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Reseña: Metegol

Por el Cine/TV

Reseña: MetegolEl laureado director argentino Juan José Campanella se despachó esta vez con una película animada: Metegol. Nuestro amigable colaborador Robotman tuvo la posibilidad de verla y acá te traemos su reseña. Ojo, sobre el final de la nota se revelan algunos detalles del desenlace de la película.

¡Al túnel, muchachos!

Reseña: MetegolLa verdad es que, debo reconocerlo, tengo cierto prejuicio frente al cine de los hermanos argentinos. Vaya uno a saber por qué pero este humilde robot no se siente demasiado motivado a asistir a producciones cinematográficas de la vecina orilla, sean de animación o no.

Afortunadamente, como todo en la vida, existen excepciones. Mi primer contacto con Metegol (un argentinismo desde el vamos, porque hasta donde recuerdo, que no es mucho, en Uruguay siempre se le llamó "futbolito") fue una entrevista al director de la película (el famoso Campanella de El secreto de sus ojos). El hombre hablaba de que su intención era usar la fabula futbolística para tratar temas más profundos, de las aparentes derrotas y de los verdaderos triunfos. Eso me hizo tener ganas de verla. Un dato interesante fue que el anuncio de la película en ese diario señalaba su lanzamiento para el nueve de agosto. "¡Cuánto falta!" me dije, ingenuamente. Luego un amigo tuvo a bien explicarme que ese había sido un error seguramente causado por los duendes de los medios gráficos y que realmente el estreno era mucho más cercano en el tiempo.

Entramos al cine con la película ya empezada, luego de un pequeño malentendido con el señor que expendía el pop y las bebidas que me exigía, mezquinamente, un papelito que acreditara mi pago de dichas viandas. Comprobante que había sido debidamente extraviado por mí en cuestión de un par de metros y algunos segundos (¡un nuevo récord!).

Abrazando el balde de pop como Darío Rodríguez abrazaría una copa del mundo, ingrese a la sala. Si bien la película ya había comenzado, la anécdota principal no. Un padre se disponía a contarle una historia a su hijo antes de dormir, historia que, como el astuto y amable lector acertadamente supondrá, no era otra que la misma Metegol. Lo primero que me llamó la atención fue la expresividad de los rostros. Cada pequeño gesto, hasta la propia mirada de los personajes (los ojos de Laurita, el principal personaje femenino es un claro ejemplo de eso), parecía reflejar con certeza lo que sucedía en el alma de cada uno de ellos.

Más allá de algunos inevitables pero igualmente efectivos lugares comunes, se empieza a notar un cuidado en el detalle. Cada personaje es único, cada escenario parece construido con dedicación. En alguna escena los árboles del pueblo son de una belleza conmovedora y algún cielo nocturno le dan ganas a uno de sentarse en silencio a contemplarlo. Todo encaja, el mecanismo funciona perfectamente. Inevitablemente uno empieza a reconocer las voces de los famosos argentinos. Como un pequeño juego, traten de descubrir a quién pertenece la voz del ermitaño hincha de Desamparados de San Juan (sin la ayuda del amigo Google, claro).

Una lágrima (o quizás el amor que la produjo) hace el milagro y trae a la vida a los personajes de plomo del metegol del título. Es interesante pensar si el niño Amadeo, al diferenciar a los jugadores con sus nombres, historias y apariencia, al ponerles "amor", no comenzó allí el proceso de darles "vida". El amor como generador de vida; muy poético el futbolito este.

Los Jugadores

El Capi (no pude evitar pensar en el Capi América... años de leer cómics necesariamente afectan el cerebro) el líder del equipo, símbolo de la voluntad inquebrantable y la lealtad, el fútbol es todo para él, es su vida. Pablo Rago le pone la voz al capitán del equipo. El Beto (Fabián Gianola) el clásico jugador creído pero querible. y El Loco (Horacio Fontova) el místico, el que ve cosas que no están allí o tal vez ve más allá de las cosas que están a simple vista. Ellos son los tres personajes principales, la tripleta ofensiva del futbolito.

Reseña: Metegol

Laurita, Amadeo y el futbolito. El comienzo del romance.

Mucho más que una historia de fútbol

Si bien el fútbol sirve como soporte a la historia, Campanella consigue lo que se propuso y transforma a Metegol en una historia universal, una historia de amor, de fe y de perseverancia, de vileza y de generosidad, de amistad y de sueños, de egoísmo y de valor. Uno se descubre riendo más veces de lo que suponía y también descubre, no sin asombro, que se le eriza el pelo de los brazos en un par de ocasiones. Incluso hay un par de sorpresas, varios guiños (incluyendo uno a su propio gobierno) y un juego fuera de ciertos arquetipos que le otorgan una variedad más amplia de matices al film. Los malos pueden ganar, pero también son víctimas, los más malos son, más que malos en sí, amantes del dinero. Los amigos, aunque bienintencionados pueden equivocarse al aconsejar en temas amorosos.

Porque, por supuesto, hay una historia de amor en el fondo de todo esto, la de Amadeo y Laurita a través de los años. También de amistad y de lealtad con uno mismo y los otros. Imagínense ustedes al Barcelona de Messi jugando un partido contra Rentistas (con todo respeto). Ahora exageren aún más las distancias entre ambos. Algo así constituye la escena cúlmine del film.

Intentando torcer el destino

Es lo que dice Osvaldo Principi haciendo las veces de relator de fútbol en el momento final de la película. Emocionando a más de uno que se sentirá identificado con la vieja y maravillosa historia de David y Goliat. Con el destino ya escrito, el flacucho Amadeo representa a todos sus amigos y a los espectadores. Nuevamente el pequeño David levanta su honda contra el gigante terrible, sin ninguna posibilidad pero con toda la fuerza que dan las causas justas y, claro está, el amor.

Nuestro amigo Ghandi, solia decir que "un esfuerzo completo es una victoria completa" y aquí tal vez la piedra no haya dado en la frente de Goliat, pero la verdadera victoria, la que va más allá del partido de fútbol en cuestión, la que se juega afuera de la cancha, la de la vida, la que verdaderamente importa, esa fue esta vez para los humildes, para los pequeños, para todos los Amadeos y las Lauritas del mundo.

En definitiva, será cuestión de hacer caso a El Loco cuando le dice al Capi:

-¡Shh! Escuchá lo que está pasando...
-¿Qué, si no se escucha nada?
-Exactamente.

El silencio de Maracaná debe haber sido parecido.

Por eso, damas y caballeros, vamos a volver a la cancha para el segundo tiempo, todos juntos, porque todavía se puede dar vuelta el partido.

Siempre se puede.

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