amor divino (combinado con el fanatismo sureño por la posesión de armas), justamente lo más terrorífico de Red State es lo cercano a la realidad en que se encuentran ciertos "estados rojos" republicanos ultra-conservadores.

Red State cumplió con varios cometidos: re-encendió la pasión apocada de Smith por el cine independiente, permitió al director explorar un género que siempre admiró pero en el que nunca se sintió capaz de rendir, y, lo más importante de todo, trabajar con Michael Parks, un veterano actor de carácter con casi 150 películas y apariciones televisivas en su haber. Como ya había hecho anteriormente con John Travolta, Quentin Tarantino logró revitalizar la carrera de Parks, convirtiéndolo en actor fetiche y recurrente para personajes menores en sus frecuentes colaboraciones con Robert Rodríguez. Según Tarantino, Parks es tan bueno y versátil que no pudo evitar darle dos papeles en su saga Kill Bill, primero como el recurrente sheriff Earl McGraw y después como el proxeneta mejicano Esteban Vilaio ("Ah, ies, Bil… ¿Juer is Billllll…?"). A pesar de las previsibles críticas divisivas que acompañaron a Red State, lo único que se celebró de manera unánime fue, justamente, la escalofriante interpretacion de Parks como Abin Cooper, el severo pater-familias del clan que se convirtió en el catalizador perfecto para los extensos monólogos de Smith.

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Una vez recuperado el gustito por la silla (reforzada) de director, Smith amagó con proyectos de lo más diversos que seguramente en algún momento verán la luz, como la epopeya hockey-céntrica Hit Somebody, la esperada Clerks 3, o el híbrido bíblico-kaiju supuestamente convertido en musical animado (?!) The Crapture, con Russell Brand como un Jesucristo gigante y enojado con la raza humana. Pero fue el episodio N° 259 de SModcast, titulado The Walrus and the Carpenter (en referencia a los personajes de Alicia en el País de las Maravillas) la que volvió a prender la lamparita del menudito director. El capítulo en cuestión comienza como cualquier otro, con Kevin y Scott comentando un supuesto aviso clasificado tuiteado por un fan*, aunque ya desde el vamos Smith intuía que esto tiene más potencial que los habituales desvaríos de la dupla.

La premisa era brillante en su simpleza: un viejo "lobo de mar" que ahora reside en Brighton (Reino Unido) ofrece un cuarto gratis con gastos incluidos a cualquier interesado, a cambio de algunas condiciones bastante peculiares... Sucede que después de quedar varado en una isla, el solicitante desarrolló una estrecha relación con una morsa a la que llamó Gregory. Al mejor estilo de "Wilson" en Náufrago, Gregory se convirtió en su mejor amigo, "una criatura más noble e inteligente que muchos seres humanos". A fin de recrear esta entrañable amistad, durante dos horas diarias el inquilino deberá usar un disfraz de morsa confeccionado especialmente para la ocasión, además de comportarse como el citado mamífero marino. La dieta sería estricta (pescados y cangrejos arrojados en una pileta) y como referencia para el lenguaje morsil, el autor sugiere buscar ejemplos de audio en internet. Acá va el intrigante pero humillante aviso falso, que en su momento increíblemente recibió cientos de respuestas:

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A lo largo de la hora que sigue, el entusiasmo casi infantil de Smith (más el estímulo habitual de los estupefacientes) lo lleva a confeccionar una delirante historia What if?, con toques de terror gótico del estudio británico Hammer, el surrealismo de David Lynch (Eraserhead) y el body horror del canadiense David Cronenberg (The Brood, The Fly). Después de prácticamente improvisar en el aire el guion de lo que se convertiría Tusk, Smith decide apelar a las masas. Si quieren ver una película donde un hombre desquiciado convierte a otro en morsa, tuiteen #walrusyes. Si esta "versión más abrazable de The Human Centipede les parece una reverenda pelotudez", envíen #walrusno. Sólo una persona votó por la negativa (según dijo, únicamente para que el balotaje no quedara tan obvio), por lo que meses más tarde Kevin Smith se encontraba en un plató de filmación en Carolina del Norte.

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Hasta aquí llega la previa de Tusk. Próximamente tendremos una extensiva y detallada reseña, cosa de darle tiempo a los amables lectores de verla y poder seguir la conversación.


*Más tarde saldría a la luz que el creador del fraudulento aviso no era más que un fan de Smith que buscaba llamar su atención. Por haber gestado la bizarra historia y ser responsable directo de Tusk, Smith decidió convertirlo en productor ejecutivo, además de concederle un cameo en la escena del bar.

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