Home Cine/TV Kingsman: The Secret Service

Kingsman: The Secret Service

Por el Cine/TV

Kingsman: The Secret ServiceAquí no hay un Willy Wonka que te invita a visitar su fábrica, sino un Colin Firth que te invita a visitar su red internacional de espionaje, pero los efectos en el espectador son similares. Ajústense los cinturones, estamos por aterrizar en el mundo de Mark Millar.

Kingsman: The Secret Service

Kingsman: The Secret ServiceBienvenidos al mundo de Mark Millar. Millar es un guionista de cómics que logró hacerse un nombre dentro de la industria, se convirtió en uno de los niños mimados de Marvel y luego comenzó a crear sus propios personajes.

Este escocés entendió que Hollywood se había quedado sin ideas y que los ejecutivos cinematográficos preferían "comprar" una idea que llegaba en formato de historieta antes que leer un engorroso treatment. Si es que la historieta prácticamente es un storyboard y a todo color.

Por entonces, a Millar se lo empezó a comer el personaje. Su forma de autopromoción exagerada no se veía desde los tiempos de Stan Lee, pero el viejo saca-créditos utilizaba una extraña combinación de hipérbole con humildad. Esto último, en el caso de Mark, brilla por su ausencia.

Mientras su persona (en la definición en inglés, su "imagen pública") se agrandaba, sus productos comenzaron a abusar de algunos elementos que siempre habían estado presentes, y ahora corrían libres y desnudos por el campo de viñetas.

Elementos como las fantasías de poder (tanto para el lector como para el protagonista de la historia), la violencia excesiva, las provocaciones ("shock tactics"), la deconstrucción de géneros, la venganza... y la sospecha de que, cada vez más, Millar pensaba primero en la eventual adaptación al cine y después en el cómic. Por más que se rodeara de talentosos y renombrados artistas.

La maquinaria de prensa humana llamada Mark Millar creó historias como Wanted, Kick-Ass y The Secret Service, que acaba de llegar a la gran pantalla con la palabra "Kingsman" adelante por alguna tonta razón de derechos.

El encargado de filmarla fue Matthew Vaughn, el mismo de la primera Kick-Ass. El resultado es una película entretenida, que resucita la grandilocuencia estrafalaria de las viejas películas de espías, con el agregado de más chistes, más música, más explosiones y más color. Por momentos parece que Millar/Vaughn quisieran ser más Marvel que Marvel.

Al igual que en Wanted (cuya adaptación se cagaba bastante en la historia pero conservaba cierto pulso de la misma), tenemos a un protagonista con más perdidas que ganadas, que de buenas a primeras se encuentra inmerso en un mundo caro y poderoso, codeándose con algunas personas de las que depende el futuro de la humanidad.

En lugar de una sociedad de asesinos tenemos una sociedad de espías, con tanto dinero como para construir túneles que recorren Londres desde discretas sastrerías a una mansión secreta en la que deberá enfrentar las pruebas que más llenen el ojo del espectador. Que uno se divierta no significa que pueda ser consciente de cómo le mueven a uno los hilos. Aun más que cómo te los mueven en Guardianes de la Galaxia, por ejemplo. De ahí lo de querer ser más Marvel que Marvel.

Eggsy es el lúser que encuentra en el personaje de Colin Firth (no importa su nombre, es Colin Firth + programa de artes marciales de Matrix) a una figura paterna, quien lo postulará para ocupar un lugar en el servicio secreto del título.

Como Eggsy es el único pobretón de los reclutas, sufrirá inmediatamente el bullying de un grupito de estirados, provocando la inmediata respuesta emocional en el público. Lo sé porque últimamente los que van al cine manifiestan sus emociones a viva voz: odiaron a los estirados.

Kingsman: The Secret Service

Mientras el protagonista tiene sus victorias-guion-venganzas y presenciamos pequeñas y grandes escenas coreografiadas de acción, se desarrolla un plan de conquista global, al mejor estilo de Ra's al Ghul, pero con Samuel L. Jackson a la cabeza (no importa su nombre, es Samuel L. Jackson + impedimento del habla).

No compré a su villano, ni por creíble ni por amenazante. Por suerte, la película tiene el enorme hallazgo de Sofia Boutella en el papel de Gazelle, la segunda al mando de Samuel, quien tiene unas prótesis al estilo de Oscar Pistorius pero con filosas cuchillas. Por suerte Pistorius no tiene de ésas o hubiera matado a más novias.

Con esas armas, es lógico que Gazelle protagonice los momentos más chocantes en cuanto a sangre y miembros que se despiden de sus cuerpos originales. Su presencia en pantalla y sus movimientos hacen que lo bueno supere a lo Millar. Otro que con los minutos confirma su buen nivel es el personaje de Mark Strong (no importa su nombre, es Mark Strong + lentes).

Después de que finalicen las pruebas de reclutamiento y el muchachito pase por los altibajos que todo muchachito debe pasar en esta clase de filmes, el plan macabro copará la acción y la resolución del mismo será bastante satisfactoria, más allá de que no es necesario rascar mucho para encontrar sinsentidos enormes. Incluso dentro de la lógica fantasiosa y exagerada del Mundo Kingsman.

Sobre el final tendremos un maravilloso momento de violencia, música y color, que demuestra que no son necesarios los chistes sexuales adolescentes para generar la respuesta del público. De todas formas, hay un chiste sexual adolescente e imagino que en cada función se habrán escuchado risitas cómplices.

En medio de cercenaduras, coreografías de videoclip y fantasías de poder bastante obvias, hay una parodia al mundo del espionaje que divierte y despierta las ganas de reencontrarse con el material original.

Kingsman: The Secret Service

Columnas
next8
Up, up and away!
Valid HTML5 Valid CSS3