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Tom y Jerry: la eterna persecución

Por el Cine/TV

Tom y Jerry: la eterna persecuciónA principios del año que viene se cumplen 75 años del nacimiento del gato y el ratón más famosos de la tele. Con el reciente anuncio de la nueva serie “The Tom and Jerry Show”, a estrenarse por Cartoon Network, es que de la mano de nuestro Hank Scorpio compartimos este repaso a la extensa carrera animada.

El origen de la entrañable parejita se remonta a la edad de oro de Hollywood, cuando cada uno de los grandes estudios disponía de su propio departamento de cortos animados. Si bien para fines de los años '30 Disney y Warner Bros. ya contaban con conocidas faunas antropomorfas, Metro Goldwyn Mayer no había tenido tanta suerte. Intentaron con una adaptación de las tiras de El Capitán y sus sobrinos de Rudolph Dirks, pero después de trece cortos, la serie se canceló. Fue así que el productor Fred Quimby tuvo la idea de juntar al director William Hanna y al animador Joseph Barbera con la idea de crear una serie duradera con personajes memorables.

El ingreso al mundo de la animación por parte de William Hanna (1910-2001) fue bastante atípico, trabajando en el lavadero de autos a la vuelta del estudio. Durante el proceso de creación de cartoons tradicionales, los dibujos a fotografiar cuadro por cuadro eran trazados sobre láminas transparentes de acetato, conocidos como cels. Cada día, cientos de cels llegaban a manos de Hanna para ser lavados, dada la política de reciclaje durante la Gran Depresión (de ahí que encontrar ejemplares originales sea tan raro y valioso). Esto picó la curiosidad del joven Hanna y en poco tiempo ya estaba escalando puestos contribuyendo en la parte musical (era saxofonista) y más tarde en el departamento de entintado y colaborando con argumentos y gags. Se convirtió en director en tan solo un año dentro del estudio.

Por su parte, Joe Barbera (1911-2006) dio sus primeros pasos como humorista gráfico para numerosos periodicos y pasquines neoyorkinos. Después de pasar por los estudios Van Beuren (el del gato Felix), Famous (Betty Boop, Popeye), Terrytoons (Super Ratón y las Urracas Parlanchinas), Barbera desembocó en la Metro. Los dos artistas se conocieron en 1937 y se mantuvieron inseparables en sus proyectos hasta entrado este siglo.

Tom y Jerry: la eterna persecución
"Siempre los tratamos como seres de carne y hueso", afirmaban los creadores. "Nosotros también", parece decir Tom.

De todas las ideas craneadas por el dúo, la constante seguía siendo la de crear una serie de chase cartoons. Se sugirieron y descartaron múltiples variantes de animales persiguiéndose a los mamporros, pero siempre volviendo a la simpleza del conflicto natural entre un gato y un ratón.

Quimby en un principio rechazó la idea argumentando que ya existían demasiados cortos protagonizados por felinos y roedores. El despistado productor pensaba obviamente en Mickey y Felix, pero no tenía en cuenta el potencial que podía surgir del antagonismo de estos animales domésticos. Hanna y Barbera lo terminaron convenciendo y tuvieron su oportunidad de oro con el corto Puss Gets the Boot, estrenado en 1940. La historia es archiconocida: si el "bueno pa' ná" de Tomás rompe una sola cosa más, lo echan de una buena patada en el traste.

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Es interesante lo poco que cambia la serie después de este "episodio piloto". Si bien el gato en un principio se llama Jasper y el ratón Jinx*, las personalidades de los personajes y la morenaza mucama se mantendrían sin cambiar por más de cien cortos. A pesar de varias cartas de queja por parte de señoras amantes de los gatos, Puss Gets the Boot fue todo un éxito, obteniendo una nominación al Oscar (la primera de trece) y permitió a Hanna y Barbera concentrarse exclusivamente en su creación más famosa hasta que cerrara el estudio. "La fórmula era sencilla", contaba Hanna en una entrevista, "cuanto más duro le pegábamos al gato, más se reía la gente".

El proceso creativo

Los cortos de la edad dorada de la animación (discutiblemente entre 1935 y 1955) fueron producidos para ser proyectados en la pantalla grande. Ir al cine en aquella época era todo un evento, muy diferente a lo que hoy estamos acostumbrados. Con cada entrada, el espectador generalmente tenía derecho a disfrutar de dos largometrajes, siempre precedidos por un noticiero, un corto a cargo de un capocómico de moda, algún documental viajero, un capítulo de aventuras con El Llanero Solitario, Tarzán, Flash Gordon o Superman, y por supuesto, dibujos animados. Casi nada. Cada cadena de cines tenía un contrato de exclusividad con cada estudio. De ahí que Tom y Jerry usara libremente los temas musicales de éxitos de la Metro como, por ejemplo, Lo que el viento se llevó y El mago de Oz.

