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Ray Harryhausen (1920-2013) El legado de un titán

Por el Cine/TV

Ray Harryhausen (1920-2013) El legado de un titánHace algunos días falleció uno de los exponentes más importantes de la animación stop-motion. Ray Harryhausen, protagonista de una extensa carrera cinematográfica, inspiró a generaciones de realizadores, dejando a varios de sus creaciones en la retina de los espectadores de cine para siempre.

Ray Harryhausen (1920-2013) El legado de un titán

El pasado martes 7 de mayo, falleció a los 82 años el influyente animador, artista de efectos visuales y director Ray Harryhausen. Harryhausen fue uno de los exponentes más importantes de la animación stop-motion. Su extensa carrera cinematográfica, si bien eclipsada por el boom de los efectos especiales digitales a mediados de los ’80, inspiró a varias generaciones de realizadores que lo consideran todo un ícono y un verdadero artesano del cine.

Raymond Frederick Harryhausen nació, apropiadamente, en Hollywood, en pleno auge del cine mudo y la ciencia ficción literaria. Al igual que muchos de sus futuros colegas, el joven Ray quedó impactado de tal forma con King Kong (1933), que desde entonces decidió dedicar su carrera a darle vida a criaturas inanimadas. La creación y animación del simio más famoso del cine había estado a cargo de Willis O’Brien, un pionero en ese encomendable arte de fotografiar macacos cuadro por cuadro con extrema parsimonia. O’Brien ya había deslumbrado a audiencias impresionables años antes con los dinosaurios de la adaptación de la novela de H.G. Wells, The Lost World (1925). Un amigo en común arregló un encuentro entre Harryhausen y O’Brien, el cual dio inicio a una relación de mentor y protegido que duraría hasta la muerte de este último.

A fines de la década del ’30, Harryhausen se la pasaba encerrado en su garage mejorando su arte en forma prácticamente autodidacta. Fue entonces que entabló amistad con dos leyendas de la ciencia ficción y la fantasía a través de un club barrial: el escritor Ray Bradbury y el editor Forrest J. Ackerman. Si bien Bradbury y sus contribuciones al género no necesitan presentación, "el Tio Forry" como lo llamaban afectuosamente sus millones de seguidores (no, no se trata de un payaso degenerado y alcohólico que hacía chistes verdes, cosas inapropiadas con los globos largos y se cargaba a las hermanas en cumpleaños infantiles) no es una figura tan conocida fuera de los Estados Unidos.

Aunque ahora, investigando para esta nota, me vengo a enterar que tuvo su propia columna en la revista argentina La Cosa. Durante 25 años, Ackerman publicó y editó la revista Famous Monsters of Filmland, una publicación que crió generaciones de monster children, o sea jóvenes adictos a la ciencia ficción y los monstruos del cine. Ackerman se caracterizaba por ser una figura paternal y accesible para la juventud geek de la época, algo así como un Stan Lee del sci-fi (término que, por cierto, creó él mismo). Además de llevar adelante y ser la figura emblema de la revista, Ackerman convirtió su residencia de 18 habitaciones y 3 garages en un verdadero museo del género, llenándola con, según sus cálculos, más de 300.000 libros, películas, piezas y props originales de cintas de ciencia ficción que compartía con ávidos fans a través de visitas guiadas. Entre los numerosos suscriptores a Famous Monsters se encontraban adolescentes creativos y tímidos como Peter Jackson, Tim Burton, Sam Raimi, Joe Dante, John Landis y Terry Gilliam. El triunvirato Bradbury-Ackerman-Harryhausen permaneció inseparable desde entonces. La reciente desaparición de este último definitivamente marca el fin de los llamados sci-fi boys.

Volviendo a Harryhausen, durante la Segunda Guerra Mundial, éste hizo sus primeros cortos animados con muchos animales y dinosaurios para la Paramount, mientras aprendía el oficio de cineasta live-action trabajando de “lo que venga” para nada menos que Frank Capra. En 1947 el entusiasta Ray pudo demostrar sus dotes como asistente de su mentor O’Brien en Mighty Joe Young, una versión menor de King Kong que se llevó el Oscar a los efectos especiales. En 1953 Harryhausen adaptó un cuento de su amigo Bradbury (The Beast from 20.000 Fathoms) inaugurando el boom de "bichos gigantes que rompen todo" propio de la época. Fue en este film que Ray empezó a refinar la técnica que más tarde bautizaría como "dynamation", con la cual integra una secuencia de animación entre la acción del foreground a cargo de actores y la del background. Cabe destacar que a lo largo de su nutrida carrera, Harryhausen fue un verdadero "hombre-orquesta", prácticamente animando todo por su cuenta y ejerciendo control absoluto sobre sus secuencias.  Salvando la ocasional ayuda de sus viejos y de un amigo taxidermista que colaboraban construyendo las armaduras de los modelos, el resto de lo que se veía en pantalla era 100% R.H. Si bien los créditos no lo reflejan por cuestiones sindicales, el artista también estaba íntimamente involucrado con la parte de diseño y pre-producción de todas las películas en las que trabajó, algo insólito para la época, y que los directores de turno debían aceptar sí o sí.

