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007 Operación Skyfall

Por el Cine/TV

007 Operación SkyfallConnery, Dalton, Moore, Brosnan, Craig. El prontuario de actores que encarnaron al doble cero más famoso del Reino Unido es ilustre y variopinto. Las propuestas cinematográficas, también. En consecuencia, ¿podemos afirmar que "Skyfall" es la mejor película de James Bond a la fecha? Dos reseñas, a continuación.

007 Operación SkyfallNick Constantine

007 Operación SkyfallPropongo el siguiente experimento: detenga a la primera señora con apariencia de volver de la feria en los últimos minutos y pregúntele por el primer espía de ficción que le venga a la cabeza. Si la respuesta no es “Bond, James Bond”, la fruta de la feria está tan cargada con pesticidas que lo único decoroso es denunciarlo al Greenpeace más cercano.

La popularidad del agente secreto británico acuñado por Ian Fleming en 1952 se debe, en gran medida, a las entregas cinematográficas que supieron traerlo a pantalla grande. Encarnando al agente con licencia para matar más famoso de MI-6 estuvieron figuras de la talla de Sean Connery, Roger Moore, Timothy Dalton, Pierce Brosnan y Daniel Craig, el actual portaestandarte. Craig debutó en 2006 con “Casino Royale”, a cargo de Martin Campbell, que sirvió como una suerte de reinicio de la saga. Lo que venía desde tiempo atrás quedaba difuso, sin re-contarse demasiado. El status quo de Bond sufrió ligeras modificaciones (“M” a cargo de Judi Dench) y la idea central del comandante mutó de una especie de langa irresistible con artilugios pseudo-cienciaficcionescos a un agente secreto de corte más realista, al estilo Jason Bourne, con mayor exigencia física y tortura interna.

“No está tan bueno ser James Bond como podría parecer”, da la impresión de ser uno de los leit motif recurrentes de las últimas entregas. Para ejemplificar, más allá de las palizas recurrentes y los picanazos en la zona inguinal, el Edipo mal resuelto de Bond lo lleva a ni siquiera enarcar las cejas cuando limpian a una muchacha. En “Skyfall”, la reciente película de Sam Mendes, Bond está en las últimas. A partir de una casi total desconexión con el sistema inteligencia británico, James Bond lucha por reinsertarse al espionaje de manera acorde a su calidad de “dinosaurio”. En una época en la que la mayoría de los crímenes se realizan desde el otro lado de un monitor, ¿qué lugar queda para un tipo con una pistola-lapicera y un auto con lanzacohetes? Bond resiente el paso de las “nieves del tiempo que perlaron su sien”, y resiste los embates de un gobierno que tampoco le ve demasiado sentido a este tipo de acción encubierta o de superagente secreto.

James Bond comienza a delimitar su nuevo camino a partir de la tensión narrativa que desarrolla con un villano, Silva (Javier Bardem), y una aliada de toda la vida (bastante dudosa), representada por la “M” de Judi Dench, quien, por cierto, se roba la película. De esta forma se desarrolla una trama elaborada que lleva, como cabía esperar, a 007 de la noche al día y de una punta del globo a otra. El pulso de Mendes para filmar escenas de acción que dejan sin aliento, ya sea desde la locación hasta su coreografía y/o efectos visuales, se siente a lo largo de una película que, para tener dos horas y media de duración, se hace cortísima. El viaje exterior e interno de Bond está retratado con soltura y elegancia por Daniel Craig, el mejor Bond cinematográfico a la fecha a ojos de este humilde cuatrividente. Craig interpreta con gran precisión un agente que vive, muere, no-muere y lucha, con gravitas y contundencia, que rememora su pasado (hasta hay algún flirteo con el mismo sexo declarado y todo) y busca su lugar en el presente.

Nuevamente, el sufrimiento de Bond es casi palpable, pero esto no hace al viaje menos divertido. Quizás haya algún exceso de Bardem, algún decaimiento en la acción hacia el segundo acto, pero todo se compensa con creces con un final intrigante que rebaraja unos cuantos elementos del Bondverso. Un viaje invertido por la historia de 007, desde la actualidad glamorosa y violenta, hasta el pasado y los orígenes de la leyenda (al respecto, quizás el mejor momento de la película se da cuando Bond decide, precisamente, “viajar al pasado”; baste decir que la película acompaña con creces esta decisión, desde la fotografía hasta la banda sonora).

