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Spider-Man: Homecoming (De regreso a casa)

Por el Cine/TV

Spider-Man: Homecoming (De regreso a casa)Sony le dijo a Marvel Studios: "trabajemos juntos". El resultado fue una película muy entretenida, que beneficia a Sony por la posibilidad de jugar en un arenero mayor, y que beneficia a Marvel por sacarlos un rato de la fórmula del cinismo y el humor como descompresión.

Spider-Man: Homecoming (De regreso a casa)

Después de dos pasajes por el cine (el primero de tres películas y el segundo de dos), rendimientos decrecientes en la taquilla y la constatación de que la máquina de churros de Marvel Studios anda afinadísima con su público, Sony hizo lo que Fox jamás se atrevería y llamó al estudio de los creadores del Hombre Araña para unir fuerzas en nuevos proyectos.

Todo comenzó con la aparición de Peter Parker en Captain America: Civil War. En la famosa escena del aeropuerto, Tony Stark sacó su joven as de la manga y por fin los conocedores de los cómics de la Casa de las Ideas pudieron cumplir el sueño de ver al mayor ícono de la editorial compartiendo pantalla con Iron Man, el Capi... y los demás (Homero Simpson dixit). Restaba saber lo que ocurriría cuando el buen vecino encabezara su propia película.

Dos buenas noticias: no hubo que esperar mucho para obtener esa respuesta, y la respuesta es ampliamente positiva. Spider-Man: Homecoming me pareció, en su conjunto, el mejor filme de los seis (lo siento, Raimitos), por más que algunos elementos del Parker de Andrew Garfield me hayan gustado un poquito más, particularmente su humor a la hora de enfrentar el peligro. Pero volvamos al Parker de Tom Holland.

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Tratándose del tercer comienzo de las aventuras de este superhéroe (y con el segundo comienzo hace apenas cinco años), los productores y guionistas tuvieron el tino de obviar el archiconocido origen. ¿Sos de aquellos que no lo conocía? No te preocupes. Resulta que, después de obtener los poderes arácnidos tras ser picado por uno de estos bichos, Parker decide utilizar sus habilidades en beneficio propio y deja escapar a un chorro porque eso no le incumbía. Poco tiempo después, ese chorro asesina a su figura paterna, el mismo que le decía que "con un gran poder viene una gran responsabilidad". Aprende la lección y se convierte en paladín de la justicia.

De la historia del tío Ben no quedó nada. De hecho no hay una sola mención a Ben. Sí persiste la eterna tía May, encarnada en esta ocasión por Marisa Tomei, lo que le da una diferencia de edad más adecuada a la relación, la aleja del personaje que siempre está a punto de morirse y abre el juego a varios chistes sobre su buenosidad.

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Sí, chistes. Que los hay en grandes cantidades y en los lugares correctos. Siempre hablando desde la subjetividad extrema, Homecoming es la película del Marvel Cinematic Universe más graciosa y que mejor maneja el humor. Acá los chistes no están para descomprimir el drama sino para hacer reír al espectador. Esto se suma a que Sony evita el cinismo clásico del MCU y abraza como pocos el concepto de "ser un superhéroe". Los únicos que hacen comentarios negativos sobre trajes de colores y armas estrafalarias, son los malos.

Pero volvamos al universo compartido. La idea de aliarse con Marvel no buscaba solamente los consejos de los mejores churreros del pasado reciente; le permitía al "arañiverso" coquetear con elementos de quince películas anteriores e incluso incorporar otros, y en muy buena manera, como el grupo especializado que hace su primera aparición al comienzo de la historia, en una escena ubicada en el pasado.

Claro que zambullirse en una piscina por la que ya pasaron quince nadadores tiene sus aspectos negativos. Mi compañero de butaca, un dibujante argentino famoso por sus ordinarieces, estuvo perdido durante buena parte de la cinta, ya que no había visto o no recordaba muchas de las entregas anteriores. Aquí hay referencias directas a las dos películas de los Vengadores, a Civil War y a algunas otras aventuras. Y por encima de todo, a veces literalmente, la figura de Tony Stark (Robert Downey Jr.).