A estos primeros esfuerzos siguieron manifestaciones de las paranoias de la época como It Came From Beneath the Sea (1955), sobre un pulpo radioactivo gigante que azota San Francisco, Earth vs. the Flying Saucers (1956), homenajeada/parodiada por Tim Burton en su divertidísima Mars Attacks!, y 20 Million Miles to Earth (1957), sobre el regreso de una nave espacial terrícola de una expedición a Venus con sorpresa a bordo incluida. Su primer film en color fue el recordado El Séptimo Viaje de Sinbad (1958), primera entrega de una trilogía en la que Harryhausen daría rienda suelta a su imaginación dándole vida y, sobre todo, personalidad a criaturas míticas como un cíclope, un ave de rapiña gigante de dos cabezas, serpientes marinas y un dragón.

Ya entrados los '60, después de sucesos innovadores como las adaptaciones de clásicos literarios como Los Viajes de Gulliver y La Isla Misteriosa, llegaría su obra maestro: Jason and the Argonauts (1963).  En esta epopeya de un millón de dólares (¡!), el protagonista se enfrenta a harpías, un coloso de bronce y una serpiente con múltiples cabezas. Su secuencia más emblemática le costó a Harryhausen cuatro meses encerrado en su taller londinense, pero el resultado final sigue sorprendiendo hasta el día de hoy y le pasa el trapo al esqueleto guerrero de Sinbad; en este caso son SIETE los finados que emergen simultáneamente de debajo de la tierra y se las agarran a los espadeos con los griegos. Sam Raimi le rendiría tributo tres décadas más tarde en una secuencia medieval similar en su Army of Darkness. Cuando Tom Hanks le entregó un Oscar honorario a Harryhausen en 1992, declaró que "para mucha gente Casablanca o Citizen Kane son las mejores películas de la historia. Para mí es y seguirá siendo Jason and the Argonauts". Casi nada.

El realizador continuó maravillando al público con otro opus prehistórico, One Million Years B.C. (1966, con Raquel Welch como la media naranja de una pareja de cavernícolas perseguida por dinosaurios) y Valley of the Gwangi (1969), un derivado de King Kong pero esta vez con un Allosaurio capturado que causa estragos en un circo mexicano. Un fracaso de taquilla durante su estreno, Gwangi ha ganado popularidad en décadas recientes y tiene un lugar especial en el corazoncito del realizador, por el hecho de reflotar el modelo del mismísimo dinosaurio que le había presentado a Willis O’Brien a sus tiernos trece añitos.

Volviendo al éxito seguro, Harryhausen le dio dos aventuras más al mítico capitán árabe: El Viaje Dorado de Sinbad (1974, famosa por la pelea con la diosa de seis brazos Kali) y Sinbad y el Ojo del Tigre (1977, con un tono más comédico y una jovencísima Jane Seymour como la princesa de turno). Cabe aclarar para los no iniciados que el Loro Salado, Colotordoc y Totón brillan por su ausencia.

El éxito financiero de las secuelas de Sinbad hicieron posible un mayor presupuesto y un elenco de lujo para una de las películas más recordadas de Harryhausen: Clash of the Titans (1981). Un desborde de imaginación que explota al máximo la pasión del realizador por la mitología griega, "Clash" narra las peripecias de Perseo, quien, asistido por su corcel alado Pegaso y su simpático búho mecánico Bubo (el R2-D2 de la peli), deberá superar difíciles proezas impuestas por los Dioses del Olimpo. Por ahí desfilan luminarias como el "actor de actores" Laurence Olivier encarnando al mismísimo Zeus, Ursula Andress como Afrodita, Maggie Smith y Burgess Meredith. Quienes crecimos alquilándola del videoclub del barrio o grabándola de la Primera Sección de Sábados de Cine, recordamos con cariño los escorpiones gigantes, el Cancerbero de dos cabezas ("tres hubieran sido mucho trabajo", admitió Harryhausen), la pelea con Medusa, y por supuesto el épico Kraken. La remake y secuela recientes contaron con un presupuesto millonario, efectos digitales de última generación, la conversión a 3-D y aciertos visuales como Gemma Atterton y actorales como Ralph Fiennes y Liam Neeson ("Release the Kraken!!"). Al menos para quien esto escribe, no cuentan con el encanto o la capacidad de asombro que provocaban la original.