La mejor película de James Bond a la fecha. Imperdible. Se los dice Constantine.

Nick Constantine.

007 Operación Skyfall


007 Operación SkyfallEl Penitente

Cincuenta años no son nada. O sí lo son, en el caso de que estemos hablando de un personaje que carga sobre su espalda con más de una veintena de películas y que cíclicamente se ve obligado a reinventarse para acomodar el cuerpo a los tiempos que corren.

Los últimos años no fueron fáciles para Bond. La aparición de Daniel Craig en el papel del agente 007 se produjo en un momento en que la saga Bourne ya era una franquicia consolidada (con un éxito ganado en buena ley), y que proponía un héroe de acción cuyos rasgos fundamentales distaban de aquellos del agente al servicio de la inteligencia británica creado por Ian Fleming.

Posiblemente influenciado por la marea Bourne, el Bond de Craig de "Casino Royale" (Martin Campbell, 2006) y "Quantum of Solace" (Marc Forster, 2008), quizás haya sido el que más se apartó de la fórmula clásica, privilegiando el aspecto más físico del personaje por encima de la típica elegancia británica del "no me despeina ni una granada" que identificó a sus versiones anteriores. Afortunadamente, Skyfall aparece en el momento justo para redimir al Bond que aprendimos a querer. Menos al de George Lazenby. Ese es irredimible.

En ese sentido, uno de los puntos altos de Skyfall radica en que plantea una doble lectura, en tanto esos mismos dolores que ahora Bond siente ante cada golpe (los años no vienen solos) sirven como una metáfora para interpelar a la figura de Bond, o más bien, a las películas de Bond, en el contexto del cine de acción más reciente.

En Skyfall, a Bond todo le cuesta el doble, ya sea por algunas decisiones poco simpáticas de M (nuevamente interpretada por Judy Dench, quien en su papel está más impecable que nunca) como por la presencia del villano de turno, Silva, esta vez a cargo de Javier Bardem, quien ostenta una platinada cabellera bastante fulera pero que sería la envidia de Nicholas Cage. La aparición de Silva, que arrastra desde su pasado alguna que otra cuenta pendiente con M, planta la semilla de la duda en Bond, actuando como un elemento que cuestiona todo aquello en lo que aquél cree.

Para quien escribe, a priori, el nombre de Sam Mendes a cargo de la dirección generaba un tanto de desconfianza, ya que si tenemos en cuenta sus antecedentes, no era sencillo visualizarlo como una buena opción para revitalizar la franquicia. Nobleza obliga, debo reconocer que aquel prejuicio inicial en ningún momento se hizo presente en las casi dos horas y media de película.

Estamos ante una película que transita distintos climas y, en cada pasaje, Mendes maneja los mismos con gran pulso narrativo, ya sea en los tramos más frenéticos (como la vertiginosa persecución en moto de los primeros minutos) o en aquellos más introspectivos en los que Bond reflexiona sobre su propia existencia. Las peleas están coreografiadas de manera excelente, y se destaca particularmente una que recuerda a la lucha de siluetas de Uma Thurman y Lucy Liu en "Kill Bill".

Lo mejor de la cinta se concentra en su acto final, en el que Mendes propone un viaje a los orígenes de Bond (un viaje repleto de guiños y homenajes a la rica historia del personaje) y nos regala unos minutos finales que, con Bond atrincherado y asediado por Silva y sus laderos, nos remite a la gran "Asalto al Precinto 13" del maestro John Carpenter.

Skyfall es la vuelta de Bond a su mejor forma, con un Daniel Craig que ratifica tener chapa de sobra para lucir el esmoquin de Bond, y que se sitúa en un más que honorable segundo lugar entre los actores que lo interpretaron en estos 50 años, tan sólo por detrás de Sean Connery.

Volvió la elegancia.

007 Operación Skyfall

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