Dada la sequía de palabras de los personajes, la exquisita música de los cortos (siempre a cargo del Maestro Scott Bradley y grabada durante las horas puente de la orquesta sinfónica de la MGM) terminaba reemplazando el diálogo y enriqueciendo la narración. De hecho, de los siete Oscars que recogería la serie, la música jugaría un papel clave en dos de ellos (Cat Concerto y Johann Mouse) y nosotros hasta nos daríamos el lujo de reconocer La Cumparsita en el corto del Oso Bailarín. Ah, y ya que hablamos del cuidado aspecto sonoro, ¿esos desgarradores gritos de Tom cuando Jerry le metía la cola en la wafflera? 100% los pulmones y las cuerdas vocales de Bill Hanna.

Cada corto le insumía al equipo creativo un promedio de 6-7 semanas y cerca de 12.000 dibujos. El ambiente de trabajo era sumamente relajado, sin entrometimiento de superiores, y gran parte de los gags tuvieron su origen como chanzas de oficina. La llegada a la Metro de Tex Avery (responsable de los primeros cortos de Bugs Bunny y creador de Droopy y el Lobo) en 1942, estimularía al staff de Hanna-Barbera a acelerar aún más el timing e incrementar la violencia ya absurda de la serie.

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A fines de los '50, varios cambios anunciaron el principio del fin de la edad de oro de la animación hollywoodense. El formato Cinemascope obligaría a diseños más simples, la llegada de la televisión a los hogares competiría directamente con las salidas al cine, y el volumen de cortos acaudalado durante dos décadas ya no justificaban la existencia de un estudio de animación full-time. Y por si fuera poco, para entonces personajes como la mucama Mammy Two-Shoes eran considerados racistas y la violencia demasiado extrema. Después de la partida de Quimby, Hanna y Barbera fueron despedidos sin mucha pompa y circunstancia. El desempleo les duró poco y decidieron volcarse a la animación limitada para televisión. Fue así que hasta su muerte, H-B Productions creó una nueva tanda de personajes icónicos como el Oso Yogi, Huckleberry Hound, los Picapiedra, la Hormiga Atómica, Lindo Pulgoso, Birdman y el Trío Galaxia, Scooby-Doo, y tantísimos otros.

Los cartoons clásicos

Es notable la imaginación de los creadores y sus animadores para crear tantas variaciones sobre una premisa tan simple. A lo largo de más de cien cortos, Tom y Jerry no solo se persiguen a lo largo y ancho de un siempre cambiante hogar suburbano, sino que también tienen sus escapadas por el bowling, el pool, canchas de tenis y golf, la playa, y el lejano oeste. Curiosamente, los únicos crossovers que tuvieron no fueron con otros personajes animados, sino con estrellas de la Metro como Gene Kelly y Esther Williams, en filmes que se adelantaron casi medio siglo a las revolucionarias técnicas de ¿Quién engañó a Roger Rabbit?. Cuenta la historia que Kelly le había preguntado a Disney lo factible de tener a Mickey como pareja de baile. El Tío Walt le dijo que el efecto era posible, pero que de momento no tenía tiempo.

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El equipo creativo supo acompañar a Tom y Jerry con personajes recurrentes, como el bull-dog Spike y su hijo, el ratoncito Tuffy ("¡en garde, minino!"), el patito Quacker, los amigotes parranderos y los rivales de Tom, las gatitas que intentaba seducir sin éxito, y la infaltable mucama mulatona, quien sólo se veía de la cintura para abajo. Quizás muchos recordemos la parodia/homenaje de La vaca y el pollito, donde los padres no eran más que un par de piernas sin torso ni cabeza. Para fines de los '50, cuando personajes de este tipo eran considerados estereotípicos y ofensivos, se tuvo que recolorear a la empleada y doblarla a una voz más genérica. Más adelante sería reemplazada por una insulsa pareja yuppie y una típica adolescente adicta al teléfono como los nuevos dueños de Tom.

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Por más astuto que fuera, Jerry también contaba con sus protectores contra el acecho gatuno. Así desfilaron, para desgracia de Tom, un león, una sobreprotectora gallina, un pez espada, el primo Músculos (el ratón de bombín y camisón a rayas) y el Tío Pecos (el que le arrancaba un bigote cuando se le rompía una cuerda a la guitarra), entre otros. Ocasionalmente Jerry también ligaba con alguna pócima o loción que lo hacía súper fuerte o invisible, o bien salía favorecido en alguna instancia de identidad equivocada como el ratón blanco explosivo que se escapó del laboratorio.

La estructura de los cortos era sencilla: Tom siempre es el que provoca a Jerry y por ende es el que termina pagando los platos rotos (literalmente). Sin embargo, la relación entre los protagonistas es más compleja de lo que puede parecer a primera vista. En las escasísimas instancias en las que Jerry finalmente se deshace de Tom, éste se aburre y se da cuenta de que necesita al gato para darle significado a su vida (cualquier parecido con Batman y el Guasón es pura coincidencia). Esta dinámica también se explora en los ingeniosos cortos donde por diferentes motivos (ebriedad, amnesia, un pacto de buena conducta), el gato y el ratón terminan siendo compinches por unos minutos, hasta que todo vuelve a la normalidad. Uno de los momentos mas catárticos de toda la serie se da cuando Tom tiene la oportunidad de heredar un millón de dólares si se abstiene de perseguir y torturar a Jerry. En un acto inesperado, el minino destroza el testamento, mira a la cámara y confiesa: "habré tirado un millón de morlacos a la basura. ¡Pero soy feliz!".

