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Los Tres Chiflados en Montevideo

Por el Cine/TV
Los Tres Chiflados en Montevideo

Ningún poster los anunciaba en el hall del cine, ninguna foto los promocionaba en la cartelera del diario, un film cuya publicidad fue prácticamente nula. A pesar de eso “Los tres Chiflados” consiguieron hoy llenar la sala. Esa fue mi primera sorpresa, pero no sería la última.

El público recorría todas las franjas de edad posibles, algunos ancianos, cuarentones (ejem...), jóvenes y muchos niños. Ni bien comienza la película me sorprendo nuevamente, escuchando un coro de felices y sonoras risas multigeneracionales, incluyendo la mía.

La película está dividida en tres episodios, presentados a la vieja usanza de los cortos de los Stooges. Las caracterizaciones de los niños que encarnan a Moe, Larry y Curly, en su infancia en el primer episodio, están sin duda a la altura de la circunstancias, especialmente el pequeño Moe. Esto consiguió dar una buena salida a lo que se había comentado previamente (y generado razonables dudas) acerca de que estas escenas serían actuadas por los mismos actores que encarnarían sus papeles ya de adultos y reducidos de tamaño digitalmente (tal como sucedió en el film del Capitán America, con Steve Rogers antes de recibir el suero del supersoldado).

Los actores principales (Chris Diamantopoulos/Moe, Sean Hayes/Larry, Will Sasso/Curly), encargados de dar vida a los chiflados, ponen en evidencia mucho tiempo de estudio (y de diversión, imagino) en cuanto a la gestualidad y al lenguaje corporal particular de cada uno de los personajes. Importantísimo en este caso, ya que su humor siempre fue fundamentalmente físico.

Los Tres Chiflados en Montevideo

Lo dicho, los tres actores pasan holgadamente la prueba, de nuevo especialmente Diamantopoulos/Moe. Entre risas y golpes uno olvida en muchas ocasiones que no está viendo a los originales, los tres chiflados están ahí, al menos en espíritu, los mayores a los que acompañaron en su infancia, los niños que posiblemente los ignoraban hasta hace unos momentos, todos ríen, todos reímos.

Los hermanos Farrelly construyeron esta máquina del tiempo con lugar para tres personas, e hicieron viajar desde la década del treinta hasta nuestros días a sus extraños ocupantes. A un mundo muy diferente al que conocieron, una época con teléfonos celulares y realities tontos, y ellos sobrevivieron, su humor, su inocencia, permanecieron intactos casi ochenta años después. Como prueba, una sala repleta de gente que ríe tanto que no permite escuchar el siguiente diálogo en la pantalla y tampoco es que importe demasiado.

De esta manera estos tres caballeros atemporales y anacrónicos sellan su inmortalidad, su humor sigue tan vigente como la primera vez en que Moe golpeó a Curly en la cabeza con una pala y ésta adoptó la forma, indemne claro está, del indestructible cráneo del chiflado calvo. La película posee varios guiños para los fans. Como el Larry niño, tocando el violín, ya que Larry Fine realmente ejecutaba dicho instrumento y por eso lo hizo en numerosos cortos del grupo.

El tiempo vuela, el film tiene momentos en que una carcajada sucede a la otra. Pero también sorprenden un par de momentos emotivos que sirven para darle profundidad y acercar al espectador a sus emociones, lo que hace que el espectador (al menos el que esto escribe) salga reconfortado del cine. Este trabajo es absolutamente fiel al espíritu original de los personajes y su obra. Puede percibirse el respeto y el cariño con el que fue realizado.

Los Tres Chiflados en Montevideo

La película termina y la sala explota en un espontaneo, agradecido y sincero aplauso. Me los imagino a los tres agradeciéndolos a su vez, desde algún lugar. Ni los nuevos espectadores ni los veteranos fans se verán defraudados.

¿Qué se puede decir? Más allá de toda valoración técnica o artística de la obra, sólo puede uno sentirse agradecido hacia aquellos chiflados de entonces y hacia estos chiflados de hoy, porque por una hora y media hicieron algo casi milagroso; este mundo, tan cuerdo y a veces tan triste, fue, dentro de esa sala, un mundo totalmente loco, cierto, pero mucho más feliz.

Chapeau.

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