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Sony hizo un poco de trampita. Se olvidó del tío, pero colocó a Iron Man básicamente en el mismo papel, el de mentor que sigue de cerca la carrera del jovencito y le dará lecciones importantes para que crezca como persona. Por momentos es como ver a Peter Parker volver a cometer los mismos pecados de hibris, ahora con un tío siempre listo para sacar las castañas del fuego (tanto, que por momentos se convierte en un Tony Ex Machina, pero vamos a perdonarlos).

Los guiños a locaciones, héroes y villanos funcionan mejor que en episodios de Agents of S.H.I.E.L.D. e incluso hay un par de cameos muy celebrados. Claro que nada de esto funcionaría sin un guion a la altura. Y pese a que "altura" es lo que más se extraña de las sagas anteriores (falta Manhattan, bitches), la historia que cuentan es muy entretenida.

Holland es un Peter Parker de 15 años y se nota. No solamente porque tiene más pinta de botija que Garfield y que el anciano Tobey Maguire, sino porque la mayoría de la acción "civil" transcurre dentro de un liceo y el comportamiento del elenco juvenil lo acercan al cine adolescente, en el buen sentido. Hay amigos compinches, amores imposibles, compadritos con dinero y profesores piolas, con baile incluido. De esos que tenés que vestirte de gala y pasar a buscar a la muchacha por la casa.

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Aquí se destacan Jacob Batalon como Ned, el amigo tan nerd como Peter, que no puede contener la emoción cuando empiezan a suceder cosas imposibles a su alrededor. Y Zendaya (así se la conoce) tiene pocos minutos en el papel de Michelle, pero alcanza para que le echemos el ojo por sus habilidades para la comedia. Esperemos que no pase como Selena Gómez en Los Hechiceros de Waverly Place y se vuelque demasiado a la música, olvidando la actuación.

Nuestro simpático protagonista intenta equilibrar su vida académica, su magra vida amorosa y su reciente vocación superheroica, cayendo una y otra vez en las garras de la famosa "Suerte Parker". Stark, a través de Happy Hogan (Jon Favreau en su justa medida), controla al muchacho para que no se meta en líos más allá de sus capacidades. Como si fuera fácil controlar a un quinceañero que trepa por las paredes y tiene superfuerza.

Los mencionados líos en los que Parker terminará metiéndose son obra del Buitre, papel explotado en gran forma por el veterano Michael Keaton, que sabe algo acerca de películas sobre adaptaciones del cómic. Su Buitre tiene una raison d'être muy clara, aunque su personaje esté lejos de ser una figura trágica. Se trata de alguien que supo aprovechar los cambios de esta "era de los superhéroes", por más que al principio hayan intentado dejarlo de lado. Y conjuga una faceta relativamente normal, con destellos de maldad casi psicópáta.

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Cada encuentro entre Spider-Man y el Buitre (o alguno de sus minions) nos traerá escenas memorables, aunque en contadas ocasiones los efectos especiales no estén a la altura de los tiempos que corren y se extrañen muchísimo los rascacielos. Los riesgos aumentarán de manera natural, hasta llegar a un desenlace que lo deja a un satisfecho, sin grandes innovaciones.

¿Era necesaria la unión de estudios? No creo. Sacando los elementos del MCU, Sony podía contar una buena historia, si se aseguraba de tener un buen guion y no distraerse con alienígenas que te vuelven emo o conspiraciones encabezadas por papá Parker. Y por momentos Spidey parece perder importancia dentro de su propia historia. Ahora, una vez que se decidió el joint venture, aprovecharon el arenero gigante repleto de juguetes, que podría dejar a algún despistado por fuera (Gustavo Sala) pero que aporta a la saga de 16 películas una bocanada de aire fresco, cuando los hilos estaban cada vez más a la vista.

Buena decisión.

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