Las otras versiones

Entrados los '60, la Metro cambia de parecer y resucita a Tom y Jerry sin sus creadores. En una decisión bastante bizarra, le encargan trece cortos al director checoslovaco Gene Deitch, ganador de un par de Oscars y pionero en los diseños estilizados típicos de la época. El estudio praguense de Deitch contó con tan sólo un puñado de cortos originales de Tom y Jerry para familiarizarse con el humor y el estilo, pero los resultados fueron bastante mediocres y olvidables.

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Uno de los mejores gags de la cuarta temporada de Los Simpson rinde tributo a esta efímera curiosidad:


Krusty pierde los derechos de "Tomy y Daly" y se ve obligado a exhibir "Obrero y Parásito".

La Metro aprendió de su error, y después que la Warner cerró su legendario estudio de animación, decidió contratar al influyente director Chuck Jones. Durante sus décadas de trabajo para la Warner, Jones dirigió a casi todo el elenco de los Looney Tunes, además de darle vida a personajes como Pepe Le Pew y Marvin the Martian. Jones también creó al Coyote y el Correcaminos, concebidos originalmente como una versión paródica, exagerada y posmoderna de Tom y Jerry, y la culminación de los chase cartoons. Aunque el director era más prágmatico: lo relativamente fácil de generar gags en el desierto con elaboradas trampas marca Acme, le permitía dedicarse a cartoons más complejos y personales. En 1963 Jones aceptó a regañadientes el encargo y dirigió 34 cortos más.

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Si bien no se comparan con los cortos originales de Hanna y Barbera, Jones de todas formas les imprimió su estilo e ingenio visual característicos. Reflejando las modas de la década, varios de ellos se desarrollan en el espacio o el mundo del espionaje. El estudio cerraría oficialmente sus puertas en 1967.

Las versiones subsiguientes sufrieron de un control más estricto por parte de los censores televisivos y obligaron a que Tom y Jerry se convirtieran en amigos (¡puaj!) y le bajaran unos cambios a la violencia, fácilmente imitable por los infantes del hogar. Hanna-Barbera produjo las "nuevas" aventuras de Tom y Jerry en 1975 y Filmation (el limitadísimo estudio responsable de He-Man) compró los derechos para una horripilante temporada de The Tom and Jerry Comedy Show cinco años más tarde. En 1990 y siguiendo la moda de aggiornar personajes conocidos con versiones infantilizadas (Muppet Babies, los hijos de la Pantera Rosa, los Pequeños Picapiedra, Un cachorro llamado Scooby-Doo), Hanna-Barbera produjo Tom and Jerry Kids durante tres temporadas. La animación era más cuidada y por lo menos había mas violencia exagerada de golpe y porrazo. También agregaron a Droopy, su hijo, el lobo cachondo y la Srta. Vavoom de los geniales cortos de Tex Avery.

Tom y Jerry: la eterna persecución

A poco del cincuenta aniversario de la pareja, Film Roman estrenó un desastroso largometraje donde inexplicablemente Tom y Jerry hablan y cantan a lo bobo (¡herejía!) y para colmo se convierten en prácticamente personajes secundarios para darle cabida al melodrama de una huerfanita. Si tienen 14 minutos para perder, este caballero lo resume de maravillas:

Los cortos y largos de los últimos años (Tom and Jerry Tales) son más prolijos que los ya citados. Por lo menos están a cargo de gente más capaz y entendida como Bill Kopp (cortos de Roger Rabbit, Eek! el gato, Shnookums y Meat, Toonsylvania), Spike Brandt y Tony Cervone (Duck Dodgers, The Looney Tunes Show) y hasta cuentan con alguna contribución del nonagenario Barbera. Aún así, como los viejos no hay ni habrá...

Hace poco Cartoon Network anunció The Tom and Jerry Show, quizás impulsado por el éxito de su nueva versión de los Looney Tunes, para celebrar el 75 aniversario del gato y el ratón. También se habla de una película híbrida al estilo de Los Pitufos y Alvin y las Ardillas.

En nuestro país Canal 10 ha tenido el monopolio de Tom y Jerry desde tiempos inmemoriales y es un clásico que se reflota cada tantos años (¿para cuando, SAETA?). Ya sea de lunes a viernes de tarde, los sábados de mañana, y con o sin Alejandro Camino, Tom y Jerry es de esas cosas que nunca pasan de moda, trasciende las diferencias culturales, y ha inspirado a gente tan variopinta como la tenista Monica Seles y los anormales de Jackass. La persecución es eterna y tan inútil como necesaria.


*De los cientos de nombres sugeridos, el animador Jack Carr fue el que terminó bautizando oficialmente al dúo dinámico ("fue lo que sonaba mejor"). Por su invalorable aporte ganaría un bono de U$S 50.

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