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Mad Max: Fury Road

Por el Cine/TV

Mad Max: Fury RoadEl director George Miller volvió luego de 30 años con una nueva entrega de Mad Max titulada Fury Road, ahora con Tom Hardy en los zapatos del guerrero de la carretera y acompañado por Charlize Theron, aunque quizás esto último sea al revés. El resultado: uno de los mejores exponentes del cine de acción de los últimos años.

Pasaron 30 años desde Mad Max Beyond Thunderdome, la última entrega de la trilogía del guerrero de la carretera (completada por Mad Max de 1979 y Mad Max: The Road Warrior de 1981) y unánimemente considerada como la más floja de la saga que lanzó la carrera actoral de Mel Gibson y que puso en el radar de los cinéfilos a su director George Miller. Algunos van un poco más lejos y se atreven a decir que se trata de una pobre película, algo que en realidad es fácil de refutar: ninguna película con Tina Turner en su momento de esplendor y un gigante comandado por un enano deforme puede ser mala. En fin, allá ellos.

Muchas cosas sucedieron en estas tres décadas: la carrera de Miller tomó un rumbo bastante particular, con créditos de dirección en apenas un puñado de películas entre las que aparecen Babe: Pig in the City (1998) y ambas entregas de la franquicia animada Happy Feet. Al mismo tiempo, fuimos testigos de cómo Mel Gibson entró en un espiral de violencia-locura-antisemitismo. Así y todo lo seguimos bancando porque, parafraseando a un reconocido filósofo de la vecina orilla, "las películas no se manchan".

En todos estos años el universo Mad Max quedó casi condenado al ostracismo, en tanto no tuvo una importante presencia en el merchandising, videojuegos, historietas, y todas esas cosas que permiten que una franquicia siga viva hasta que llegue su próxima parada en la pantalla grande. La pregunta lógica que surge ante Mad Max: Fury Road es si estamos ante una remake, precuela o reboot. La respuesta es: ninguna de las anteriores. Se trata de una película con una existencia muy comiquera, que simplemente debe entenderse como un capítulo más de la historia de Max Rockatansky.

Mad Max: Fury Road

Luego de esa eterna espera (en gran parte consecuencia de cuestiones extra cinematográficas y que por momentos se asemeja a la odisea de Terry Gilliam para filmar su Quijote, también con desastres naturales de por medio) da la impresión que con Fury Road, Miller no andaba con ganas de perder el tiempo. Con un inicio casi in medias res, nuestro héroe de la carretera, esta vez interpretado por Tom "no tengo el carisma de Mel pero igual me la banco" Hardy, es introducido sin mayores preámbulos en pleno intento por escapar de un grupo de lampiños salvajes que reciben el nombre de war boys, una suerte de soldados al servicio de Immortan Joe, el déspota de turno que gobierna su parcela de desierto con mano dura y mediante el control del suministro de agua. Agua que acá recibe el nombre de aqua cola, en un intento de lo más digno por robarle el podio de los mejores nombres del universo a las recordadas "corcho latas" de las Pato Aventuras.

En cierta forma, Fury Road es una síntesis de sus tres entregas predecesoras: de la primera toma el fatídico destino familiar de Max y no mucho más (el reciente revisionado de cada una de las tres películas originales me sirvió para confirmar que la primera, a pesar de ser una película soberbia, es la que menos ha aportado en cuanto a la imagen que se ha instaurado en el inconsciente colectivo de lo que es el universo Mad Max); la segunda,The Road Warrior, es la que más ha nutrido a Fury Road en lo que respecta a su fiebre de persecuciones monumentales, mientras que el maravilloso diseño de personajes está totalmente emparentado con Beyond Thunderdome, punto en el que la saga alcanzó su estética más demencial.

