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Super 8

Por el Cine/TV

Super 8Un poco más tarde de lo que hubiésemos querido, te traemos nuestras impresiones acerca de Super 8, la última película de J.J. Abrams. Y sí, será tarde, pero nos gustó tanto que no queríamos dejar pasar la oportunidad de hablar una vez más de ella.

Super 8Nick Constantine

Super 8 contiene, en orden más o menos de aparición: una pandilla de púberes pre-adolescentes metiéndose en cuanto problema hay en un pequeño pueblo estadounidense a finales de los 70; unos cuantos estereotipos (en el mejor de los sentidos) cinematográficos, como el soldado siniestro, el policía bueno-pero-distante, el niño obsesionado con los petardos… bueno, concedo que este último no es tan común; una amenaza (o no tanto) alienígena. Mezclen estos elementos y permítanles hacer alarde de sus (des)inteligencias en 1 hora 30 de película: el resultado conjuga amor, aventura, sorpresa y algún saltito.

Si Super 8 no es un canto de homenaje al cine ochentoso, no sé qué puede llegar a serlo.

Ver Super 8 es transportarse a una época en la que la gran pantalla era más mágica, menos plástica-acartonada, más ingenua (recordemos: la ingenuidad, en algunos medios y con determinados propósitos, puede ser un ideal atrayente). El trasfondo argumental de la última película de J. J. Abrams, co-producida por Spielberg (el responsable de un fajo interesante de estas cintas que Super 8 homenajea apenas disimuladamente) sirve para resaltar las dinámicas internas de un grupo de niños tan entrañable como dispar: el muchacho noble que perdió a su madre, el gordito obsesionado con las películas (me pregunto si Abrams le daría duro y parejo a los postres en su niñez), la niña bonita pero hosca, el loquito de los petardos, y alguno más.

Que haya caído o no una nave espacial en este pueblito es importante sólo hasta cierto punto, porque la historia de QUÉ cayó deja lugar al EFECTO que tiene en las vidas de esta comunidad.

La película entretiene, asusta, divierte y funciona con códigos propios de producciones de hace (ya) 30 años. El resultado es sencilla y contundentemente redondo. Si tienen 30-40 años, prepárense a viajar a un momento en que todo, por alguna razón, funcionaba mejor.

Un maravilloso viaje en el tiempo a un momento en que las películas se disfrutaban más. Absolutamente recomendable. Y eso que se los dice alguien que nunca vio E.T.

Super 8


Super 8Robotman

La película está correctamente ambientada hacia el final de la década del 70 y en una primera instancia podría parecer que está hecha sin demasiadas pretensiones y posiblemente se estaría en lo cierto. Pero eso sería sólo viéndola superficialmente. El film, a mi modo de ver, no deslumbra pero sí hace su trabajo, teniendo varias cosas destacables.

En primer lugar, la ambientación está muy cuidada y le hace varios guiños al espectador (como recordar los viejos walkman del tamaño y peso de un ladrillo, por ejemplo). La joven actriz Elle Fanning (encarnando a Alice Dainard) hermana menor de la más famosa Dakota, fue una agradable sorpresa para quien esto escribe, ya que no sabía que ha aparecido en filmes desde que tenía dos años. Su personaje fue totalmente creíble y querible, y ojalá le espere un gran futuro en su carrera.

El protagonista de la película, el joven Joel Courtney (en el papel de Joe Lamb) quien por lo que pude informarme debuta en este film, lo hace con el pie derecho, cumpliendo un papel más que correcto.

Una de las cosas que me gustó de la película fue la visión de los humanos hacia lo diferente (trasládese ésto a animales, etnias, ideas, sexualidad y todo lo que se les ocurra). Me quedo con una frase de uno de los personajes, el heroico Dr. Woodward, referido al trato que nuestra especie le da a un inesperado visitante: “en lugar de mostrarle compasión…le enseñamos a odiarnos”. Interesante.

Este alien no es un invasor malvadísimo ni un E.T. indefenso y naif. Está entre medio, lo cual ya lo convierte en un ejercicio algo diferente.

De todas maneras, el fuerte de Super 8 pasa por otro lugar. Pasa por las pequeñas historias, las historias humanas, de pérdidas, de reencuentros, de dolor, de búsquedas, y como no, de amor. En ese sentido, hay varios momentos entrañables que hablan de vidas que se destruyen y se reconstruyen, de alejamientos y reencuentros. Quizás, ahora que lo pienso, toda la película gire alrededor de ese tema. Así como el visitante buscaba reconstruir su nave para volver a su hogar, los personajes luchan por volver a reconstruir sus vidas. Y tal vez lo que nos deja Super 8 sea eso.

Puede no ser fácil, pero con la ayuda de los amigos y un poco de fe, la reconstrucción siempre es posible.

Super 8


Super 8El Penitente

La nostalgia es un sentimiento bastante traicionero, ya que bajo el rótulo de la misma se suele justificar y legitimar cualquier atrocidad (si hasta en Uruguay tenemos una fiesta que es una prueba fiel de ello). Todos aquellos que tuvimos nuestra infancia en la década de los 80, crecimos a la par del fenómeno de las blockbuster movies y, mientras Reagan jugaba al cowboy intergaláctico, el cine se encargaba de reflejarlo, a veces a favor, a veces en contra.

Sin embargo, sin importar el lado de la balanza en que estuviesen, las películas tenían un espíritu especial. Lo interesante de Super 8 es que si bien apunta a rescatar ese espíritu, en ningún momento se queda en el simple homenaje. Abrams sabe que para que esto no sea una caricatura de una década (como lo era That 70’s Show, por ejemplo, aunque ahí ese era el efecto buscado), la clave está en los detalles, algo que también entendió perfectamente Greg Mottola en Adventureland, otra de las grandes películas "ochentosas" recientes.

Desde lo argumental, Super 8 toma los elementos más aventureros de Los Goonies y los mezcla con esa alegre tristeza de E.T. (¿cuándo van a tirar abajo la Estatua de la Libertad y en su lugar poner la de Spielberg?). Vistas con unos cuantos añitos más, uno se da cuenta en dónde surgía la fascinación de niño por esas películas: en ellas, el creador nos hablaba como si fuésemos pares, sin menospreciar o subestimar al niño espectador, algo de lo que lamentablemente no se pueden jactar gran parte de las películas dirigidas al público infanto/juvenil de los últimos años.

En Super 8 hay incorrección política, hay malos recontra-malos (que por lo general usan uniforme) y hay un monstruo que asusta, aunque esto último es lo de menos. El extraterrestre de turno funciona como una excusa (de hecho, uno nunca llega a desarrollar una verdadera empatía con el bicho, aún cuando se lo revela como la víctima y no victimario), para el crecimiento interior de los personajes principales.

En definitiva, una muy buena película que no va a desplazar en nuestro coranzoncito a aquellas que tanta alegría nos dieron de chicos, pero si dentro de 30 años veo un pibe con una remera de Super 8, seguro me va a sacar una sonrisa.

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