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Narcos, primera temporada

Por el Cine/TV

Narcos, primera temporadaLa extravagante vida de Pablo Escobar es el gancho para sumergirnos en el conflicto que puso a Colombia en el mapa en los '80. Desde una visión estadounidense que no oculta los defectos propios, veremos detalles de la lucha contra el narcotráfico en otra exitosa producción original de Netflix, hablada en inglés y español (y un poquito de portugués).

Narcos, primera temporada

Narcos, primera temporadaEl porcentaje de acierto de las producciones originales de Netflix es tan alto, que la llegada de un nuevo título es motivo suficiente como para hacerle un hueco en los tiempos de ocio y ver de qué se trata la cosa. Y si bien la primera temporada de Narcos no llega al nivel de Bloodline o Bojack Horseman, por nombrar dos series muy diferentes que me conquistaron por completo, demuestra que la compañía sigue con las baterías bien cargadas.

Narcos cuenta la lucha contra el narcotráfico en suelo colombiano, en el marco del ascenso de Pablo Escobar, el más popular representante de esta práctica. Para entender lo que sucede, iremos de la mano de Steve Murphy, un agente de la DEA que llega desde Estados Unidos para colaborar en la lucha contra los carteles.

Murphy es el típico personaje "novato" que nos va contando la historia a medida que la descubre, pero los realizadores no caerán en demasiados lugares comunes a lo largo de los diez episodios de la primera temporada.

El mayor acierto está en el guion y el mejor guion es el del primer episodio, que se las arregla para explicar el lugar en el que se encontraba Colombia a comienzos de los años '80 a raíz de las diferentes políticas impulsadas en América del Sur desde la década anterior. Detrás de todo (y adelante también) está el gobierno de Estados Unidos y esta podía ser un arma de doble filo.

En la serie, Estados Unidos es mostrado en toda su imperfección, desde el apoyo a totalitarismos hasta la ridícula obsesión en contra del comunismo. No se lo demoniza, pero el maquillaje que se le aplica antes de encender las cámaras no camufla las enormes grietas.

Murphy (Boyd Holbrook, o lo que sería Macaulay Culkin si jamás se hubiera drogado) y Javier Peña (Pedro Pascual, vivito y coleando desde su mala experiencia en Juego de Tronos) se pasan la temporada buscando a miembros de la policía local que no sean tan corruptos y aprovechan cada cachón que les dejan los políticos colombianos para meterse en sus asuntos con el fin ulterior de evitar que la violencia a causa de las drogas continúe... en Estados Unidos. Sus motivos son claros y la historia no quiere engañar a nadie.

Narcos, primera temporada

Del otro lado está Pablo Escobar, sobre quien recae el mayor peso de la serie. Interpretado por Wagner Moura. Si bien salva todos los exámenes, flaquea en dos rubros, uno bastante más obvio que el otro.

"Narcos" tiene el coraje de presentar a todos los personajes hablando en su idioma original, lo que significa que más de la mitad de las charlas son en español, algo a lo que el público estadounidense no está acostumbrado. Bien por Netflix. El problema, que habrá detectado cualquiera que haya visto medio episodio, es que Moura es el que peor habla español de quienes encarnan personajes hispanoparlantes (él es brasilero) y por momentos atenta contra la logradísima suspensión de la credibilidad.

El otro asunto que aqueja a su personaje es parecido al que sufrió el Kingpin de Vincent D'Onofrio en la primera temporada de Daredevil. Desde el comienzo se nos muestra a un Escobar demasiado humano y nunca tan poderoso como para ansiar la caída de su imperio, más allá de los millones y millones (y millones) de dólares. Hay un problema de equilibrio entre el ser humano y el monstruo, y para cuando empieza a aparecer este último, no le tenemos todo el respeto que se merecería, porque lo vimos en sus momentos de mayor fragilidad.

"Por momentos me cuesta entender qué quieren los creadores de la serie que yo sienta al verlo" decía de Kingpin y en menor medida me pasó con Escobar.

Estoy hilando fino y es lo que nos obliga una serie disfrutable, que apenas baja su ritmo después del vertiginoso primer episodio y que cuando empieza a meterse con el poder político me hizo acordar (y sería deshonesto si no lo mencionara) a The Wire. Fíjense si al menos por un ratito Bogotá no les trae recuerdos de Baltimore.

Narcos, primera temporada

Durante la temporada nos enteraremos de detalles tan inverosímiles como ciertos del estilo de vida de Pablo Escobar, mientras el conflicto entre el gobierno y los narcos se agudiza y se cobra cada vez más vidas humanas. En el medio, Peña y Murphy atienden su juego y colaboran del lado que más les conviene.

Hablando de Murphy, es el otro personaje que tiene un arco bastante marcado durante los diez capítulos, aunque sobre el cierre pegue un volantazo que podría estar mejor telegrafiado en las entregas anteriores.

Por último, dos horrores de guion que mencionaré sin mencionar, protegiendo a aquellos que todavía no vieron la temporada. En un momento hay una especie de "camión de Troya" que se utiliza para introducir toda clase de insumos. Que los agentes de la DEA no hayan sospechado antes de que esto podía ser así es una imbecilidad de los escritores, así como el hecho de que no hablen con su conductor después de que pase un asuntillo bastante jodido con la carga. ¡Pero no puedo decir más!

Los invito a que descubran un poco más de este conflicto que aun en nuestros días se cobra vidas humanas allá lejos y muchísimo más cerca también. Conocerán a un personaje muy interesante, más allá de su acento brasilero, y quedarán con ganas de una segunda temporada, que ya fue confirmada por Netflix. No vayan a borrarse del servicio.

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