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Pirates of the Caribbean: Dead Men Tell No Tales

Por el Cine/TV

Pirates of the Caribbean: Dead Men Tell No TalesDespués de una cuarta entrega desprovista de corazón (será que no querían que terminara como el de Davy Jones) regresó el pirata más amado y odiado del cine, con una apuesta a las características que lo hicieron popular y no mucho más que eso. Alcanza para entretener.

Pirates of the Caribbean: Dead Men Tell No Tales

El estreno de la quinta entrega de Piratas del Caribe fue la excusa perfecta (o, digámoslo bien, la única excusa) para repasar las cuatro películas anteriores, estrenada en 2003, 2006, 2007 y 2011. Más de 700 minutos y 4.000 millones de dólares después, el productor Jerry Bruckheimer logró su objetivo de devolver aquellas aventuras de capa y espada al imaginario colectivo. A veces con más calidad que otras.

La aventura original (The Curse of the Black Pearl) lo tenía todo: puertos exóticos, ejércitos coloridos, fantasmas malditos, una dama no tan en peligro, alianzas endebles y el excéntrico capitán Jack Sparrow, rol que daría a Johnny Depp la capacidad de repetirlo (con pequeñas variantes) en muchas películas más.

Luego llegarían dos películas no tan bien entrelazadas (Dead Man's Chest y At World's End), que continuaron la tendencia de presentar tramas un poco más complicadas que los filmes pochocleros tradicionales, con al menos tres facciones disputándose tesoros o territorios y enfrentamientos cada vez más grandiosos, dignos de verse en pantalla bien grande.

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Esta "trilogía" original, que cuenta la historia de Will Turner (Orlando Bloom) y Elizabeth Swann (Keira Knightley), nos dejó escenas preciosas, como el enfrentamiento sobre la rueda del molino o la batalla naval en los bordes de un torbellino, además de villanos malísimos como Davy Jones, y un montón de secundarios que aportaban su humor en medio de escenas que seguro impresionarían al público menudo. Acá las muertes siempre estuvieron a la orden del día.

Los críticos no gustaron tanto de la segunda y la tercera de las tres películas dirigidas por Gore Verbinski, que introducían una mitología demasiado atravesada, con asambleas de piratas y diosas de los mares. Pero el público siguió yendo en masa a ver a aquel pirata de andar torpe y ropa colorida, supuestamente inspirado en Keith Richards, quien se dio el lujo de interpretar al papá de Jack.

Más allá de tener una longitud que conspiraba con los vicios de ver películas en casa (142, 150 y 168 minutos), el entretenimiento siguió presente y cada una de las tres tuvo momentos que hicieron valer la pena el revisionado.

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Algo diferente me ocurrió al ver On Stranger Tides (2011) por primera vez. Jack no parecía tan incompetente como de costumbre y más allá de que Wikipedia dice que es la película más cara jamás filmada, los dólares no se notan y muchas escenas parecen mucho más "de estudio" que los escenarios naturales (o estudios mejor iluminados) de las anteriores.

Para peor, Ian McShane no logró estar a la altura con su Barbanegra y Penélope Cruz no pudo ser más que Penélope Cruz interpretando un papel.

El único elemento que redimió esta indianajonesca búsqueda de la fuente de la juventud fue, una vez más, la presencia de Geoffrey Rush en su papel del capitán Héctor Barbossa. Rush siempre pareció ser el actor que más disfrutaba de transformarse en pirata y Barbossa es el personaje con el arco más definido durante las cinco películas. Su pata de palo y su sed de venganza le pusieron un mínimo de emoción a unos eternos 137 minutos dirigidos por Rob Marshall. Mejor suerte con los musicales, Rob.

Seis años y otros dos directores después (los noruegos Joachim Rønning y Espen Sandberg), llega la que podría perfectamente ser la última aventura del nutrido elenco de piratas. La Venganza de Salazar, traducción tomada del título para el Reino Unido Salazar's Revenge, parece devolvernos al Sparrow que aprendimos a querer con reparos antes de que apareciera hasta en la sopa.

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La quinta entrega es un Jack Sparrow Rebirth, comparándolo con el evento de DC Comics que devolvió a sus héroes las características más recordadas por los lectores. El capitán está de nuevo en mala racha, más bebedor que nunca y con la peor de las suertes. Y otra vez se verá envuelto en los planes de piratas y ejércitos reales para obtener objetos de grandioso poder.

Las principales incorporaciones son Brenton Thwaites como Henry Turner, una nueva generación de los Turner involucrado en el mundo del pillaje; y Kaya Scodelario en el rol de Carina Smyth, una astrónoma y horóloga (lindo chiste perdido en la traducción). Ellos serán la "parejita", mientras los envejecidos Depp y Rush cruzarán sus caminos debido a la aparición del malísimo capitán Armando Salazar. Al menos Javier Bardem hizo las cosas un poquito mejor que su señora a la hora de la actuación piratesca.

Sparrow volvió a sus orígenes, la historia tiene a un nuevo Turner y otra jovencita que se las arregla muy bien sola, y el guion nos presenta desde el comienzo setpieces que uno espera ver en una salida al cine para ver esta clase de películas. Los primeros minutos, casi tan independientes como la primera escena de una película de James Bond, nos demuestran que la grandiosidad de las primeras tres ha resucitado.

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Sí, de nuevo hay maldiciones que carecen de todo sentido y de nuevo hay demasiadas piezas móviles y personajes que saltan de un barco a otro modificando sus alianzas. Algunos actores regresan luego de ausentarse en la cuarta entrega, mientras que el único debutante de ésta que sobrevivió fue Stephen Graham (Al Capone en Boardwalk Empire) como Scrum. Con todos los vicios de la saga, logra el sencillo pero emotivo acto de entretener, si es que uno fue con ese objetivo al cine.

Con lo que se ve en pantalla y en especial con lo que les ocurre a varios personajes clave de la historia, sería el momento perfecto para cerrar el libro y pensar en nuevos protagonistas que reproduzcan escenas de la atracción clásica de Disneylandia que las inspiró. La taquilla, sin embargo, podría ser la culpable de que muchos más caigan en la maldición de Sparrow. Es decir, que cuando vean de nuevo a Johnny Depp caminando como camino cuando me despierto a las tres de la mañana en el sillón del living, griten: "¡maldición!".

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