Harryhausen tenía pensado una secuela, Force of the Trojans, que nunca llegó a filmarse. Entre otros dream projects figuraban adaptaciones de War of the Worlds de H.G. Wells (test footage más abajo) y Las Aventuras del Barón Munchausen, que llegaría a manos del inquieto Terry Gilliam. También habría quedado en el debe, una más que promisoria colaboración con uno de sus compositores habituales, Bernard Herrmann (cuando se lo prestaba Hitchcock), combinando animación y música al estilo de Fantasia.

Ya a mediados de los '80 los efectos digitales y las creaciones prácticas habian avanzado a tal grado (recordemos The Thing, Gremlins, Ghostbusters y un rico etcétera) que poco más que obligaron al pobre Ray a retirarse. También fue pública su frustración para con la "evolución" del héroe clásico a exponentes como Schwarzennegger y Stallone quienes resolvían todo a fuerza de armas, puños y acentos incomprensibles. Cortando por lo sano, Harryhausen se dedicó a plasmar sus conocimientos y experiencia en la materia a través de libros y charlas universitarias, inspirando y guiando futuras generaciones, y supervisó las ediciones en laserdisc y dvd de todas sus películas. Entre sus honores se incluyen una estrella con su nombre en el Camino de la Fama de Hollywood (uno de los primeros artistas de efectos especiales en recibir una). Sus 50.000 maquetas y modelos se encuentran preservados en el National Media Museum en Bradford (Inglaterra).

Es innegable la influencia que Harryhausen ha tenido en realizadores fantásticos a partir de fines de los '70.  Directores de la talla de Spielberg, Lucas, Jackson, del Toro, Dante, Landis, Edgar Wright y Frank Darabont, citan las películas de Ray como momentos definitivos en su juventud. En el recomendable documental The Sci-Fi Boys, queda muy claro como Harryhausen, más que ningún otro cineasta, obligó a cada uno de este grupo a suplicarles a sus padres que les compraran una cámara Super 8 para así poder filmar sus propios cortos con rudimentarias secuencias en stop-motion.

Sin las creaciones de Ray no tendríamos el Rancor de Return of the Jedi, la Reina Madre de Aliens, el Gremlin volador y el arácnido de Gremlins 2, el monstruo submarino de The Abyss, o sencillamente Jurassic Park, por nombrar tan solo algunos. Tampoco contaríamos con las animaciones de Nick Park (Wallace and Gromit), Henry Selick (Coraline), mucha gente del plantel creativo de Pixar (véase el restaurant Harryhausen’s en Monsters, Inc.), o Tim Burton (nótese el piano marca Harryhausen en Corpse Bride), quienes citan en unísono a Harryhausen como "la persona que [nos] hizo creer en los monstruos" y la razón principal que los motivó a convertirse en animadores.

Por el lado de los especialistas en efectos especiales y maquillaje, Rick Baker (Ed Wood, Men in Black, Hellboy, Tropic Thunder) destaca como, haciendo las cosas a su manera, "Ray se encargaba de una película entera él solo con el presupuesto que nosotros en Industrial Light and Magic teníamos para una escena". Sinbad y el Ojo del Tigre, su película más cara hasta la fecha, costó la friolera de 7 millones de dólares. Resulta simpático enterarse que el pulpo de It Came from Beneath the Sea contaba con seis tentáculos en vez de ocho para ahorrar costos, que la única razón por la que Harryhausen filmó 20 Million Miles to Earth en Roma fue porque siempre había querido veranear allí, o que después de usar cangrejos reales para similar los monstruos gigantes de Mysterious Island, estos marcharon a la olla para la cena con el equipo técnico.

Pero quizás fue el recientemente desaparecido Stan Winston, gurú responsable de los efectos de Terminator 2, Aliens y Depredador, entre otros, quien resumió el legado de Harryhausen mejor que nadie: "Ray fue mucho más que un gran artista, artesano o técnico. Creó PERSONAJES de carne y hueso con tan solo una armadura de alambre y arcilla. Ray personifica la magia del cine como ningún otro".

Y así desde este humilde rinconcito de la web es que Multiverseros alza su cáliz de vino griego (fotograma por fotograma, como corresponde) para agradecerle a Ray Harryhausen por tantas horas de fantasía y aventuras de la buena en nuestra niñez, y por demostrar que con talento, dedicación, disciplina y amor al arte, todo puede cobrar vida. Salud, Maestro.

Ray Harryhausen (1920-2013) El legado de un titán

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