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Spectre

Por el Cine/TV

SpectreJames Bond está de regreso y también ha vuelto la malévola organización que tanto le complicó la vida en los '60. No faltan las escenas trepidantes y entretenidas, aunque la traducción de aquellos ingredientes sesenteros a la vida moderna deje que desear.

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El comienzo de la última aventura de James Bond no podría ser más prometedor. En el marco del Día de los Muertos y con un despliegue de producción impresionante, el agente 007 completa una mini misión con los típicos ingredientes de corridas, explosiones y algún vehículo poco convencional. No falta la muchacha, por supuesto.

Continúa el entusiasmo cuando nos encontramos frente a una historia desbordante en acción y sin demasiadas volteretas de guion, algo que de lo que siempre pecaron las entregas de esta saga que le tocaron al muy efectivo Daniel Craig.

Se plantea un conflicto entre la vieja manera de ver el mundo (el MI6) y la nueva "Inteligencia Global", quedando Bond del lado de las herramientas perimidas, aunque las pocas veces en que se plantean dilemas del estilo "espías vs. drones" el guion haga un poquito de agua.

El agente fanático del vodka martini termina siendo un paria incluso dentro de su propia agencia, al obsesionarse con una misteriosa organización que parece controlarlo todo. Y allí aparecen algunos de los detalles más flojos de la película.

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Spectre continúa el camino comenzado sobre el cierre de Skyfall que planteaba un regreso a los aspectos más "coloridos" del folklore de 007. Después de un comienzo de la era Craig al estilo Batman: Year One, las aventuras fueron recuperando elementos clásicos, que en definitiva fueron parte del éxito obtenido. Sólo faltaba el regreso del Joker, por decirlo de alguna manera.

Sin embargo, los realizadores fallan cuando quieren adaptar algunos de esos ingredientes al realismo de las últimas películas. La cosa queda a mitad de camino entre lo posible y lo imposible, entre lo conservador y lo estrafalario. Y la principal víctima de ello es el personaje de Christoph Waltz, a quien nunca le dan la cuerda suficiente como para liberarse y comerse la película.

Pese al esfuerzo, Franz Oberhauser termina siendo otro villano que no queda impreso en la retina, como aquél de Casino Royale, o el otro de Quantum of Solace, o Javier Bardem mellado. Su único mérito, como el de Spectre, es el de pararse sobre los hombros de la larga, rica y colorida historia de James Bond.

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Con todo, la acción continúa de la mejor manera y 007 se beneficia de un Team Bond, formado por algunos de los personajes clásicos. En especial se destaca Ben Whishaw como Q, evitando los estereotipos del nerd y poniendo su cuotita de humor en una película que tiene bastantes frases matadoras. Y Léa Seydoux está lejos de ser la típica Chica Bond sin ser Rebecca Ferguson en Misión Imposible.

Hay otro lomo de burro que frena el ritmo y disminuye el disfrute final, y es la obsesión por atar todos los cabos. Si bien Spectre funciona como cierre espiritual de la era Craig (regrese o no), hay toqueteos de retrocontinuidad o "retcon" para explicarnos que todo lo que pasó en las tres películas anteriores estaba estrechamente relacionado y detrás de todos los males del mundo hay una única mano, que además se preocupa demasiado por Bond, James Bond.

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Tampoco ayuda que esos hechos y personajes sean mencionados "a la pasada" sin mucha información extra, lo que complica la vida a tipos como yo, que tenemos memoria de chorlito. Si querés atarme los cabos, mostrame un par de escenitas viejas y haceme creer que lo tenías todo planeado.

La balanza termina inclinándose para el lado de la diversión y el entretenimiento, con los ingredientes necesarios de una película de acción, aunque la mala adaptación de cosas del viejo Bond no permita que el resultado final sea superlativo.

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