Mad Max: Fury Road

Si bien estamos ante una película que rescata el espíritu ochentero de las mejores entregas de acción de aquella época, al mismo tiempo logra que se sienta moderna y actual, e incluso hasta podría considerarse que dio un paso más allá en lo que a este tipo de cine se refiere. En plena época de uso y abuso del CGI (efectos visuales generados por computadora), en donde el exceso ridículo de esta técnica convierte a las películas en el equivalente a una orgía de gente sudorosa y maloliente de la que no te gustaría participar, la factura más artesanal de Miller, con el uso de dobles de riesgo, acróbatas, y efectos especiales de corte tradicional, parece en el 2015 un acto de rebeldía, casi una declaración de principios.

A esta altura pegarle a Michael Bay es casi una obviedad pero alcanza con hacer el ejercicio de pensar qué sería de Mad Max en manos de directores como él para que una gota de sudor frío nos recorra la espalda. Cada auto, cada camión, cada moto (construidos especialmente para que sean funcionales) tiene una identidad y es tal la pericia de Miller que, aún en pleno vértigo persecutorio, el espectador nunca pierde la referencia del espacio y menos de lo que está sucediendo en pantalla. Piensen en cualquiera de las entregas de Transformers (por citar el colmo de la terrajada) y cómo a los diez segundos de comenzada la acción los robots se convierten en una maraña de partes metálicas absolutamente indistinguibles unas de otras.

En resumidas cuentas, lo que en manos de algún otro director podría haber sido un largo videojuego de más de dos horas de duración, Miller lo eleva al nivel de arte. Puro cine.

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Ese marco ochentoso en el que habita la película y que le proporciona un soporte estético y narrativo, tiene en la composición de su ADN distintas fuentes, y una de ellas es predominante: 2000AD, la emblemática publicación británica de historietas de la que han surgido algunos de los artistas más importantes que el mundo de las viñetas nos ha regalado. En este caso, es clave el nombre de Brendan McCarthy (los invito a leer la reseña del recopilatorio de compra obligada The Best of Milligan & McCarthy), quien no solo es coguionista de Fury Road sino que también participó de los diseños de producción, algo que se nota a la legua.

A la salida del cine, haciendo un asociación bastante arbitraria de ideas, pensaba en algo que decía Hijo de Chuck Norris en su reseña del cómic iZombie respecto a cómo el cerebro detecta y procesa ciertos trucos o prácticas del dibujante en el papel. En Fury Road sucede algo similar aunque de una manera positiva: es como si nuestros cerebrillos se dan cuenta que tanto esos vehículos que se mueven a mil por hora, como esos tipos que están colgados de un palo a 10 metros del piso en plena persecución salvaje, son reales y no una simple animación, y la sensación de adrenalina en el espectador se dispara a las nubes. Fury Road es una película agotadora. Maravillosamente agotadora.

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Uno de los grandes méritos de Miller y compañía es lograr un intenso desarrollo de personajes a pesar de la aparente sencillez de la trama y de la economía de diálogos. Los personajes se definen y construyen a partir de sus acciones más que por largos monólogos explicativos con sus motivaciones y objetivos. En ese sentido es notable lo que sucede con Imperator Furiosa, el personaje interpretado por Charlize Theron que hace que Max tenga un dignísimo papel secundario en una película que lleva su nombre. La manera en que Miller la introduce en los primeros minutos de la película, concentrando la atención en un sutil juego de miradas, hace que de inmediato sepamos que Furiosa tiene un plan muy distinto al que le fue encomendado por el déspota Joe. Fury Road se podría haber llamado "Rápida y Furiosa" y tendría total sentido. Y de paso pido disculpas por un juego de palabras que seguramente se repitió en Internet hasta el hartazgo.

Miller volvió y pateó el tablero. Para el pesar de la mayoría del cine de acción contemporáneo, existe ahora un muro contra el que todas las películas del género van a chocar, y dependerá de ellas qué tan bien podrán acomodar el cuerpo respecto a ese mojón llamado Fury Road. Seguramente a Hollywood tampoco le importe demasiado y seguirá cocinando masivamente su peor comida chatarra. Sin embargo, ahora que nos dieron esto para probar, al menos quien escribe difícilmente pueda volver atrás.

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