Home Cine/TV La criatura viviente: The Walking Dead

La criatura viviente: The Walking Dead

Por el Cine/TV

La criatura viviente: The Walking DeadCuando The Walking dead va por su cuarta temporada, nuestra colaboradora invitada B. Blue revisa por qué sus protagonistas siguen corriendo y por qué no sabemos mucho más al respecto de sus vidas, de su génesis, y de su fundamento. Una serie que puede y debe rendir más.

La criatura viviente: The Walking DeadUn tipo se despierta de un coma. Las flores en su mesa de luz están secas pero no lo suficientemente muertas. No ha transcurrido demasiado tiempo entre el apocalipsis zombi y su primera visión del nuevo mundo. La muestra de humanidad más próxima es su propio tacto sobre camillas atravesadas en pasillos oscuros y puertas con candados al final que rezan: "no pasar, muertos aquí". Un comienzo in medias res, que parece indicar que en un instante pretérito de la historia había tiempo para ser solidario antes de empezar a correr.

¿Qué es lo que hace a The Walking dead diferente? TWD no es una serie única y no pasará a la historia por ello (como sí sucedió con Lost, serie que no puedo omitir a la hora de explicar por qué no alcanza con un montón de gente huyendo hacia ningún lugar en un universo hostil de supervivencia): Lost es a la tele lo que El Quijote a la literatura; TWD podría ser Harry Potter, su fin es entretener a fuerza de una trama repleta de efectos.

En TWD las acciones transcurren en un plano acotado de supervivencia, una línea recta que no se desdobla en quiebres argumentales o en profundidades de guión. Casi como si se tratase de un videojuego de principios de los noventa, la acción de los protagonistas es acompañada por una lente en un traveling que jamás llega a la última pantalla. Y si bien este aspecto puede salir airoso a la hora de entretener (la supervivencia debe de ser, si acaso no lo es, uno de los tópicos que más rinden y por ello más frecuentes de la narrativa televisiva americana), la serie cae en un error imperdonable: el de generar ruido entre sus protagonistas y la empatía del espectador.

Esto me lleva a pensar en Lost y no porque haya pasado a la historia como el representante más desarrollado de su especie, sino por haber tenido un gesto fundacional en la TV: supo apropiarse de sus intertextos, comprometió el desarrollo de sus personajes en la recepción de los espectadores y desarrolló, sin aburrir, la dicotomía más vieja de la historia: hombre de ciencia / hombre de fe.

¿Qué hubiese sido de Lost sin los flashback que nos permitían acceder al mundo privado y personal de los personajes, a su fundamento? Sin esos datos Jack hubiese sido simplemente el doctor con actitud de líder, y Sawyer el rubio que se quiere levantar a Kate. Lo extraño es que TWD proviene de un cómic, medio que jamás descuida contar el génesis de sus personajes. TWD es una serie de zombis, no tanto por las criaturas desmembradas que sirven como excusa de la narración, sino por sus propios protagonistas: personajes sin génesis, sin pasado y sin profundidad en el presente.

La dinámica de acciones que propone TWD ahoga las posibilidades de empatizar con los personajes, a los que conocemos por sus habilidades físicas y por sus escasas interacciones emotivas. En TWD no hay psicología, apenas gestos que se quedan en una intención poco pretenciosa de construir el fundamento del personaje en el argumento. Los aspectos emotivos, aquellos que por antonomasia además de la conciencia los diferenciarían a priori de su pesadilla zombi, son siempre en relación dinámica con un otro circunstancial: Rick respecto a su amigo y amante de su esposa; esposa respecto a la disyuntiva de Rick o Shane; Daryl Dixson respecto a su grupo o a su hermano; Andrea respecto a sus antiguos amigos o al Gobernador.

Si bien el destino de la esposa de Rick luego de parir a su hija es un golpe de efecto en el capítulo, no lo es en la trama. La nueva bebé no supuso un hito en el argumento que abriera alguna posibilidad en la historia, sino que se convirtió en un personaje paquete con el que hay que cargar: uno más para salir corriendo. Sacrificaron al personaje de Lori solo para materializar los posteriores raptos de locura de Rick y a veces los sacrificios cuestan caros.

