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Passengers (Pasajeros)

Por el Cine/TV

Passengers (Pasajeros)¿Se puede hacer una reseña sin spoilers de una película cuyo tráiler es engañoso? Hay una sola manera de averiguarlo. Acompáñenme mientras reseño esta aventura espacial construida en base a un delito imperdonable, camuflado por los soñados ojos verdes del protagonista.

Entré al cine esperando ver la historia de dos viajeros espaciales que por error se despiertan de la animación suspendida muchas décadas antes del final del viaje. Deben aprender a convivir, al tiempo que resolverán algún desperfecto técnico de la nave, o eso indicaba el adelanto que había visto antes de alguna otra película.

Sin embargo, a los pocos minutos de Pasajeros uno se da cuenta del primer problema: lo han engañado. ¿Les interesa saber por qué? Estoy dándoles tiempo para que dejen de leer, aunque se trata de un elemento que se dilucida antes de que uno pueda terminar de comer el maní con chocolate.

Esta vez pedí del maní con chocolate dulce en lugar del amargo, y no sé si será por la costumbre, pero parecía demasiado dulce. En fin, que estoy dejando un último párrafo antes de mencionar un detalle de la trama, muy tempranero, pero que va en contra del tráiler.

El desperfecto mecánico que causa fallas en el sistema de hibernación de los pasajeros solamente afecta a uno de ellos. Jim se despierta y se da cuenta de que falta casi un siglo para llegar al nuevo planeta que llamará hogar. Solamente Jim. Solamente Chris Pratt.

Passengers (Pasajeros)

Semejante detalle, omitido por los editores que buscaban llevarnos al cine, abre el juego para un tramo de la película que no imaginaba que vería: la odisea de un tipo que pasa un año entero tratando de mantener la cordura en una gigantesca nave espacial, completamente solo.

Me gustaría decir que Pratt da con la talla del personaje, pero en todo momento parece quedar a medio camino entre el trabajador serio y el pícaro simpaticón que todos aman amar (excepto yo, que me toca los cojones). Sus únicas interacciones son con la interfaz del vehículo, unos robots mozos que parecen salidos de un dibujito animado del Trío Galaxia y el cantinero androide, interpretado por Michael Sheen (David Frost en Frost/Nixon).

No es necesario ser un detective para anticipar cómo será despertada Aurora (Jennifer Lawrence), sobre todo porque el personaje de Jim se enamora de ella viéndola dormir a través de un vidrio, en uno de tantos momentos espeluznantes de la trama.

Jim/Pratt debe enfrentar la decisión más difícil de su vida: permanece las siguientes décadas solo o le arruina la vida a alguien que no conoce excepto por los videos que grabó antes de subirse a la nave. Si estuvieron atentos al tráiler (o estiman que es al pedo dejar a una de las actrices más populares del planeta dentro de una cajita de vidrio) sabrán lo que vendrá a continuación.

Tenemos, entonces, a un protagonista que comete el peor de los crímenes posibles dentro de esa nave, condenando a una extraña a pasar el resto de sus días junto a él. A esto hay que sumarle que, para generar conflicto, Jim le dirá a Aurora que su módulo de animación suspendida también se apagó por un error de la computadora. Que son dos pobres almas unidas por el destino. Que la invita a cenar a un bar en donde el cantinero es un robot parecido a David Frost.

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A esa altura este espectador ya estaba enojado con la historia, no porque me sintiera estafado (no está nada mal sorprenderse en el cine) sino porque el guion había llevado al protagonista a un punto prácticamente sin retorno. En especial cuando, con lógica interna, Lawrence empieza a caer bajo los encantos de Pratt.

¿Querían hacer una película en serio? Pues el personaje de Jim debió ser interpretado por un actor feo, o viejo, o gordo. El dilema ético, pese a estar planteado y generar las obvias tensiones al final del segundo acto, parece disolverse detrás de los ojos verdes de ensueño del protagonista de Jurassic World. Parece evidente que el director Morten Tyldum quiere que aquellos que están en el cine "hinchen" por un tipo que cometió prácticamente un homicidio (según lo define la mismísima Aurora) además de haber logrado acceso carnal mediante el ocultamiento de información.

El guionista Jon Spaihts podría habernos sorprendido con una historia de redención contra todo pronóstico, o de verdadero sacrificio, pero se queda a mitad de camino (o a un sexto de camino) y nos lleva hacia un desenlace típico de aventura contra el tiempo y los elementos, siempre con el objetivo de que empaticemos con quien no termina de ganarse nuestra empatía.

Lo que queda al final es una película con componentes visuales atractivos sin ser novedosos, actuaciones decentes y un protagonista irredimible cuyo exterior intenta distraernos de su crimen. Y para peor, con un guion que parece estar de su lado.

Ni siquiera el maní con chocolate extra dulce logró sacarme la amargura.

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