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Thor: Ragnarok

Por el Cine/TV

Thor: RagnarokLa tercera entrega de las aventuras del Dios del Trueno corrige algunos errores de los últimos tiempos de Marvel Studios y la emboca en cuanto a la aventura y especialmente el humor, aunque no quede mucho tiempo para el desarrollo de los personajes.

Thor: Ragnarok

Marvel Studios es una máquina de hacer dinero. Cada una de sus películas, más o menos encadenadas a una gran narrativa que prometía (primero) la formación de los Vengadores y (luego) la llegada de Thanos, fueron bien recibidas tanto por los que compran las entradas como por los que recomiendan por qué películas vale la pena comprarlas.

Nadie puede culparlos, entonces, por haber dejado de tomar riesgos. Aquellas apuestas a actores conflictuados (Robert Downey Jr. no era el ídolo de multitudes de la actualidad), guiones que se reescribían sobre la marcha y pedos cósmicos más grandes que el culo cósmico fueron dejando paso a una suerte de "fábrica de churros", si es que por churros consideramos "éxitos".

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Mientras la Distinguida Competencia se hundía con el barco de Zack Snyder y su personalísima visión de las mitologías superheroicas, Marvel estrenaba historias que se parecían entre ellas y que en ocasiones no lograban justificar su propia existencia (Thor: The Dark World, Ant-Man, Doctor Strange). Excepto como generadoras de divisas, por supuesto.

Este año pareció darse vuelta la pisada con la llegada de Spider-Man: Homecoming. Por fin un superhéroe del Universo Cinematográfico de Marvel no tenía ese miedo patológico a ser demasiado "comiquero". Con todo lo que se critica la oscuridad y seriedad de las películas de DC, al menos sus protagonistas dejan el cinismo de lado y disfrutan saltar por las azoteas o sobrevolar las ciudades.

El regreso a la frescura de la Casa de las Ideas se concreta con Thor: Ragnarok, que vuelve a alejarse de la fotocopia del humor de Joss Whedon y de las historias de manual, agregando un elemento que hacía muchísima falta: la presencia visible de un "autor".

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En esta ocasión, el director neozelandés Taika Waititi (Hunt for the Wilderpeople) se apropia de los personajes como si fuera un nuevo guionista de la serie, y con un guion que aprovecha el lugar en el tablero en el que quedaron colocados la última vez que los vimos, continúa el camino de entretenimiento, aventuras y chistes en el lugar correcto. Esta aventura espacial es, en el criterio muy personal de quien reseña, todo lo que Guardianes de la Galaxia y su secuela podrían haber sido.

La película arrancaba con ventajas, porque los mejores momentos de Thor (Chris Hemsworth), especialmente en su primera película y la primera de los Vengadores, se encuentran entre los puntos altos de toda esta franquicia. Era hora de que el dios nórdico volviera a reflejar las ideas de Stan Lee, Larry Lieber y Jack Kirby. Sobre todo, y no se ofendan los seguidores del viejito simpaticón, de "el Rey" Jack.

Acá acción es lo que sobra, en detrimento por momentos del desarrollo de los personajes. Tanto Thor como su hermano Loki se convierten en caricaturas de sus personalidades, pero no esas caricaturas con la cara deforme que te hacen en la feria, sino una simplificación casi al estilo de Las Aventuras de Batman. No por el nivel de calidad, sino por el buen tino a la hora de seleccionar las características con las que quedarse.

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Tanto el actor protagónico como Tom Hiddleston se divierten con un guion que toca el conflicto de hermanos (y la figura de papá Odín en el medio) sin sonar repetitivo. El Loki de Thor: Ragnarok es más "mischief" que "supervillain" y esa es otra decisión que termina sumando puntos.

Es que la aventura tiene bastantes villanos contra los que darse de puñetazos. Como se promociona desde hace tiempo, el "jefe final" no es otro que Hela, la diosa de la Muerte (Cate Blanchett). Sin embargo, no deja de ser el típico ser poderoso que les pasa el trapo al comienzo y luego de superar las diferencias logran derrotar al final.

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Por suerte, hay un antagonista que tampoco se toma las cosas en serio y que protagoniza grandes momentos. Jeff Goldblum en el papel del Grandmaster hace equilibrio entre el actor serio que tiene que pagar las cuentas y la estrella de Hollywood que llega drogada al set. Y a puro talento logra convertir al dictador de un lejano planeta repleto de chatarra en otro villano para el recuerdo, de los que hay pocos.

Hablando del planeta, Waititi y su equipo le dan todo el color y la vida que el Asgard de Marvel no tiene. Precisamente, donde los habitantes de rostro tapado o los gladiadores de Sakaar nos generan un mínimo interés, no sucede lo mismo con decenas de asgardianos intercambiables, que en las películas anteriores nunca fueron más que un marco para la intriga palaciega.

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No quiero olvidarme de Bruce Banner/Hulk (Mark Ruffalo), con quien Thor mantiene un constante duelo físico o intelectual, dependiendo de qué mitad sea la que tiene enfrente. Tessa Thompson no desentona, así como otras figuras que ustedes irán descubriendo con el correr de los minutos.

Thor: Ragnarok logra aprovechar la pertenencia a un universo más amplio al tiempo que gana una voz única, necesaria cuando los capítulos de esta epopeya se cuentan por decenas. Las actuaciones no son profundas pero sí muy efectivas, el humor está entre los mejores (junto con Spider-Man: Homecoming y la tercera de Iron Man), mientras que la atmósfera kirbiesca embellece cada escena.

Cuiden bien a Taika.

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