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The Following T2E7

Por el Cine/TV

The Following T2E7A Ryan Hardy no le alcanzaba con las locuras de Joe Carroll y su pandilla, sumadas a las locuras de Lily y los hermanos Macana. Así que entrará en escena un culto satánico, mezcla de Indiana Jones y el Templo de la Perdición con el Carnaval de La Pedrera.

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Cuando estaba comenzando a ver el séptimo episodio de la segunda temporada de The Following sentí que un temor se apoderaba de mí y me congelaba la sangre. ¿Qué pasaría si no me quedaban cosas para escribir? Cada semana siento que el aburrimiento puede estar cerca, y no me gustaría dejar este proyecto antes del "gran" final.

Minutos después, la serie me había demostrado que el miedo era infundado, mientras como espectador me sumergía en algunos de los momentos más ridículos de las aventuras de Ryan Hardy. Y eso no es decir mucho, es decir MUCHÍSIMO.

Todo comenzó con el despiadado Joe Carroll y su pandilla, llegando al domicilio de un ex seguidor, quien en los últimos meses dio un giro positivo a su vida y se fue a vivir con un tal Micah, líder de una secta propiamente dicha, con todo y guardias armados con metralletas. Cuando uno es perseguido por el FBI no puede andarse con pretensiones.

Este Micah (¡nana nana nana nana Micah!) tiene a todos sus simpatizantes vistiendo un rígido código de color, mientras por los parlantes suenan consignas que avergonzarían a cualquiera con dos dedos de frente. Básicamente, Joe terminó en medio de un acto político.

Dejemos a los tres bandidos vestiditos de blanco y con unas ridículas caretas de plástico, porque la otra trama del día tiene a Tobías Beecher, el protagonista de Oz, transformado en un asesino que secuestra mujeres con ayuda de su infumable hijo. La víctima será la sobrina de Ryan, como habría adivinado cualquier que en los avances vio que le decía "no sabría qué hacer si algo te pasara", o algo parecido.

Como siempre, cada vez que la serie tiene un momento semi potable, merece ser destacado. Esta semana estuvo dividido entre la escena de Ryan y el hermano Macana herido, con el objetivo de averiguar el paradero del asesino, y la escena de Ryan y el infumable niño, con el objetivo de averiguar el paradero del asesino.

The Following mejoraría si se tratara de una sucesión de escenas entre Ryan Hardy y personas que conocen el paradero de algún asesino.

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Volvamos al Carnaval de la Pedrera, perdón, el campamento de Micah. Joe es sometido a un detector de mentiras, para saber si este sociópata acostumbrado a capitanear es capaz de bancarse la túnica blanca y la mascarita sin matar a nadie. Por suerte no utilizaron el detector de truchadas, o una hectárea entera hubiera volado por los aires.

El episodio tiene dos finales, uno más bochornoso que el otro. En el menos, Ryan recibe la segunda videollamada del día de Lily en plena reunión del FBI y alguien dice "ponelo en la pantalla grande". Por suerte Lily no le mandó un video sexual, sino la muerte del padre de Mike. Ojo, Mike hubiera preferido lo primero.

Del otro lado, en el campamento, tenemos una escena al mejor estilo de Indiana Jones y el Templo de la Perdición, con Micah, que tiene cara de boludo importante (y me dijeron que era buenudo en la serie Medium) vestido con capucha y realizando rituales satánicos.

La "esposa" de Micah elige a Emma para el sacrificio, lo que hizo que me levantara del asiento y tuviera problemas domésticos en casa, pero volvamos a la trama. Emma es colocada en un altar giratorio, le cortan las muñecas y Micah se toma la sangre, mientras un montón de tipos con caretas festejan como si su equipo hubiera hecho un touchdown.

¡The Following, viejo y peludo nomá!

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