Cuando en una serie se mueren los protagonistas (directos o indirectos, basta con que aparezcan con nombre y foto en la presentación para ganarse el estatus de tales), y el hecho no solo no afecta el devenir de la historia, sino que tampoco afecta el nervio del espectador que sigue adelante pasando por alto la pérdida, es que algo falla en la construcción de la historia. Escribo esta nota y apenas si recuerdo el nombre de la esposa de Rick, y si acaso lo recordara, seguiría siendo "la esposa de Rick", pero sí, en cambio, me acuerdo del de Sophia, un personaje en principio menor, de relleno en la tribu nómade de las autopistas, hija de Carol, la mujer sumisa que de apoco se abre camino en la jungla de zombis a fuerza de miedo, desilusión y muerte. Sophia, su hija, es la niña que Rick refugia en el bosque con la promesa de volver a buscarla. Se convierte en la primera desaparecida por una negligencia y su búsqueda es el móvil de los capítulos siguientes. El caso de Sophia es un rascacielos en la estepa del guión que la serie había propuesto en la primera temporada. La aparición de la niña no solo es un golpe de efecto, es una muestra de que no hay cariño ni empatía que pueda proteger a un personaje y proporciona al espectador lo que no se da por sí solo: la noción latente de pérdida.

La criatura viviente: The Walking Dead

Poética del espacio

La segunda temporada abre el panorama en varios sentidos: el escenario deja de ser nómade y citadino; aparecen nuevos personajes que construyen la noción del "otro" en una lógica de solidaridad y amenaza simultánea; y los zombis pasan definitivamente a un segundo plano (aún no conocemos la causa de la epidemia y no hay nada en la temporada que lleve la historia hacia ese génesis) y empiezan a importar más los vínculos entre humanos y sus conflictos. La serie adquiere entonces un verosímil, que sirve, incluso, para convencer a amigos reacios a la temática zombi.

TWD es una serie que no aprovecha sus potencialidades. Se agota en golpes de efecto, sobre todo en los finales de temporada, y no capitaliza personajes que podrían enriquecer el relato. Es el caso de Michonne, el Gobernador y Milton, el científico.

Michonne, cuya aparición en el final de la segunda temporada la pasa al firmamento de los mejores finales de temporada de la serie, es el personaje que reivindica a la mujer que se vale por sí misma, alejándola de la temerosa Andrea (aunque ésta tiene una verdadera evolución en la historia), de la sumisa Carol, o de la esposa de Rick. Se trata de un personaje que camina por el bosque con dos zombis atados por el cuello a cadenas de metal que ella lleva como su fuesen perros. Un personaje que querés en tu equipo, y que aparenta una historia compleja que, en consonancia con la llanura argumental de la serie, jamás se explicita.

El Gobernador enriquece la serie, no tanto por la interpretación del actor que lo lleva adelante (esa clase de personaje con potencial que, mientras uno lo mira juega en su mente un casting imaginario eligiendo actores que podrían haberlo encarnado mejor), sino porque con él aparece una ruptura en la topografía de la serie. Una ciudad de cartón, levantada con el poder artificial de una escenografía, en donde la forma se anuncia todo el tiempo diciendo "soy construcción" al mejor estilo Dogville.

En ese perímetro un sujeto que se hace llamar Gobernador, ha montado su pedazo de reino, en un área cercada por muros improvisados y civiles armados.  El Gobernador es el Ben Linus de la comarca: el otro por sí mismo.

El tercer personaje que enriquece la serie y es desaprovechado es Milton. En principio mano derecha del Gobernador, y único científico de oficio que aparece en la historia. Nada hay en esta serie que plantee un debate filosófico acerca del ser, estar; del devenir temporal, del origen, de las causas y efectos; de la entropía. Hay un científico enjaulado en el lugar común de su caracterización: el nerd, tímido, servil y retraído. Excepto en el caso de Michonne, no hay intentos en la serie de romper los dogmas del estereotipo que la narrativa mainstream norteamericana se ha encargado de canonizar.

En TWD el líder no es un panadero que casualmente no se vio afectado por la peste zombie, es un sheriff, con sombrero y a caballo. Respecto a Rick es innegable que, al tratarse del protagonista, hay algún tipo de esfuerzo por mostrar en él un devenir emotivo y psicológico. Poco queda en la tercera temporada de aquel líder natural que no duda en tomar una decisión y al que el resto del grupo sigue como si fuese el pastor en el rebaño de muerte. En relación con su grupo, Rick parece vivir un proceso, un cuestionamiento interior de su ser en el mundo y acaso de sus funciones en él. El yoísmo del principio, se desquebraja temporada a temporada para dejar lugar a alguien atomizado y desmembrado: ya no un ser humano, sino una criatura viviente.

The Walking dead es una serie que parece olvidarse de las exigencias que suponen las transposiciones de un medio a otro. Cumple el principal cometido de una serie: entretener en forma masiva, pero hay que raspar mucho para encontrar alguna significación que no se agote en acciones de supervivencia sintagmática. Una serie de zombis y de criaturas vivientes a la que no le falta vértigo, pero sí le falta guión. Después de todo TWD es una buena forma de pasar los meses mientras series como Mad Men o Breaking Bad se toman vacaciones.

La criatura viviente: The Walking Dead


Por B. Blue

Columnas
next8
Up, up and away!
Valid HTML5 Valid CSS3