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The Imitation Game

Por el Cine/TV

The Imitation GameBenedict Cumberbatch se pone en la piel de un matemático que intentaba descubrir un gran secreto mientras buscaba que el suyo no saliera a la luz. Esa frase resume una película entretenida pero también cómoda y predecible, que no son características excluyentes.

The Imitation Game

The Imitation GameA Hollywood le encantan este tipo de películas. Al público también, por supuesto, pero hay algo en historias como las de The Imitation Game (El Código Enigma) que atrae a los miembros de la Academia, que dieron doce nominaciones al Óscar a The King's Speech (El Discurso del Rey) y ocho a la película que hoy nos convoca.

Este es otro de esos filmes que transitan por cierta comodidad, en el buen sentido de la palabra, tocando fibras del espectador (y de los miembros de la Academia) de forma clara y efectiva. Y terriblemente predecible.

No significa que no tenga un rol que cumplir en el mundo, aunque no vaya a cambiar la historia del cine. La historia de Alan Turing merece ser conocida, por su papel en el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, de la computación moderna y por la pobre vida que debió sufrir porque hace 60 años eran muchos más que ahora los que consideraban a la homosexualidad como una aberración.

Esos dos serán los pulsos de la película, el primero evidente desde su título en español y el otro, más sutil, como su título en inglés. Hay dos historias que se van cruzando y por más que una parezca más importante, debido a la cantidad enorme de vidas humanas que se salvaron de la muerte, la otra debería hacernos reflexionar.

Se trata de una reflexión cómoda, pero necesaria, desde el momento en que todavía quedan aquellos que consideran la homosexualidad una aberración. Ojalá hubiera un tratamiento para dejar de imponer las conductas de uno sobre los que no son uno.

Volviendo a la máquina, no deja de ser el gancho que acompaña la narración, el objetivo que debe cumplir el protagonista de la película basada en hechos reales, el discurso que el rey debe dar sin tartamudear, la pelea que el boxeador venido a menos debe ganar, etcétera, etcétera.

The Imitation Game

Uno sabe que existirá ese momento en el que querrán cortar la carrera del héroe hacia la victoria, que la bomba será desactivada cuando queden menos de diez segundos, para que ese momento descomprima la tensión del espectador y reciba una bocanada de buenas sensaciones.

De eso hay bastante en la película y cabe señalar que no se abusa de la música para hacer más evidente el golpe. No hay un Christof (el de The Truman Show) ni un director de ShowMatch abusando del pianito.

La película se presenta como un "vehículo", como dicen los yanquis, para la actuación de Benedict Cumberbatch, en el papel del matemático antisocial que aleja a aquellos que tiene más cerca por la incapacidad para entenderse. Su actuación es correcta, pero si por casualidad alguien me preguntara a mí, creo que es más efectivo y más memorable su personaje de Sherlock Holmes que su Turing. Quizás haber visto Sherlock hace que Turing suene a Holmes light.

Keira Knightley funciona en el papel femenino, que pasa por todos los anticlichés conocidos. El resto del elenco no desentona, con varias caras conocidas que saben lo que están haciendo, aunque tampoco es que tengan enfrente a un gran desafío.

Por supuesto que habrá innumerables diferencias con la realidad y creo que sería tonto esperar fidelidad a los hechos. Es como si a Argo (otro ejemplo de comodidad entretenida) le sacaran la huida en el anca de un piojo. Para eso vamos al cine, para contener la respiración hasta que el avión despega y ahí sí, volver a sumergirnos en el pop.

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